Poema Barra De Panteones, 1.3 de Francisco Magaña
En Barra de Panteones los recuerdos se pegan a la piel como aguamala
y faltan muchas cosas por nombrar.
El silencio apenas puede salvar la mirada.
Y las preguntas están en la boca de los muertos.
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En Barra de Panteones los recuerdos se pegan a la piel como aguamala
y faltan muchas cosas por nombrar.
El silencio apenas puede salvar la mirada.
Y las preguntas están en la boca de los muertos.
Quien evoca la palabra en el templo de Barra de Panteones, sólo es visible a los ojos que las gaviotas despedazaron.
Cuentan que en las madrugadas de Barra de Panteones, las gaviotas picotean los ojos cansados de ver el mar.
Cuentan que entre las palmeras se escuchan voces que nunca escucharemos.
Cuentan que en las manos del enterrador hay una paloma ciega.
Bella es mi ninfa, si los lazos de oro
al apacible viento desordena;
bella, si de sus ojos enajena
el altivo desdén que siempre lloro.
Bella, si con la luz que sola adoro
la tempestad del viento y mar serena;
bella, si la dureza de mi pena
vuelve las gracias del celeste coro.
Bella si mansa, bella si terrible;
bella si cruda, bella esquiva, y bella
si vuelve grave aquella luz del cielo,
cuya beldad humana y apacible
ni se puede saber lo que es sin vella
ni vista entenderá lo que es el suelo.
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Blanco marfil, en ébano tallado;
suve voz indignamente oída;
dulce mirar -por quien tan larga herida
traigo en el corazón- mal ocupado.
Blanco pie por ajeno pie guiado,
oreja sorda a remediar mi vida,
y atenta al son de la razón perdida,
lado -no sé por qué- junto a tal lado;
raras, altas fortunas, ¿no me diera
la Fortuna cortés durar un hora
de alto bien desde vos reparte
o el sol, que cuanto mira, orna y colora
no me faltara aquí, porque no viera
un sol más claro en tan oscura parte?
92
Sentirás una noche de repente
tibio temblor que sobre ti resbala.
No es el roce de un ángel con el ala,
sino mis labios al besar tu frente.
97
¡Cómo me sorprendió la mansedumbre
de tus manos rozando mis mejillas!
Haz de esa iniciativa una costumbre,
yo seré el río, y tú las dos orillas.
100
Me acercaré a tu espalda con ternura
Reclinando en el hombro mi barbilla,
rozaré suavemente tu mejilla,
y anudarán mis brazos tu cintura.
106
Me esperabas con alma descubierta,
y el alma entera con pasión te di.
Me entreabriste tu más secreta puerta,
y mi puerta secreta yo te abrí.
Mi vida estaba estéril y desierta,
y entraste en ella cuando entré yo en ti.
Y sólo quiero al verme en tu mirada,
tenerte para siempre penetrada.
123
Déjame entrar en ti por las esquinas,
tocándote la mano con la mano,
el brazo en la cintura si caminas,
o el beso del amigo o del hermano.
Pero ábrete también a mis deseos,
con impulsos desnudos y humedades,
sin escrúpulos y sin titubeos,
con invasiones y voracidades.
149
Derrámate en la hierba innumerable,
húmeda y fresca alfombra,
déjame que te cubra con mi sombra,
que mi boca te bese, y no te hable.
El viento arrullará los arrayanes,
y su perfume te saldrá al encuentro,
mientras en ti me adentro
inundándote el alma de huracanes.
153
No he de ser en tu vida el alfarero
que pueda moldear tu roja arcilla;
debo absorber tu espíritu primero
para que en mí germine tu semilla;
mas quiero ser el único velero
que en tu mar trace estelas con su quilla.
Tú serás tú, sin modificaciones,
susurrando en mi oído tus canciones.
167
Amordaza el impulso del sollozo
y suelta la gaviota de la risa
que en el azul del mar y de la brisa
alzará la blancura de su gozo.
Mas si el dolor no duerme su gemido,
no cierres los oídos ni le ignores,
mejor será que en la tristeza llores,
porque el dolor no entiende del olvido.
177
Lejos estás de mí, pero tan dentro
te llevo que jamás podré perderte.
Y tan presente estás en mí que encuentro
imposible mirar algo sin verte.
199
Hay lágrimas en mí cuando tú lloras,
y habrá sonrisas cuando tú sonrías;
permíteme que arranque de tus días
un ramillete de olvidadas horas,
para alargar tus noches, y las mías,
retrasando la luz de las auroras.
200
Cuántas veces mi cuerpo ha percibido
la magia y el calor de tu contacto,
y cuántas en el alma he recibido
tu entrega, sin haber firmado un pacto.
Tu impulso, generoso y decidido,
fue un estado de amor, no un sólo acto;
y habrá de prolongarse en permanencia
con cada beso y cada confidencia.
206
Despierta mis estímulos de amante,
sal del letargo que ata tus sentidos;
te quiero frente a frente, cimbreante,
no espalda contra espalda, ambos dormidos.
242
Te vas, me voy, qué fría es la distancia,
qué largo es el camino que divide:
Que tu amor permanezca en vigilancia,
me sueñe cada noche, y no me olvide.
247
Me has llevado a tu sueño, amada ausente,
y en ti perdido me encontró la aurora.
No despiertes, que aún no llegó tu hora:
Suéñame, amor, interminablemente.
270
El muro de Berlín que te rodea
debe ser abatido pieza a pieza;
yo colaboraré en esa tarea,
pero el desmantelar tu fortaleza
debe empezar por rechazar la idea
de que es debilidad la gentileza.
Eres frágil?y ¿qué? Así es la rosa,
y entre las flores es la más hermosa.
278
Introduce tus dedos en mi pelo,
introduce tus labios en mi boca,
introdúcete en mí con furia loca,
aquí, de pie o rodando por el suelo.
308
Fui temeroso del amor un día,
por su dolor, quizá, y sus desengaños;
pero en el tiempo aquel no comprendía
lo que aprendí al correr de tantos años:
Miedo al amor es miedo a la alegría,
miedo a la vida en todos sus peldaños;
y quienes tienen miedo de la vida,
la consideran ya medio perdida.
313
Bajo los pliegues semitransparentes
de la bata adivino tu figura;
deslizando mi mano en la abertura
florecerán deseos inminentes
al rodear mi brazo tu cintura.
332
Dedos de fina seda tiene el viento,
e impulsos de callado atrevimiento;
rondándote la blusa le sentí.
Percibí sus caricias en tus senos,
y cuanto más le dejas, tanto menos
parece ser que queda para mí.
343
Si acaso temes o si acaso dudas,
piensa en la vida que se desperdicia;
acaricia la piel que te acaricia,
mira en silencio las miradas mudas.
Ríe con el que ríe, y al que olvida
olvídale sin más, pero a quien ama
ámale con pasión, y que esa llama
desvanezca las sombras de tu vida.
368
Alza tu falda juguetón el viento
con sus mil dedos de invisible amante
acariciando el vientre con su aliento,
y pintando de rojo tu semblante,
pero no te defiendes de su intento,
tan atrevido como estimulante.
Si el camino del viento yo siguiera,
cómo te haría mía a mi manera.
353
Muerde tus muslos al pasar el río
y lúbrico se apropia tu figura;
yo te contemplo oculto en la espesura,
y percibo un ligero escalofrío
anudándose en torno a tu cintura.
374
Tu beso ha recorrido mis sentidos,
serpiente de calor y de humedades,
vertiendo su veneno en mis oídos,
indagando en el vientre oscuridades,
ya en juegos silenciosos y prohibidos,
ya bordeando en las frivolidades;
y de la rigidez a lo flexible,
no halló lugar que fuera inaccesible.
391
Si te abrazara el aire, si la lluvia lo hiciera,
si la luz, si la nube, si la sombra, si el fuego,
no sería un abrazo tan total como fuera
mi abrazo por ti mudo, y por ti sordo y ciego.
398
Con los ojos cerrados, con los brazos abiertos,
con sonrisa elocuente sobre labios callados,
y en doble ofrecimiento los senos descubiertos,
y los ojos abiertos, y los brazos cerrados,
ven a mí con la audacia que ni duda ni niega,
vestida de ilusiones, desnuda de temor,
exhibiendo en el gesto definitiva entrega,
que te estoy esperando para hacer el amor.
413
Recogeré en otoño tus sonrisas
bajo los olmos desnudando el llanto
de las hojas, que flotan indecisas,
y al fin descansan en crujiente manto.
Sobre esta alfombra te hallaré tendida,
bajo diáfana cúpula de ramas,
sólo de tus deseos revestida,
y ofreciendo lo mismo que reclamas.
Vendrán los besos, y traerán silencio,
y nos preguntaremos quiénes somos,
dónde nos conocimos, qué buscamos,
y tal vez nos respondan nuestros ojos,
ignorantes del miedo a la palabra,
pues la verdad les grita desde el fondo.
Y al mirarnos, habrá una luz recóndita
de tibio colorido melancólico,
que abrirá perspectivas imprevistas,
y que será en sí misma testimonio
de algo que fue, que ya es insostenible,
tan quimérico como el unicornio.
Ayer los besos, aunque amortiguados,
llevaban un clamor de intenso gozo,
entretejían lágrimas y risas
en verdes primaveras y en otoños,
calendario de pétalos dormidos,
dormido el tiempo sobre nuestros rostros.
¿Qué sucedió? Tal vez una mañana,
a la orilla del río, entre los olmos,
se despertó la niebla del cansancio,
y repobló el paisaje de abandono.
Y los besos se fueron marchitando,
sin casi percibirlo, sin sollozos.
Y hoy sólo son costumbre, su arrebato
en retirada triste, sin retorno.
Es hora de partir; se fue la magia,
el temblor está en calma, el amor prófugo,
los besos silenciosos, tan dormidos
que no despertarán…, como nosotros.
No puede ser. Veíamos través de
densas capas de materia
escuchábamos voces en la noche sorda
Bebíamos la realidad que estaba
y no estaba, porque fluía en el arroyo
de la percepción
Así nos amábamos y no nos amábamos,
nos dábamos el sol y la muerte
en los labios húmedos
Entre el árbol y el verlo,
¿Dónde está el sueño?
¿Qué arco del puente más vela
Dios?…Me entristece
No saber si esa curva del puente
Es la curva del horizonte.
Entre el que vive y la vida,
¿Hacia qué lado va el río?
Árbol vestido por hojas,
Entre eso y Árbol ¿hay un hilo?
Palomas volando, el palomar
¿Está siempre a su derecha, o es real?
Dios es un gran Intervalo,
pero, ¿entre qué y qué?…
Entre lo que digo y callo,
¿Existo? ¿Quién es el que me ve?
Errar de mí…Y el palomar alto,
¿Envuelve a la paloma, o está a un lado?
*Desusado: pequeña espada de los gladiadores. N.T
(Traducción:José Antonio Llardent)
Qué día de silencio enamorado
vive en mi gesto vago y en mi frente.
Qué día de nostalgia suavemente
solloza amor al corazón cansado.
Alta, dulce, distante, se ha callado
tu nombre en mi voz fiel, pero presente
su turbia luz mi soledad lo siente
en todo lo que existe y ha soñado.
En la tarde vagando, voluptuoso
de horizontes sin fin, la lejanía
me envuelve en tu recuerdo silencioso.
Claros cabellos, cuerpo, ojos lejanos,
pálidos hombros. Oh, si en este día
tuviera yo tu mano entre mis manos.