poemas vida obra antonio fernandez lera




Poema El Loro De Lady Macbeth de Antonio Fernández Lera



Comer,
olvidar,
matar.

Imágenes: desiertos y habitaciones.
Cachorro de hocicos enrojecidos.
Sangre hasta las orejas.
Festín de la naturaleza,
malestar en el pecho.
No tristeza: malestar físico.
Por el placer ante la sangre,
por los brindis en medio de los muertos,
por las canciones a través de los bosques:
por el fuego.
Malestar por el cansancio,
por el abuso de las palabras de siempre.
Composición exquisita de las imágenes:
vómitos,
paz,
espacio vacío,
felicidad,
felicidad,
felicidad.

Ahora te sientes el creador de la muerte:
sabes que no quedará nadie
para escuchar tu última risa
o tu último bostezo.

Dormir.
Dormir.
Dormir.



Poema Venus de Antonio Fernández Lera



Ven aquí, olvida el decorado,
siluetea mi cuerpo con tus ojos.

Voy a restregar estas flores
en tu barba de dos días.

Y aunque pienso que antes debieras afeitarte,
trataré de olvidar el daño que me harás.

Me imagino los pétalos rojos en tu boca,
mis uñas en tus nalgas,
tus dientes en mi lengua,
tus ojos tan abiertos
en el tiempo compartido

y sé
que vas a despeinarme.



Poema Presagio de Antonio Fernández Lera



Sobre la sombra del viento, sangre, sangre, sangre.
Fotografías de Macbeth y Lady Macbeth
en las ventanas del castillo.
Con la sonrisa comida por los buitres.
En sus hombros, el tiempo resbala suavemente,
sobre los excrementos de los pájaros.
El viento se arrastra como la serpiente
que vuela y ataca sin piedad
entre la piedra y el árbol (ventana y abismo).
La noche vuela como el viento
sobre figuras de piedra
que se deshacen poco a poco.



Poema Poema Kantiano: Instrucciones de Antonio Fernández Lera



Crear el habitáculo propicio
para la recepción de lo sublime.

Reservar un espacio
para la música inaudita,
paraíso del tiempo.

Contener el aliento
ante la perspectiva inalcanzable

y ser capaces
de seguir viviendo.



Poema Poema Imprevisto: 3 de Antonio Fernández Lera



Qué puedo hacer ahora
cuando la lluvia se derrama
sobre mi cuerpo congelado
con furia y estruendo
y es de noche ya para salir corriendo
hacia la calle.

No tengo llaves,
no recuerdo la dirección,
todo lo he perdido

y al alba retorna el silencio
y mi piel, en el aire caliente,
se ha secado. Poco a poco,
recuerdo los nombres de las calles
y los objetos perdidos
reaparecen.



Poema Poema Imprevisto: 2 de Antonio Fernández Lera



Una sombra en el aire se mueve
como una sombra en el aire.

No es que seamos ciegos, hoy,
es que no abrimos los ojos.



Poema Poema Imprevisto: 1 de Antonio Fernández Lera



Esta es la noche de las lagartijas,
al acecho en sus escondrijos.

Esta es la noche de las cucarachas
en el silencio del pasillo.

Su canción se arrastra por el suelo
y nos expulsa del paraíso.



Poema Pared Sin Cuadros de Antonio Fernández Lera



Cada segundo un siglo, una mirada,
nunca la misma, siempre sin un centro decisivo,
sin palabras mayúsculas, que son como humaredas
de sangre y de dolor, látigo, muerte.



Poema Olimpia de Antonio Fernández Lera



Siento tu aroma, íntegramente,
desde los pies a la cabeza,
y sé que cuando llegue hasta tu cuello
desharé tu lazo con los dientes
y morderé tu oreja
y arrancaré la flor que llevas puesta
y extenderé tu pelo sobre la almohada,
respiraré otra vez toda tu piel desnuda,
me detendré en tus pechos
y pasearé despacio por tu cuerpo,
que será el escenario de mi sueño.

(Vista de cerca, tu piel es una niebla
que me envuelve).



Poema Neurosis de Antonio Fernández Lera



Máquina de muerte,
máquina de muerte:
Sonríe.
Sólo puedo ver mis ojos,
reflejados en el cristal de la máquina,
segundos antes del chispazo que me ciega.

Quiero gritar
por el puro placer de gritar
?¿y por qué no?
Pero no voy a darles el placer de gritar
?a los otros, o a vosotros,
que atentamente, como lechuzas,
y agazapados como lagartijas pacientes y al acecho
esperáis mis gritos
o más bien algo parecido a mis gritos:
un cierto nerviosismo, crispación apenas perceptible,
movimiento de la mano ?ya sabes, cualquier cosa
que por pequeña que fuera sabrían descifrar.
Pero no les voy a dar ese placer.
Yo sé gritar en silencio,
comer en silencio,
sufrir en silencio,
vomitar en silencio,
menospreciar en silencio,
fornicar en silencio,
sonreír y acariciar en silencio.
Mi silencio no tiene precio:
nunca sabrán si es el silencio
de la muerte o el silencio
del amor (yo tampoco).



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