Poema La Anunciación de Myriam Moscona
La miro desde el agua: viene a ofrecerse en la fornicación del nombre. Dibujo su sombra, le hablo a lo negro del oído. Oh, amarga. No te toco. Acaso el ojo sólo deba verte y regresar.
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La miro desde el agua: viene a ofrecerse en la fornicación del nombre. Dibujo su sombra, le hablo a lo negro del oído. Oh, amarga. No te toco. Acaso el ojo sólo deba verte y regresar.
Antes de ser nombrados,
antes aún que el animal
perdiera su extensión sobre nosotros,
caías sobre mí.
a Guadalupe Alonso
Fui por unos días la mujer más bella de mi ciudad. Llevaba un vestido con doble aura. Abajo, todo se flechaba en un tiempo preciso.
En el camellón de Insurgentes fui el tigre de Blake, en San Ángel hablé con los nimbados pájaros de Dios, en la Plaza del Carmen encontré a mi madre fumando un cigarrillo. Supe sostener mi fragilidad.
Ser perfecta era como mirar un huevo.
Por unos días fui la acuciosa evangelista de Santo Domingo, recé en la sinagoga, caminé por los portales, entré en la catedral con un aire divino.
Afuera toque la piedra de la diosa y no me respondió con su silencio: hablamos hasta el alba y al besarla volvió a dormirse porque la tibieza de mi fruto era como un sueño de bienaventuranza.
Encontré a Álvaro en la cantina, a Héctor recargado en el Monte de Piedad, a Norman dormido en la Alameda. Mi padre me vio pasar. Su corazón flotante, blanco, parecía una rara pieza de granito.
También hablé con dos perras de la calle. Una amamantaba a sus crías y derramó su leche en el cuenco de mi mano. Como una tortuga mojada, esplendía la ciudad. Más adentro la noche y en su núcleo la rotación que pude tocar con estas yemas.
Después de un tiempo el huevo se hizo agua y un rizo de sangre cosió mis lagrimales.
 Ea, Abu Bakr, saluda mis lares en Silves y pregúntales si, como
pienso, aún se acuerdan de mí.
 Saluda al Palacio de las Barandas, de parte de un doncel que
siente perpetua nostalgia de aquel alcázar.
 Allí moraban guerreros como leones y blancas gacelas, y
¡en qué bellas selvas y en qué bellos cubiles!
¡Cuántas noches pasé divirtiéndome a su sombra con mujeres
de caderas opulentas y talle extenuado:
 blancas y morenas que hacían en mi alma el efecto de las
espadas refulgentes y las lanzas oscuras!
¡Cuántas noches pasé deliciosamente junto a un recodo del río
con una doncella cuya pulsera emulaba la curva de la corriente!
 Se pasaba el tiempo escanciándome el vino de su mirada, y
otras veces, el de su vaso, y otras, el de su boca.
 Las cuerdas de su laúd heridas por el plectro me estremecían,
como si oyese la melodía de las espadas en los tendones del cuello enemigo.
 Al quitarse el manto, descubría su talle, floreciente rama de
sauce, como se abre el capullo para mostrar la flor.
¿Qué haré o que será de mí?
¡Amigo mío
no te apartes de mí!
¡Cómo me entristece la paloma del valle
que se balancea sobre una rama trémula y tierna!
Juega porque nunca sufrió la altanería de Zaynad,
ni la aparición constante de su imagen en sueños.
No esperes vivir, si Zaynad te ha roto el corazón,
porque no se puede vivir sin corazón.
Mi corazón se me va de mí.
¡Oh, Dios! ¿Acaso se me tornará?
¡Tan fuerte mi dolor por el amado!
Enfermo está, ¿Cuando sanará?
Como lobos en una estación seca
Germinamos por todas partes
Amando la lluvia,
Adorando el otoño.
Un día incluso pensamos en mandar
Una carta de agradecimiento al cielo
Y en lugar de un sello
Pegarle
Una hoja de otoño.
Creíamos que las montañas se desvanecerían,
Los mares se desvanecerían,
Las civilizaciones se desvanecerían
Pero permanecería el amor.
De pronto nos separamos:
A ella le gustan los grandes sofás
Y a mí me gustan los grandes barcos,
A ella le gusta susurrar y suspirar en los cafés
Y a mí me gusta saltar y gritar en las calles.
A pesar de todo
Mis brazos se abren al universo
Esperándola.
Segura
en esta noche sabia y entera
en que me basto a mí misma
liberta ya
de miedos y afectos
permeable
como nunca
a este tiempo incauto
que llega
Detrás de mi dócil palabra
de mi sonrisa de mi erudición
y de mis juegos
la soledad
esa a la que
tu acostumbrado desgano
ha convertido
en una actriz
maquillada de total felicidad
contra la luz
de la propia conciencia