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Poema Belleza de Juan Sánchez Peláez



Interrumpida mi plática, vuelvo a hablar contigo de la partida y el regreso.
Todo sucedió a vuelo de pájaro, belleza: a la
vez mundo compacto, cerrado y libre. Al abrir los ojos en la
llama fría, era un lorito ufano; te busqué de verdad, lamía en
la sombra tus huesos, santa perra. Aunque me ausentara de
ti, aunque me cubriera el ridículo, aunque estuvieras más
allá del resplandor que me envuelve; quizás cercana a la
bahía, en pleno mar de verano, en medio de las palmas reales.

De «Rasgos comunes» 1975



Poema Bolívar de Juan Liscano



Entre los agostadores
los que mantienen abiertos los ojos del cuchillo,
entre los crueles, los monstruos del relámpago,
entre los animales humanos de la guerra,
entre las patas, heridas, llamas, alaridos,
brotando de la sangre, despunta al fin Bolívar.

Más joven que su muerte andante y próxima
tan joven para los años que le esperan
tan lleno de furor puro, de esperanzas,
tocado por el crimen, como todos,
ebrio de un fuego por vencer la muerte
pero también capaz de detenerse
para aspirar la flor gratuita, vana,
para soñar algún sueño en que se mira
con los pies en el lodo, con la frente en la estrella.

Bolívar peleaba por su pan de Independencia
con frenéticas hambres de iluminado
caía al fondo de sus iras
ensuciaba sus alas juveniles
se arrastraba sobre esponjas de barro
lleno de costras, de escamas, de hojarasca,
sacaba su garfio, su zarpa, su hocico de hombre de guerra
tatuado tenía el cuerpo de presidiario de la muerte
de matador de canarios y españoles
de gran sembrador ensangrentado.

Rachas de pánico le cruzaron
cuando quiso contener las crecientes, el diluvio,
las tribus retemblantes de los hombres caballos..
Nadó entre corrientes fragorosas
entre torbellinos de rebaños acuáticos
alcanzó alguna orilla batida por las olas
se derrumbaban las montañas del trueno
llovía un crepúsculo, un ejército en derrota
caía ceniza funeraria de las fugas, de los éxodos,
subía el nivel del agua de la muerte.

Clarea sobre el mundo a pesar de la guerra
amanece a pesar de la derrota
un ave con alas de palmera real
vuela en la aurora a pesar del exilio.
Entonces Bolívar se levantó de su sueño
lo despertó, profundamente, a la mañana en ciernes
lo soñó, por primera vez, lúcido y despierto
atravesó su cristal sin quebrarlo
fue traspasado por el rayo de imágenes.
Visión y visionario fueron un mismo hombre
compartiendo un mismo desayuno frugal
en ese primer día insular del destierro
en esa jornada de juntar los pasos,
de pisar firme sin aplastar la nube,
de recorrer lo andado hacia el futuro.

Boves en Urica se quebró como una lanza.
Bolívar saltará la bocado sus palabras sueltas
las arrojará al voleo sobre las turbas revueltas
cabalgará los enlutados caballos solares
ganará un ejército de vástagos verdes,
de raíces viudas, de h humus, de libertos en armas.
Mudará de piel en el tórrido verano guerrero
dejará entre los helechos su casaca mantuana
su capa quebradiza y seca, su uniforme vacío
le vestirá una luz matinal de victorias.
Bajarán lentamente las aguas tenebrosas
aflorarán las cimas lucientes y chorreantes
como lentas tortugas marinas,
aún no habrá cruzado la paloma ni crecido el arco iris.
Su voluntad de fundación le irá quemando.
Sufrirá por sí mismo y por los otros
por el presente ciego y el porvenir herido
por su visión de paz y su verdad de guerra;
llorará alguna vez sobre una piedra,
creerá haber arado un mar de lágrimas pétreas
pero las fieras regresarán a su guarida
se ocultarán en su espesura de libertador
se amansarán un tiempo al influjo de su canto
empezará a verdecer el yermo, a ser de todos la esperanza
resplandecerán los territorios emergidos
y entre las ramazones de la guerra
en la extremidad de sus disparos
surgirá un firmamento de yemas delicadas.

¡Bolívar, ay, Bolívar tan mentido!
En este tiempo de prisiones
de ejércitos voraces salidos de su cauce
-revueltos espadones, creciente agostadora-
nadie labora tus campos estelares
nadie vela tu insomnio que palpita
de viento a viento como una llamarada
nadie oye crujir tu impaciencia
en las maderas nocturnas, en los bosques
nadie bebe tus palabras sangradas
en tu exilio, en tu isla y en tu asfixia
cuando pensaste con peso de huerto de agonía
de planeta de plomo tenebroso
y hablaste de una imposible mano abierta
de un pueblo sonreído
de un tiempo de estatua consagrado
de un ala de laurel constante
de un rayo de aire libre.

Acabó tu violencia amando sin remedio.
Repartiste entre todos la victoria
y un sueño de países tomados de la mano.
Quisiste armar la paz con letras, libros
quemar la guerra con su propio fuego;
quisiste hacernos hombres
¡no soldados!

¡Bolívar, ay Bolívar! ¿Quién te cumple?
¡Cuánta historia rebotando de eco en sombra!
¡Cuánto nombre arrojado a los cerdos!
¡Cuánto Bolívar invocado en vano!

*

De la guerra brotará un cielo de verdura
que se convertirá en guerra
de la que brotará un nuevo cielo verde
que agostará la guerra
hasta que reine un día el verde eterno.

Ahondando en la bruma, en el vacío, en el fuego
bajaron a la muerte los soturnos caciques
los conquistadores tiznados por hogueras auríferas
los reyes negros con los ojos en blanco
y en su sitio terreno, bajo el sol clamoroso,
quedaron los hijos repitiendo sus gestos,
los hijos que bajaron también a la muerte
ahondando en el vacío, los incendios, la niebla
y dejando en su sitio terreno, repitiendo sus gestos
a los hijos, a sus hijos mortales
que bajaron también a la muerte dejando a sus hijos
quienes siguieron cavando las minas de la muerte
mientras sus hijos cambiaban granos y monedas
alzaban torres, hollaban los caminos
y bajaban a la muerte dejando a sus hijos
bajo el sol clamoroso, repitiendo sus gestos…

Los hijos de todas las razas
de todos los metales y materias terrenas
tejen los hilos de un bordado inacabable
de una indetenible danza de cintas
ensartan un collar de rostros y de calaveras
se extienden, de hijo en hijo, los dominios de la muerte
las comarcas de grutas, cascadas y estrellas pétreas
las galerías de sales y de fuegos fríos
el imperio de los resurgimientos y de las fuentes,
hasta el día perfecto de la eternidad.



Poema Burocrático de Juan Calzadilla



El poeta está prestado a todo,
incluso a sí mismo.
Prestado en comisión de servicio
A cualquier ramo
del Mi(ni)sterio
de la existencia.



Poema Burocrático (12) de Juan Calzadilla



El camino se recorre a sí mismo.
No eres tú el que lo recorre.
Tú te recorres a ti mismo,
así transites de arriba abajo
dejando atrás linderos, cuerpos, orígenes.
No te hagas ilusiones pensando
que partes por regresas
que abres camino.
El tuyo comienza y concluye en ti mismo.
Y recorrerte es todo lo que haces.



Poema Bethel de José Miguel Ullán



Despertó Jacob de su sueño y dijo: «O
sea que Yaveh se halla en este lugar. Y
yo andaba sin saberlo.» Luego, asustado
prosiguió: «¡Qué temible es este lugar!
¡Aquí está, sin duda, la casa de Dios; aquí
está la puerta del cielo» Al alba, Jacob se
levantó, tomó la piedra de la que había
hecho su cabezal y derramó aceite sobre ella.
Y llamó a aquel lugar Bethel…

ALLANA, ORTIGA, el enemigo valle.
Murmullo solo de enlutado, ay, loro
ora que el hoyo de aleluya estalle.
Halle el caudillo su final desdoro.

A un sofle fust tot perdu:
cuando la orina de algún niño acalle
la parda pompa de este pompo coro.

DEL ARCO CORRES, pues corrupta herida
veda la risa corroyendo el ceño
si hace mudanza no letal tu brida
ayer cautiva por cautivo ensueño.

A un sofle fust tot perdu:
Cuando la airada Babilaña pida
helechos, leches, coliflor sin dueño.

EL ESQUELETO VOLADOR rabudo
robusto honor por sorda ausencia ha roto.
No pasarán. Pero el solemne embudo
a cada larva le rapiña el voto.

A un sofle fust tot perdu:
Cuando los huesos del tapir que anudo
sean lascivia para terco choto.

EXHUMA, OH TEMPLO, tu abultada espuma
al pocho día de plumaje grave,
y venza o coma la esperanza suma
carcoma, roncha y cuajarón süave.

A un sofle fust tot perdu:
Cuando el pepino prominente asuma
rajar la crisma de la misma hoy nave.

FULGORES DE BASÍLICAS mayores
cierren -y cruz y raya- el desvarío.
Ruinas de mármol, orinal de honores,
de tripas corazón y siga el lío.

A un sofle fust tot perdu:
Cuando la mano, sin decir ni pío,
tache la noche. (Coridón, no llores.)



Poema Belleza Serena de Jose Maria Peman



Única turbación y melodía
de tu belleza toda en paz lograda,
la fuga musical de tu mirada,
sobre la sabia y pura geometría

de tu cuerpo sin tacha, es una fuente
con dos chorros de luz, que habla de cosas
lejanas y de estrellas misteriosas
más allá de la Forma y del Presente.

Ciega, por eso, mi alma te desea
como una estatua, porque así, hecha idea,
nada turbe tu plástica armonía;

y así, ya sin lejanas alusiones,
como el jazmín serena al mediodía,
tu perfección serene mis pasiones.



Poema Bowery Street de José María Fonollosa



Mi placer te creó. Cuando naciste
te destiné ya un hombre. El apropiado
para que él y tú fuerais muy felices.

Modelé tu figura como un barro
precioso, tiernamente, con esmero.
Y forjé tus costumbres con cuidado
artesanal, aislándote del medio.

Vigilé cada día tu sonrisa.
Te enseñé a sonreírme dulcemente.
Y aprendiste muy bien. Te felicito.
Nos hemos merecido ambos el premio.

El premio es este goce tuyo y mío.
El placer que me das, yo lo sentía
cuando estaba, en tu madre, elaborándote.



Poema Bedford Street de José María Fonollosa



Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo
en el segundo espacio intercostal».

«¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa
y señaló, risueña, un punto: «Aquí».

Algo debía de haber en aquel viaje
que lo hizo diferente. Más intenso.

Se veían más cosas. Ascendíamos
a inéditos sonidos y colores.

No había confusión. Hasta el detalle
más ínfimo nos era comprensible.

Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado.

Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico»

Sustituí su dedo por el mío
y apoyé allí el cuchillo suavemente.

Y lo empujé de súbito. No fuera
que cambiara de idea si iba lento.



Poema Beaver Street de José María Fonollosa



Para lucirla por la calle, hermosa.
Y para convivir, la razonable
belleza que Lucrecio aconsejaba.
Pero para la cama más bien fea.

La hermosa y casi hermosa se te tienden
en el lecho y esperan muy seguras
el rápido homenaje que merecen.
Mas son algo pasivas. Y con límites.

La chica más bien fea, sin embargo,
agradece el haber sido elegida
entre otras de más bellas. Participa
con mayor entusiasmo en el amor.

La oscuridad ambiente la sitúa
en plano de igualdad ante la estética.
Y un ciego guía a un ciego, mas los dos
-los cuerpos- hallan juntos sus caminos.

Y deja hacer y accede de buen grado
a cuanto la requiera aquel momento.
Para pasarlo bien en una cama
escoged una chica más bien fea.



Poema Barranquilla La Nuit de José Manuel Caballero Bonald



Cuerpo inclemente, circundado
por un vaho de frutas, desguazándose
en la tórrida herrumbre
portuaria,
¿no eran
los labios como orquídeas
mojadas de guarapo, no tenían
los ojos mandamientos de cocuyos
y allí se enmarañaban
la excitación y la indolencia?

Mórbida efigie de esmeralda
y musgo, entrechocan sus pechos
entre la mayestática cochambre
de la noche.

Desnuda
antes que alerta y disponible,
desnuda nada más, desmemoriada
sobre un cuero de res, el vientre
húmedo de salitre y en el cuello
el amuleto pendular de un dado
cuyo rigor jamás aboliría
los tercos mestizajes del azar.

Rauda la carne y prieta
como un sesgo de iguana, surca
los fosos coloniales, deposita
en las inmediaciones del marasmo
una aromática cadencia
a maraca y sudor y marigüana,
mientras cumple el amor su ciclo
de putrefacta lozanía
en el nocturno ritual del trópico.



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