poemas vida obra b

Poema Balada De Los Fríos de Jorge Debravo



Hay fríos tan terribles que son casi bestiales,
fríos que nos carcomen como inmensas polillas,
fríos que nos persiguen dormidos y despiertos
y nos ponen un negro temblor en las rodillas.
Hay fríos tan espesos como carnes humanas,
fríos que pueden ser partidos con navaja,
fríos que despedazan vidrios en las ventanas…
Por eso fríos, de noche, el corazón se raja.
Fríos aún más anchos y viscosos
que los fríos de los hielos y los muertos;
fríos que nos persiguen como lobos furiosos,
fríos que nos maltratan dormidos y despiertos;
fríos que vienen siempre que estamos silenciosos
imaginando a Dios con los brazos abiertos.



Poema Brandy Please de Jorge Carrol



La Soledad (mi soledad) comienza en este bar del Hotel San Juan.
Comienza por la ausencia de mis hijos y en la que se fue con otro.
La Soledad comienza en mi.
Desmantelada.
En los días de ser y no ser Superman.
En el brandy que naufragará en mi agujero interior
En la puta sonrisa de las turistas que se mueven de un lado a otro del lobby del Hotel San Juan.
La Soledad está en mi.
Soy La Soledad.



Poema Bluesology de Jorge Carrol



Al caer la tarde ella me crece.

Vuelve una y otra vez con las mismas promesas que yo inventé.

Camina al filo de una Realidad que no me conviene.

Se da a su Ausencia y se revuelca en Abandonos que me joden mucho, como el penúltimo trago que suelo naufragar al pie de la medianoche.

Ella me crece, porque quiero y porque la quiero.



Poema Blues In The Night de Jorge Carrol



Una vez más estoy solo un viernes por la noche, mientras afuera la alegría y el amor crecen al mejor postor en lugares absurdos nacidos al amparo de la necesidad.

Entonces como sin darme cuenta, miro las paredes donde su rostro navega en ausencias y me dejo estar fumando la madrugada.



Poema Biografía de Jorge Carrera Andrade



La ventana nació de un deseo de cielo
y en la muralla negra se posó como un ángel.
Es amiga del hombre
y portera del aire.

Conversa con los charcos de la tierra,
con los espejos niños de las habitaciones
y con los tejados en huelga.

Desde su altura, las ventanas
orientan a las multitudes
con sus arengas diáfanas.

La ventana maestra
difunde sus luces en la noche.
Extrae la raíz cuadrada de un meteoro,
suma columnas de constelaciones.

La ventana es la borda del barco de la tierra;
la ciñe mansamente un oleaje de nubes.
El capitán Espíritu busca la isla de Dios
y los ojos se lavan en tormentas azules.

La ventana reparte entre todos los hombres
una cuarta de luz y un cubo de aire.
Ella es, arada de nubes,
la pequeña propiedad del cielo.



Poema Boletín De Viaje de Jorge Carrera Andrade



Sobre el tejado del mundo
puso el gallo a secar su canción de colores.
La Luz era ya pesada como un fruto.

Sus tablas de la ley me entregó el campo.
De la misma madera de la cruz
estaba hecho el arado.

Era un anillo de dolor
la línea ecuatorial
en el dedo del corazón.

En la nave de veinte cornetas
embarqué mi baúl de papagayos
hacia otro extremo de la tierra.

Ardía el alfabeto de las constelaciones.
Giraban gozosos los puertos niños
en el carrusel del horizonte.

Se amotinaron los mares
y los cuatro vientos
contra mi sueño almirante.

Ancla: trébol de hierro.
Te arrojó el Capitán al continente antiguo.
Vi las torres cargadas con sus sacos de nubes
y las grúas cigüeñas
con su cesta en el pico.

Europa hacia andar con su ritmo de aceite
los arados mecánicos.
Con su pajita tornasol
la espiga chupaba el calcio.

Mas, toda la alegría del mundo
al subir por las chimeneas
se convertía en humo.

En la hoja en blanco de la harina
imprimían los molinos
la arenga proletaria de la espiga.

Las ciudades se hablaban a lo largo del aire.
Descubrí al hombre. Entonces
comprendí mi mensaje.



Poema Biografía Para Uso De Los Pájaros de Jorge Carrera Andrade



Nací en el siglo de la defunción de la rosa
cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.
Quito veía andar la última diligencia
y a su paso corrían en buen orden los árboles,
las cercas y las casas de las nuevas parroquias,
en el umbral del campo
donde las lentas vacas rumiaban el silencio
y el viento espoleaba sus ligeros caballos.

Mi madre, revestida de poniente,
guardó su juventud en una honda guitarra
y sólo algunas tardes la mostraba a sus hijos
envuelta entre la música, la luz y las palabras.
Yo amaba la hidrografía de la lluvia,
las amarillas pulgas del manzano
y los sapos que hacían sonar dos o tres veces
su gordo cascabel de palo.

Sin cesar maniobraba la gran vela del aire.
Era la cordillera un litoral del cielo.
La tempestad venía, y al batir del tambor
cargaban sus mojados regimientos;
mas, luego el sol con sus patrullas de oro
restauraba la paz agraria y transparente.
Yo veía a los hombres abrazar la cebada,
sumergirse en el cielo unos jinetes
y bajar a la costa olorosa de mangos
los vagones cargados de mugidores bueyes.

El valle estaba allá con sus haciendas
donde prendía el alba su reguero de gallos
y al oeste la tierra donde ondeaba la caña
de azúcar su pacífico banderín, y el cacao
guardaba en un estuche su fortuna secreta,
y ceñían, la piña su coraza de olor,
la banana desnuda su túnica de seda.

Todo ha pasado ya, en sucesivo oleaje,
como las vanas cifras de la espuma.
Los años van sin prisa enredando sus líquenes
y el recuerdo es apenas un nenúfar
que asoma entre dos aguas
su rostro de ahogado.
La guitarra es tan sólo ataúd de canciones
y se lamenta herid en la cabeza el gallo.
Han emigrado todos los ángeles terrestres,
hasta el ángel moreno del cacao.



Poema Besos de Jorge Boccanera



La vida no es
la cara ni el llanto de la cara
ni la mano ni el golpe de la mano en la cara
ni el viaje de la mano ni la estéril huida de la
cara

es el hilo de sangre que sale de tu boca.



Poema Blue Hotel de Jordi Doce



Al hilo de la siesta las callejas se adensan
en un silencio impenetrable; es entonces
cuando, en este verano solícito, la luz
ensaya su apariencia más palpable
y gravita tenaz sobre el asfalto,
confirma las virtudes del sosiego.
Crecen en esta hora extrañas formas
de la belleza: el fardo demudado del aire,
la quietud de metal de las ramas, la terca
grisalla de estos muros que la hierba puntea.
Miro el conjunto con desgana
desde el abrigo fiel de nuestro cuarto
y me miro igualmente a su través:
apenas una sombra en el cristal,
un súbito estremecimiento,
este molino en la cabeza
que me recuerda el tiempo transcurrido.
Tendida entre las sábanas, casi desnuda,
te desperezas vacilante,
con gestos tan fingidos que tú misma sonríes.
Tomo conciencia entonces de mi cuerpo
y me aguija esta rara semejanza
con las cosas que ahora nos rodean:
así las calles o mi cuerpo, tanto da,
la gris materia inerte
a manos de la luz o de tus manos,
lo que espera a vivir, y a vivir con violencia,
en el seguro pálpito que envuelve y enardece.



Poema Baztán de Jon Juaristi



Cazador entre los pinos,
al acecho de torcaces.
Otoñada.
Tus recuerdos son caminos
que regresan pertinaces
a la nada.

De mozo te conocí,
en este puesto secreto
vigilante,
como un ávido neblí,
por zarpar pugnando inquieto
desde el guante.

El arroyo entristecido
ha gastado con los días
sus riberas
y tus días el olvido
los ha trocado en vacías
parameras.

Cómo te burla el halcón,
cómo en el cielo de octubre
va tendiendo
redes a tu corazón,
cómo con ellas lo cubre
descendiendo.

Cazador, mal cazador,
toda herrumbre tu escopeta
temblorosa,
¿cuándo te pasó el amor
de claro con su saeta
silenciosa?



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