Poema El Caballo Alado (sobre Una Idea De Spinoza, Ética, Xlix) de Luis Rogelio Nogueras



1. Supongamos que un poeta
escribe sobre un niño
que sueña con un caballo alado.
2. Supongamos que el poeta
no percibe entonces otra cosa
que la existencia del niño y su sueño.
3. Por tanto
el poeta necesariamente considerará
al niño y su sueño como presentes.
4. Es decir, que
no podrá dudar tampoco de la existencia
del caballo alado
aunque no esté seguro de ella.



Poema Defensa De La Metáfora de Luis Rogelio Nogueras



El revés de la muerte (no la vida)
el que clama por agua (no el sediento)
el sustento vital (no el alimento)
la huella del puñal (nunca la herida)
Muchacha antidesnuda (no vestida)
el pórtico del beso (no el aliento)
el que llega después (jamás el lento)
la vuelta del adiós (no la partida)
La ausencia del recuerdo (no el olvido)
lo que puede ocurrir (jamás la suerte)
la sombra del silencio (nunca el ruido)
Donde acaba el más débil (no el más fuerte)
el que sueña que sueña (no el dormido)
el revés de la vida (no la muerte)



Poema Ama Al Cisne Salvaje de Luis Rogelio Nogueras



No intentes posar tus manos sobre su inocente
cuello (hasta la más suave caricia le parecería el
brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).
No remuevas el agua de la laguna no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su salvaje lejanía
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.



Poema León Felipe En Sus 75 Años de Luis Rius Azcoita



Vedlo otra vez aquí.
De su vieja piel brotan
absurdamente flores
en salvaje melena enmarañadas:
recientes, frescas, olorosas flores
(así Elvira Gascón lo ha dibujado).
Y de la cueva honda de su boca
a veces una voz terrible sale
clamando; voz oscura
que, inesperadamente traicionada,
al aire se transforma
en un tierno, armonioso,
inexplicable canto.

El león viejo, siempre
caminando sin tregua, solo, acecha
en torno a sí, de día;
de noche, cara al cielo.
Errante majestad, centro moviente,
inestable, de un mundo
cambiante como él, sin equilibrio.

Quisiera descansar un poco; tienen
sus fauces la nostalgia
de un enorme bostezo. Pero siente
que una larga mirada lo vigila.
Por eso se revuelve,
se irrita, increpa, llora,
suplica.
Ruge amenazador a las estrellas
clavadas en la rueda de la noche,
buscando al ojo inmóvil entre ellas
?única estrella fija?
sin esperanza de encontrarlo nunca
en ese sinfín de astros sin sentido.

Él sabe que está ahí. Aguda siente
su mirada punzándole la piel,
mojándole de helada claridad
la florida melena embravecida.
Y escudriña la noche
y cuenta estrellas (antes,
piedras había contado)
e impotente blasfema
por fin para incitar
a Dios a revelarse.

Él no sabe si le lanzaría entonces
un zarpazo rabioso
para dejarlo ciego,
o si bajo la lluvia
de su luz se echaría
adorándola humilde
a cobijar su sueño ya logrado.

Ya ha caminado mucho el león viejo.
Le ha dado varias vueltas
al mundo, por eriales,
por selvas, por la guerra, por la paz,
por las noches y por días,
sin descubrirlo; orando, sin hacerse
oír de Él, sin conmoverlo nunca.

Y ahora vedlo otra vez
pasar junto a nosotros;
nosotros, que sentimos
cómo su voz que clama
en la noche, terrible,
en nuestro pecho queda absurdamente

resonando tan dulce
como la voz de un pájaro o de un niño.



Poema Federico García Lorca de Luis Rius Azcoita



A lo oscuro corrías
de los bosques, huyendo.
Se llevaba tu sombra la mañana
herida por el fuego,
y a tu voz la arrojaban
en un pozo profundamente negro.

¿Dónde podías ir tú sin voz ni sombra?
¿Dónde esconder la muerte de tu cuerpo?
a lo oscuro corrías
de los bosques, huyendo.

Era río tu voz de velas blancas,
rojos peces y azules marineros;
su verde transparencia
no correrá ya al mar. Un limo espeso
la ahoga y aguas muertas
cubren su silencioso yacimiento.

Descansa, pues, ahora
que duermes ya el descarnado sueño
y no te duele el corazón. Descansa
del terror de las balas en tu cuerpo.

Con tus ojos, ya estrellas
abiertas en el cielo
de tu paz, nos verás
regresar al lugar donde estás muerto,
y en el foso en que ahogaron tu voz arrojar flores
hasta cubrir el limo negro
de luces y de aromas,
y hacer de tu morada un claro huerto
donde lleguen abejas
a buscar miel, y mágicos insectos
vuelen enamorados
llenando de rumores tu silencio,
eternamente.



Poema Canción De Amor Y Sombra de Luis Rius Azcoita



Quiero sembrarme en ti. No me conformo
con tu piel, ni con tu risa, con tu aliento.
No me bastan tus ojos y tus labios.
Tu sangre quiero.
Tenderte junto a mí,
desmadejar tu pelo
sobre el césped, sentirlo embravecido
como el torrente negro.
Deslizar mi silencio por tu lengua.
Beber de ti en tus pechos.
Surcarte libre, único, infinito,
como el barco en el mar y el pájaro en el cielo.
Enamorar tu entraña con mi entraña.
Herir de paz tu cuerpo.

Yo callo triste, tú besas mis manos,
mientras gime de amor mi pensamiento.



Poema Vigilia de Luis Raúl Calvo



Juliana espía

desde la cornisa

con sus ojos de rastrillo

y la sopa de invierno.

El latido de una hija

nos contiene en el andamio.



Poema Transmutación de Luis Raúl Calvo



No aquietaremos la pasión en las aguas frutales

ni en los versos triangulares de César Vallejo.

Nos han arrastrado a un extremo vulnerable, a la

/ sospecha.

El cebo destroza las vísceras del poema

pero el centro teje y teje la cordura

aunque las locas del diluvio se aseen en verano.



Poema Suele Suceder… de Luis Raúl Calvo



I

Suele suceder que el tiempo

transforme los recuerdos

en otros recuerdos

las miradas en otras miradas

las sospechas en otras sospechas.

Cada familia celebra sus ritos

cotidianos, crea de la nada

sus propios fantasmas, inventa

por las noches monstruos clandestinos.

De esa lúgubre orfandad, venimos

a este mundo, para iniciar

un extraño pacto con la vida.

III

Nunca sabremos con total certeza

cual fue el ojo de la mirada

que cautivó nuestros sentidos.

Tampoco será fácil reconocer

el ojo que condenó a perpetuidad

estos rutinarios actos.

Lo que sí corroe con furia

los bajos fondos del alma

es esta libertad a medias

a que nos condujo ciegamente

ese ojo, esa mirada.

IV

Pensemos un poco en nuestra infancia.

(Pensar es una forma de retornar

a lo sagrado.)

El viejo sabio decía: ?Imagina que

del otro lado del portón hay otras

verdades. También, claro, otras mentiras.?

Uno regresaba pálidamente a su casa

y miraba una y otra vez ambos lados

del portón.

Ahí comprendíamos para siempre

que en realidad no hay peor estado

para el hombre, que la sospecha

que encubre otras sospechas.

XII

Ese hombre que hoy duerme

en medio de la calle

alguna vez supo disfrutar

de los placeres terrenales.

Amó a dóciles mujeres

bebió finos licores

dilapidó lo propio

y lo ajeno, como queriendo

negar aquello de que

nada es eterno en la vida.

En otros tiempos

al ver a otros hombres

durmiendo como él duerme ahora

solía repetir en voz alta:

?Algo habrán hecho

para merecer esto.?

XIII

Esa dulce muchacha que reía

y le hablaba a los pájaros

(?La vida es bella??)

callaba cuando ellos

dejaban de cantar.

Una mañana los vio morir

al costado de un árbol caído.

Nunca mas se supo de ella

pero corría el rumor

en el barrio

que en un loquero de Barracas

ella inventaba pájaros

para seguir ejerciendo

su antigua manía.

También se comentaba

que les susurraba

una y otra vez:

?No hay nada más amargo

que el sabor de la derrota?.



Poema Señales De Alarma de Luis Raúl Calvo



Hay una historia personal en el fondo del vacío

los rasgos de la infancia son la ausencia

de toda presencia.

Hay una suma de datos registrados como meros

prontuarios, una acumulación de hechos

que trascienden la humedad de las formas

el peso del color, o la longitud del párpado.

En ese territorio aborigen desnudamos la huella

del recuerdo y la convertimos en señal de

alarma

para futuras deserciones.

Pero ¿Quién abandona a quién cuando dos

cuerpos

se separan y se instaura el olvido?

¿Quién derriba la capa de oxígeno y transforma

la identidad de un rostro en desoladas

convenciones?

Acaso presentimos que un beso es más que

un beso

cuando el hielo nos tapa en las luctuosas

noches

de misa y arrastramos los restos de memoria

el imaginario creado para aceptar

que el nombre puesto es una tácita derrota

que debemos velar, como se vela a un muerto

en los ascensores de luto.



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