poemas vida obra d

Poema Démons Et Merveilles de Julio Cortázar



De colinas y vientos
de cosas que se denominan para entrar
como árboles o nubes en el mundo

De enigmas revelándose en las lunas
rotas contra el aljibe o las arenas
yo he dicho y esperado

Creo que nada vale contra esta caricia
abrasadora que sube por la piel
Ni el silencio, ese desatador de sueños

Vivir
oh imagen para un ojo cortado
boca arriba perpetuo



Poema De Claridad Y Esperanza de Julio César Aguilar



A mi voz susurró el tiempo
su historia de claridad
y esperanza,
y
por mi lengua de barro
yo supe
que también a la muerte se canta.

Vine a este cielo -sólo vine-
para alumbrar con la flor
de mi verso
la tristeza,
pero he de saber
que en la tierra
la alegría-alegría
igualmente
es flor luminosa.

En mi boca
florecen los himnos
que son del mundo canción
y el mundo, río en mi sangre,
es ríomundo, pero siempre sangre.



Poema Detrás De La Mirada de Julie Sopetrán



¿De quién es la mirada?
aunque yo no la veo
son ojos escondidos
que a la vez son espejos.

Se me pierde el camino
se bifurca el enredo,
el nudo es espejismo
que diseña desiertos.

Siento tus ojos-noche
rodeándome el cuerpo,
cual viento que se lleva
mi corazón muy lejos…

Si es de Dios la mirada
que me deja perdida.
¿Por qué no sabe el alma
si es con tus ojos-noche
con los que Dios me mira?



Poema Dile Que No Me Tema, Amor, Y Dile de Julia Prilutzky



Dile que no me tema, amor, y dile
que estoy a su lado como el aire,
como un cristal de niebla o como el viento
que se aquieta la tarde.
Dile que no me huya, amor, y dile
que no me vuelva a herir, que no me aparte,
que soy el brillo húmedo en sus ojos
y el latido en su sangre.
Dile que no me aleje, amor, y dile
que yo soy el umbral de su morada,
el agua de su sed
y aquel único pan para su hambre,
Dile que no se oculte, amor, y dile
que ya no tengo rostro ni señales
de haber vivido antes de quererme.
De haber vivido, antes.
Dile que no recuerde y dile
que no respire, amor, sin respirarme.



Poema Dame Tu Brazo, Amor de Julia Prilutzky



Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.

Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:

Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.



Poema Dame Tu Brazo, Amor, Y Caminemos, de Julia Prilutzky



Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.

Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:

Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.



Poema Dos Mariposas Blancas de Julia Otxoa



Aquella noche la abuela trajo dos mariposas blancas
y las colocó sobre los ojos del durmiente,
más tarde, cuando tras la cabeza de la luna
asomó frío el aullido del lobo,
los sueños de aquel hombre
que dormía bajo las mariposas,
nos ayudaron a crecer en la serenidad.



Poema Desde Cuando Mi Cidello… de Judá Leví



Desde cuando mi Cidello viene,
como un rayo de sol sale,
¡oh, qué buenas albricias!
en Guadalajara.



Poema Doute de Juana Rosa Pita



Qué deberá asentarse de mi viaje:
¿la caricia en el aire y los olores
o la inclemencia de los tiempos?
¿el esplendor oriundo del paisaje
o la humana aflicción?
¿la dicha de vibrar en lar nativo
o la fugacidad de esa vivencia?
¿la acogida de mi país en ti
o el ulterior redoble del destierro?

Antes me reconocerían
en Siena, donde acaso nunca esté,
que en la ciudad donde cumplí los veinte
y hago mía por licencia de ensueño.

Celebran mi dicción: no reconocen
mi piel, ni la orfandad que me dio voz
ni el gran rechazo en que forjé mi vida
ni lo inmenso que entiendo por amar.
¿Podré llamar tu suelo mío al fin?

Fuera de la poesía sin confines
¿puedo quedarme, aunque pierda el aire
donde doy la batalla del poema?
Dime si voy a habanecer contigo
como si fuera la Isla todavía
más que quimera, mi país real.
O sólo alcanzo a pregonar su luz,
la vapuleada gracia con que asume
los delirios culpables de sus penas.

¿Habrá concordia entre dolor y gozo?
Si algo se asienta en mí será el deseo
de no tener ya nada que decir:
de ser como sería antes del cisma.
Fatum de soledad que yo no canto:
soledad de alumbrar donde no vivo
soledad de vivir donde no asombras
soledad de arder donde no cuenta.



Poema Dote de Juana Rosa Pita



Doble el exilio nuestro: de la isla
improbable que alimenta mitos
y de la siempre verde
ciudad soñada en prójima intención
por algún mago etrusco.

Doble la soledad:
ser huérfanos de calles suficientes
con vecinos de mármol (soportales)
y carecer de techo que se preste
al apremiante impulso de una palma
inaugurándole ventana al cielo.

Doble instancia de tierra
convocando a rendición de cuerpos:
a no ser por la música
y el preciso esplendor de este destino
qué doble nuestra muerte.



« Página anterior | Página siguiente »


Políticas de Privacidad