poemas vida obra b

Poema Baja En Tierno Follaje La Colina de Camilo Pessanha



Baja en tierno follaje la colina:
como un cuadro verdoso, adormecido,
que sanase mis ojos que han ardido,
y en los que el fuego del furor declina…

¡Ven, de blanco y del alma del follaje!
Que las ramas tu fina mano aparte.
¡Oh ven! Mis ojos quieren desposarte,
duplicar, virgen, tu serena imagen.

De la zarza ofuscada un asta esquiva
¡cuán delicada te besó en la yema
como una lágrima de rosa viva…

Leve la falda… El aire la menea…
¡Ven! ¡De blanco! ¡Del alma de los árboles!
Alma de genio, carne de camelia…

Versión de Amador Palacios



Poema Blanca de Ricardo Peña



BLANCA, blanca, blanca la melodía
ardiendo de sus hojas.
Nació la tierra enferma.
Nació la luna con la sal del sueño.
Llovió el asombro de mis ojos.
Con el dolor la vida se filtraba.
Enloquccida ya entre mis manos.
Sola, sola, tán sólo sola.



Poema Bebíamos El Mar de Ricardo Peña



BEBÍAMOS el mar
-licor ansiado
que el aire derramaba
por sus contornos claros
La tierra parecía un niño enamorado.

Se quemaba la luna en un bosque de olvido.

En un árbol
la naranja, ah, tan alta,
de una estrella nevada.



Poema Buenos Días, Tristeza de Josefa Parra



A veces llega la tristeza. Trae
las alas suaves de conformidades,
los ojos bajos y la piel desnuda,
y parece tan fácil entregarse,
despojarse, poner bajo sus plantas
el reino, los poderes y las armas,
el amor sobre todo, y esos últimos
retales que nos quedan de alegría.
A veces gana la tristeza; entonces,
qué lujo de matices su victoria,
qué fasto de sus grises y sus pardos
ocupándolo todo.
Buenos días,
-he de decir-, tristeza, aquí me tienes.

De «Alcoba del agua» 2002



Poema Bien Que Te Gustaría de Aníbal Núñez



Bien que te gustaría confiésalo lanzarte
de bruces al abismo devorar para siempre
esas terribles ganas que humedecen tus sueños
y en tus pechos habitan enjauladas…

Dale suelta a ese inmenso poder embalsamado
momia viviente abre las compuertas:
verás cómo florecen dos volcanes
en el lugar que el hielo
cerrara la clausura y perdiera la llave…
Encárate al ariete que reclama en tu puerta
la entrada por lo menos en cada primavera:
verás cómo te llenas de caballos salvajes
y de luz que produzcan tus turbinas de sangre…

Pero, antes, mastica la medalla
de dirección prohibida que cuelga de tu cuello.

Marzo, 1970



Poema Balada Del Anillo de Antonio Murciano



TÚ, por la primavera;
yo, amor, para el verano.

Tú, cuando los jardines;
yo, cuando los sembrados.

Yo siempre prometiendo,
tú siempre preguntando,

que si en el pueblo alegre,
que si en el campo,

que si a la orilla, orilla,
cantándonos
los álamos…

Te pondré la alianza
de oro, por mayo,
en el dedo tercero
-corazón-
de tu mano.



Poema Balada De La Adelfa de Antonio Murciano



NO me esperes
-te dije-
junto a la adelfa,
que la adelfa es amarga
y eres doncella.

(La tarde era de verde
como fruta que empieza.)

Espérame
-te dije-
allí donde no sea
turbia la luz, ni el aire,
ni el agua de la acequia.

(La tarde era naranja
como una fruta nueva.)

Pero tú me esperaste
-muchacha-
donde era
amarga la dulzura
de tu boca entreabierta.

(La tarde era amarilla
como una fruta seca.)



Poema Biografía de Sophia De Mello Breyner Andresen



Tuve amigos que morían, amigos que partían
Otros quebraban su rostro contra el tiempo.
Odié lo que era fácil
Me busqué en la luz, el mar, el viento.

Versión de Diana Bellessi



Poema Brisa Marina de Stéphan Mallarmé



Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste.
¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan
entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe,
ni los viejos jardines que los ojos reflejan,
ni la madre que, amante, da leche a su criatura,
ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su albura
retendrá al corazón que ya en el mar se hunde.
¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega
y leva al fin las anclas hacia incógnitos cielos!
Un tedio, desolado por la esperanza ciega,
confía en el supremo adiós de los pañuelos.
Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza
sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,
sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza…
Corazón, oye cómo cantan los marineros!

Versión de Andrés Holguín



Poema Bilitis de Pierre Louys



De lana viste la vecina ruda;
hay mujeres que lucen sedas, oro;
otras, con hojas cubren su decoro;
otra, las flores con primor anuda.

Yo no quiero vivir sino desnuda.
T ámame, amante, como voy. Adoro
de joyas y damascos el tesoro,
mas, no a Bilitis una gasa escuda.

Son mis labios de un rojo sin ardides;
es negro mi cabello, sin tocado,
flota libre en mi frente un solo rizo.

Una noche de amor así me hizo
mi madre. Tómame cual soy, amado:
mas, si te gusto, dímelo… no olvides.

De «Las canciones de Bilitis»

Versión de Enrique Uribe White



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