poemas vida obra b

Poema Busco Tu Piel Inconfesable de Antonio Gamoneda



tristeza de las
serpientes; distingo tus asuntos invisibles, el rastro frío del
corazón.

Hubiera visto tu cinta ensangrentada, tu llanto entre cristales
y no tu llaga amarilla,

pero mi sueño vive debajo de tus párpados.



Poema Bella Y Semejante de Paul Éluard



Un rostro al fin del día
Una cuna entre las hojas muertas del día
Un ramo de lluvia desnuda
Todo Sol oculto
Toda fuente de los espejos en el fondo del agua
Todo espejo de los espejos rotos
Un rostro en las balanzas del silencio
Un guijarro entre otros guijarros
Por las frondas de los últimos resplandores del día
Un rostro semejante a todos los rostros olvidados.

Versión de Rosamel del Valle



Poema Blues Del Cementerio de Antonio Gamoneda



Conozco un pueblo ?no lo olvidaré?
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.

Cierto año la gente empezó a irse
y en muchas casas no quedaba nadie.
El año que la gente empezó a irse
en muchas casas no quedaba nadie.
Se llevaban los hijos y las camas.
Tenían que matar los animales.

El cementerio ya no tiene puertas
y allí entran y salen las gallinas.
El cementerio ya no tiene puertas
y salen al camino las ortigas.
Parece que saliera el cementerio
a los huertos y a las calles vacías.

Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
Ay, en mi tierra sin ventura,
no olvidaré a mi pueblo.

¡Qué mala cosa es haber hecho
un cementerio demasiado grande!



Poema Buscando Tu Saliva de Antonio Gamero



En esta constelación de gritos
y en este vaivén de olas humanas y difusas,
yo busco la corriente clara de tu saliva
-ungüento iluminado de palabras y risas.
Me quito la camisa, el miedo y los zapatos
y subo por escalas de aire y nada
para asaltar y desflorar
la desnuda verdad de la esperanza.
Bombardeo la noche
con mis vacilaciones de luciérnagas
y mis manos se llegan submarinas
a sabotear el rojo resplandor de tus piernas.

Yo busco inopinadamente tu saliva
para que no se riegue inútilmente
en este gran vacío donde todo se pierde
y para humedecer la tierra
donde la yerba y la golondrina
bajo la sed se hermanan en la muerte.
Yo busco tu saliva mentolada
para pegar cabezas
desprendidas del cuerpo de los niños
y para alimentar lasa células
de la gente leprosa que anda buscando asilo.
Para abrirle los ojos a los gatos naciendo
bajo trenos de sol desgobernado
y para desapegar las estampillas
de cartas censuradas que me vienen
de los confusos y lejanos puertos.

Yo sé que todos los amantes vinieron
a besar la rosada cicatriz de tus labios
y a extraer el zumo de tus limas maduras:
al herirte la carne y al enardecer tus brazos.
Mas yo he venido sólo para buscar tu saliva;
tu saliva que sirve sólo para limpiar metales,
tu saliva que apaga el cansancio de mis miembros,
tu saliva que ahoga la cólera de las viejas,
tu saliva que lava la camisa de Dios,
tu saliva que ablanda las conciencias,
tu saliva que abre hoyos en las piedras,
tu saliva que es frágil en la hora de abrazarnos,
tu saliva que es sangre perfumada, incolora,
tu saliva que es germen de santos y profetas,
tu saliva que es sal y agua bendita
para animar la ira del demonio.

Todos los amantes vinieron a buscar tu carne;
en cambio yo agonizo buscando tu saliva
para inyectar este animal enfermo
que traigo aprisionado en mi camisa.



Poema Bajo Los Fuegos De Fugaces Colores de Antonio Gala



Bajo los fuegos de fugaces colores
que iluminan el aire de la noche,
dame tu mano.
Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
caen los frutos azules de la altura;
rasgan el negro terciopelo
las estelas de plata…
En tus ojos yo veo el frío ardor,
artificial y efímero
de los castillos que veloces surgen
y veloces se extinguen.
Dame tu mano: es todo cuanto tengo
en medio de esta falsa
riqueza, de esta dádiva
que fugazmente se otorga y se consume.
Así es todo: organizado y yerto
brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,
vuelve la oscuridad
en la que, previsto y bien envuelto, yacía.
Nada, nada…
Dame tu mano. Entre los irisados estampidos
alegres sólo para los alegres,
se esfuma el corazón, igual que una girándula
demasiado mojada para arder o dar luz.
En este tornasolado e intrincado bosque
dame tu mano para que no me pierda.



Poema Bahía de Antonio Gala



¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
costumbre de tus alas
que refrescan el aire y renuevan la luz?
Sin ti, ni el pan ni el vino,
ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
color de la mañana
tienen ningún sentido ni para nada sirven.
Allá fuera está el mar,
allá fuera, en el mundo, estás tú.
Comiendo tú sin mí:
tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.
Yo aquí, ante los manteles opacos
y la bebida amarga,
ante platos sin sabor ni colores.
Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
comer sin ti, ni para qué…
Tú te has llevado tu olor a bosque
y el gusto de la vida.
Fuera están mar y aire.
Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
que ha perdido su voz y su alegría.



Poema Bagdad de Antonio Gala



Tenía tanta necesidad de que me amaras,
que nada más llegar te declaré mi amor.
Te quité luces, puentes y autopistas,
ropas artificiales.
Y te dejé desnuda, inexistente casi,
bajo la luna y mía.
A las princesas sumerias,
cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,
les brillaban aún sus dientes jóvenes;
se quebraron sus cráneos antes que sus collares;
se fundieron sus ojos antes que sus preseas….
Bajo la luna aún brillaban sus dientes,
mientras te poseí desnuda y mía.



Poema Bajo Qué Ramas, Di, Bajo Qué Ramas de Antonio Gala



Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
de verde olvido y corazón morado
la roja danza muerde tus talones
y te estrechan amantes amarillos.

Desde qué repentina lontananza
giras, me nombras, saltas entre el aire,
mientras yo permanezco absorto en sueños
aún dormida creyéndote en mi alcoba.

Qué plateada tristeza te reviste,
si alegre hasta tu alegre voz acudo,
los pies descalzos, para entrelazarme
sal paso de tu danza apresurada.

Dónde te vas cuando te vas y lloran
las colinas, a solas con tu nombre
para siempre, hasta oír al lado mío
tu voz que me pregunta a quién aguardo.



Poema Bestiario de Antonio Fernández Lera



Desde la sombra,
y en la noche
[pero al final te acostumbras a todo]
todo es diferente. Me pregunto
si alguien me oye.
¿Me oís vosotros?
¿Estáis ahí?
[No soy mas que una voz, una sombra].
Si no me oís no soy nada.
¿Estáis ahí?
[Silencio]
Tengo que seguir hablando.
Me pagan para seguir hablando,
[Que cuanto más corras
más te duela
y que cuando pares revientes].
Esto es como trabajar en la radio para siempre
y hablar
y hablar
y hablar
y hablar
y hablar.
O como trabajar en un periódico y escribir
y escribir
y escribir
y escribir
y escribir.

Disecado y con todas las plumas:
verde, rojo y amarillo.
Protegido del polvo y del aire,
silencioso
como un pájaro muerto.



Poema Bañistas En El Río de Antonio Fernández Lera



Os miro y os veo desnudas
en el rectángulo de la humedad,
acariciando el aire vuestros cuerpos
bajo esos objetos difusos
que os protegen del sol.

Sombras verdes, agujas de hierba
que hacen cosquillas al alzar los brazos.

La escala del blanco al gris, casi azul, es infinita.
Lo vertical forma un horizonte de cuerpos.

La serpiente lo mira todo
desde la negra columna del agua.



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