Poema A México de José Herrera Petere



¡Oh claridad que veía,
oh dulzura que acababa
en México!

Hay sentimientos
que cortan las esperanzas.
Te vi como roca queda
?¡las claridades pasadas!?
a ti, amiga, amiga, amiga
?¡Las claridades que amaba!?

En México, en las alturas
se perdieron las mañanas.
En México, en los jardines
se perdieron las palabras.
¡Oh alturas de plata fría,
oh amiga de plata amarga!

¡Oh luces las que veía!
¡Jardines, albores, nada!

Þ

Lo que se ve con los ojos
y se pierde es una idea
que a veces ha de tenernos
aherrojados de cadenas.
A veces ha de ser agua
en una mansa arboleda
de sueños.

A veces ha de ser monte
de más allá de la niebla.
A veces ha de ser nube
lo que se ve con los ojos
y se pierde: nube, idea.

Þ

Quísete como te quise
por las negras chimeneas,
quísete como te quise
por las terrazas sin puertas:
sobre una negra ventana
había una palma negra,
una bandera de luto
que cerró todas las puertas,
una bandera de sangre
que quemó las chimeneas,
una bandera de viento
que trajo el sol de la guerra.
Quísete como te quise,
México amigo, sin puertas.

Þ

Cumbres que tuvieran alas,
nieblas que tuvieran pies;
entre cumbre y niebla mía,
fantasma o máquina: ser.

¡Oh colores de la especie,
niño dorado, mujer!
Entre mujer y cabeza,
cumbre que tuviera pies.

Entre las alas de niebla,
llama que tuviera sed.

Sobre la sed, la distancia,
sobre la distancia, hiel.
Cumbres de niebla y de tiempo,
¡México ya no se ve!



Poema Como Una Hogaza Recién Horneada de Juan Daniel Perrotta



Ella parece una hogaza recién horneada
de tan sabrosa que se ve
de tanta vida que la inunda
Una mujer que espera un hijo es eso
¿qué si no?
Una hogaza de pan recién horneada
Debería cantar y reír
cerrar sus oídos a las tinieblas
las falsas profecías
y buscar a dios en donde está
en el milagro redondo de su vientre.



Poema El Barón De Escandinavia de Vicente Molina Foix



Sí, puedo perfectamente recordar que sucedía en la noche
por el ruido preciso y espectacular -que aún estalla en mi rostro-
de los espolones de la guardia de corps, difícilmente sujeta
a sus señores en unos tiempos, aquellos de los que os hablo,
sembrados del desorden y la más indisciplinada nocturna
diversión desconsiderada. Nos sentamos, mi protector y yo,
en el banco frontal a la iglesia Nazarena, y allí escuché, arrobado,
el maligno relato. Él había conocido bien al Barón, y de aquel trato
su conocimiento tan pormenorizado del color rojizo que tenía
en el pelo y el amor antinatural que aún le profesaba.

Hubo un rasgo en la historia, con todo, que me asombró: el lobo
calzaba medias en lugar de mirliflores, como suele ser habitual,
y la princesa, no siendo una belleza deslumbrante, se negaba
una y otra vez a hacerse pasar por coqueluche y por amante de la Bestia,
ignorando la tonta que estas uniones un poco fuera de lo normal
siempre reportan después grandes beneficios, y renombre.



Poema Casi Podría Decirte de Carmen Matute



Casi podría decirte
devorada por la angustia
me asomo
a la vieja cueva prohibida
donde habitan
-libres y crueles-
mis monstruos, mis fantasmas,
los antiguos dioses
que me reservan un castigo inevitable.

Apenas un momento
los observo
y sus voces dispersas
se unen
llamándome con su canto de sirenas.

Entre lágrimas
cumplo con el rito silencioso
-madre-
y vuelvo de nuevo
a cerrar esa puerta.



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