Poema Reflexiones de Laura Cárdenas



No, yo no puedo echarle la culpa a él.
Si cuando nos casamos hubiera entendido
que no había necesidad de tants cosas,
que no iba a pasar nada, que el suelo no se iba a resquebrajar
ni caer uuna gran tormenta cuando yo bajara y oyera mi voz.
Pero me forcé, quise ser una mujer como todas,
dulce ama de casa, lavadora de ropa automática, hacedora de sexo…
Ahora todo se rompe en mil pedazos y los cristales no están en el suelo
están en mi carne y me sangran; los cristales me sangran.
Mi único recurso es escribir, allí me encuentro a mí misma.
Las palabras son yo. Sólo escribiendo puedo verme.
Después y antes yo no sabía quien era. Ratona, marciana, lunática,
pero no un ser de este mundo, quizá el eslabón que no embona;
la pieza perdida de un rompecabezas que ya no importa.
Para concretar algo hay que perder algo,
yo estoy licuándome, deshaciéndome para encontrar eso de adentro,
eso que soy inmensamente. La contenedora, la Coatlicue,
la dueña de todo y dueña de nada, la inmersa en el aire,
la mariposa, la bruja, la esposa, la madre frustada, eso soy,
tejedora de sueños, adaptada a los sueños de todos.
Araña lunar. Envidiosa de estrellas. Eso soy.
Ahora que se rompe todo, no puedo echarle la culpa a él.
Quizá… recuerdo entonces. La casa inmensa. cuando niña. El huerto.
Laura, oía, escondida detrás de un árbol con un libro robado.
Laura, y yo no respodía.
Desde allí el mundo no existe, solo una niña sentada, sola…
Gritos
Mi rebelión
¿Por qué soy diferente?
Maldita diferencia, maldita, y tú devoradora de libros,
de pinturas, eterna visitadora de museos, de cuevas, de profundidades.
Odiadora de superficies. Maldita seas, ¿sabes? maldita seas.
Sí, te duelen las texturas lisas, tu superficie es agrietada,
poblada de monículos, llena de sombras.
Y no puedes tocar, no tocas. Aislada, no te aceptas,
no te integras, quieres el pene exacto para tu vagina, el exacto.
Y tu vagina crece, y tu vientre crece y te vuelves absurdamente esférica,
mujer esferea hueca, hueca.
La sangre te corre, te corre y te vuelves roja
como la luna tocada por un sol que se va.
Se va…
Vienes tú, mariposa preñada de ti misma, dadora de ti misma.
Dime ¿Dónde inventaste tus sueños?
Tus sueños globos rojos semejantes a la vida.
Dime también ¿Por qué te detienes, por qué te amarras?
Agarrada de pensamientos como torres. ¿Que esperas?
derriba las torres. No, las ventanas no bastan,
hay que tirar las torres, limpiar los vómitos,
ver cara a cara a sol.
Encantadora de serpientes ¿qué esperas? Tú rastreadora de luz,
incinerada de noche, lúcida estrella, títere de Dios.
¿Qué esperas?
Las torres caen.
Emerges del terremoto, del agua, del sismo;
bañada por el viento, inmensamente rota, unida, cicatrizada,
convaleciente, monolítica. MUJER.



Poema La Mejilla De Mi Amado… de La De Vélez



La mejilla de mi amado es como una rosa
por la belleza de su blancura;
Cuando está entre la gente es irritable,
pero, a solas, es amable.
¡Cuándo se hará justicia al oprimido,
cuando el injusto es el juez?



Poema Las Apariciones Rutinarias Del Sol de Kyra Galván



Todo aquí reside
en lavar el otro lado de la estufa
y recordar a la abuela rosacruz
su baraja española, su afición a Lombsag Rampa
y su arte adivinatorio
en esta casa llena de noche y sal de ajo.
Aquí estoy
para limpiar el piso los sábados por la mañana
y olvidarme del amanecer.
Nos hemos hablado de las apariciones rutinarias del sol,
cuando a las mujeres todo se nos hace añicos
porque el sol se nos hunde
y nadie nos enseña a gritar
porque somos el naufragio
de nuestro único cuerpo lleno de vida
y de ignorancia por vivirla.



Poema Contradicciones Ideológicas Al Lavar Un Plato de Kyra Galván



Entre el Yin y el Yang
¿cuántos eones?

Julio Cortázar

Contradicciones ideológicas al lavar un plato. ¿No?
Y también quisiera explicar
por qué me maquillo y por qué uso perfume.
Por qué quiero cantar la belleza del cuerpo masculino.
Quiero aclararme bien ese racismo que existe
entre los hombres y las mujeres.

Aclararme por qué cuando lavo un plato
o coso un botón
él no ha de estar haciendo lo mismo.
Me pinto el ojo
no por automatismo imbécil
sino porque es el único instante en el día
en que regreso a tiempoe ajenos y
mi mano se vuelve egipcia y
el rasgo del ojo, se me queda en la Historia.
La sombra en el párpado me embalsama eternamente
como mujer.
Es el rito ancestral del payaso:
mejillas rojas y boca de color.
Me pinto porque así me dignifico como bufón.
Estoy repitiendo/continuando un acto primitivo.
Es como pintar búfalos en la roca.
Y ya no hay cuevas ni búfalos
pero tengo un cuerpo para texturizarlos a mi gusto.
Uso perfume no porque lo anuncie
Cahterine Deneuve o lo use la Bardot
sino porque padezco la enfermedad
del siglo XX, la compulsión por la posesión.
Creer que en una botella puede reposar
toda la magia del cosmos,
que me voy a quitar de encima,
el olor de la herencia,
la gravedad de la crisis capitalista,
porque a pesar de todo/hembra.
Se dice que las mujeres débiles/que los hombres fuertes.
Sí y nuestras razas tan distintas.
Nuestros sexos tan diversamente complementarios.
Yin & Yang.
La otra parte es el misterio que nunca desnudaremos.
Nunca podré saber -y lo quisiera-
que se siente estar enfundada en un cuerpo masculino
y ellos no sabrán lo que es olerse a mujer
tener cólicos y jaquecas y
todas esas prendas que solemos usar.
Dos universos físicos en dialéctica constante
con la nostalgia de una unión duradera
donde la fusión de los dos desconocidos
llegue a la profundidad del entendimiento.
Hay una necesidad compulsiva
de dar razones para la escisión
para agudizar racismos con sonrisas
Y las amigas y los amigos
ellos comprenderán.
Ellos entienden la distancia que te separa
del amigo/amado/enemigo/desconocido.
Que la reconciliación es un esfuerzo máximo.
La unión, la sublimación
de nuestros propios misterios.
Que el lavar un plato
significa a veces afirmar
las contradicciones de clase
entre el hombre y la mujer.



Poema Por Qué Temerle de Ketty Alejandrina Lis



Por qué temerle
hay algo de retorno en su mirada
una cierta piedad
quizá ese cansancio de recoger desde el principio de los tiempos
hojas que se asoman sin pausa
y con prisa
se sueltan de las ramas.

Ella viste de luz para fingir que huye
mientras paciente observa vagar las nueve lunas.
Su cuerpo inclina.
Azabache y acero. Vestal.
Sólo su lengua seca
?esconde el látigo?
da paso a la hora precisa en que el ritual
como un destello en las marismas
se aproxima.

Pareciera que abrazara con abrazos
en ligero declive de cristal.
¿Tanto así?
Sí y sobre la frente
muestra su diadema de múltiples espejos en enigma
y una máscara.

Irónica (en verdad un poco irrespetuosa)
sonríe al estallar la epifanía de la vida
cuando el amor en su inconsciente rueda
promete esa ilusión de ser eterno
y en vuelo de alegría los pájaros del mundo
una viejísima canción de cuna
cantan.

Pero la orilla de los ríos
distinta a la del mar es áspera
infatigable
la tierra apaga con idéntica bravura
el verde de las hojas
de brillo tan igual en la simpleza de los yuyos
y en las plantas.

¿Por qué creer que es triste
que su silencio a puro grito es semejante
al número infinito de batallas
libradas en en la intimidad del corazón del hombre
que su tarea sólo estriba
en recoger las vestimentas llegadas del espacio
donde el amor el dolor las esperanzas
los proyectos
el esfuerzo de caminar paso a paso al costado de los días
se vuelven hojarasca
humo
nada?

Ella sin decir nada nos advierte
¿acaso se puede decidir?
¿no finaliza todo a cada instante?
Entonces
a celebrar que la sazón es corta.

Ella viste de luz para fingir que huye.
Ella lleva una máscara.



Poema Nureyeb de Ketty Alejandrina Lis



Resopla el mar
como caballo encabritado
girando
girando
salvajemente etéreo sobre las alas extendidas
quietas
de un águila en planeo.

Resopla el mar
en un tazón de metal
y bailas
delicadamente bailas
y saltas
majestuosamente saltas
mágico tártaro viajando a Irkutsk
todavía suspendido en el líquido nirvana del vientre de tu madre
(¿sabrá el Transiberiano de aquel niño nacido
sobre el rodar cansino de sus ruedas
entre los bosques
y los humosos pantanos del Baikal?)

Caminando de Ufa a Leningrado
fue tu porte
tu soberbio porte ahí
una bolsa de obstinación por equipaje
las puertas del Kirov de par en par abiertas.
Y es tu soberbio porte en Londres
de pie Príncipe Albrecht
Basil volando enloquecido
(tiempo en espera
cerebro y corazón en una misma línea)
añorando el aire
el inconfundible olor de San Petersburgo
las neblinas heladas sobre el Neva.

Es tu porte transparente ahora. Pareciera
pura simplicidad
esa pura maravilla extraída del acero
las puntas de los pies hacia lo opuesto
ángulos rectos
ángulos agudos
todas las técnicas
todo el virtuosismo en ese cuerpo
todo el lirismo en la sola presencia.
Ninguna perfección sublime príncipe del mundo
ninguna
te era ajena.

¿Qué dios te coronó de dones?
¿Qué dios te abandonó
giró su rostro
arrebató la luz sagrada de tus piernas abriendo las esclusas
que van hacia los cauces cavados
en el abismo de sombras de las sombras?

Tus manos hablan
tus brazos hablan
hablan tus pies
y tu cuerpo
y nos dicen
?Miren
Los vientos siempre soplan
y vienen desde el Este.
Toda la perfección de lo perfecto es posible
toda la perfección de la belleza es posible.
El río salió de cauce
y no importa si ahora vago por las deshabitadas tierras.
Ya pasó
pero nada ha pasado.
Yo
estoy aquí.



Poema Más Acá O Más Allá de Ketty Alejandrina Lis



No sirven unos huesos frágiles de sostén seguro
ni sostiene la fragancia indómita de la hoja de laurel
la brisa ausente.
¿En qué sitio del no ser
se alojarán esos mínimos segundos
en que es posible volar veloz como los pájaros
de la cornisa al suelo?
Más acá o más allá
el tordo negroacero anuncia
la armonía de decir oh Dios
en la plácida belleza de sus trinos.
Su canto varía de vez en vez acá
o más allá
a modo de lluvia discontinua
aunque oh Dios
haya sonado casi siempre igual a la palabra odio
áspera igualdad
en la desdichada intimidad del ser humano.
El camino se despide en algún momento de los sembradíos
y recién ahí se le da por descubrir
la grácil sencillez del girasol besando con fervor la tierra
devolviéndole en los giros sus semillas.
El cristal
no necesariamente es quebradizo
sí frágil aunque sostenga la fragante calidez del vino
madurado en un tonel que vive en la humedad oscura de las cavas
porque por él se ha suicidado un roble.
El odio oh Dios contamina el suelo y todo cuanto toca
no la fugaz sensualidad del vino
el odio mata por el obsesivo poder de la ilusión
o las ruinas que el no poder nos deja.
Si el motor de la historia para Kant
es la libertad del hombre
¿en qué consistirá la liberación en la historia personal
más allá
mucho más allá donde lo absoluto equivale a todo o nada
si voláramos volátiles y veloces como pájaros
hacia un espacio sin espacio
ni tiempo
dejando más acá
un cuerpito quieto y un charquito de recuerdos en el piso?
El talismán que garantiza el alma de los sueños
se encuentra navegando a la deriva
¿nada perdura todo se dispersa
o toda dispersión se dirige a lo infinito?
Un corazón abierto no obstante es su seguro muelle
un corazón que es sangre
es latido
es ruego
desamparo.
Quizá por eso un gato de Cheshire aún dormita
de este lado desquiciado del espejo
quizá por eso se sigue con obcecación buscando
el destello que proclama el punto
donde mágico aparece el arcoiris.
Ahí
nos espera el cofre repleto de monedas de belleza y oro
que al tocarlas se transforman en estrellas
nos liberan
y como si cumplieran con leyes inmutables
girando al ritmo de cierta melodía que solo ellas escuchan
van formando con cada movimiento
las coordenadas que indican el extraño sitio
en el cual es posible armar en ramillete
tal que puede armarse
con esas margaritas que libres nacen en el campo
una inmensa piedad por las cosas fugitivas.



Poema Madrugada de Ketty Alejandrina Lis



Un cierto día de marzo
nació
la opacidad de un río subterráneo.
Un globo iluminado bajó hasta la pradera
recorrió palmo a palmo los ríos y los lagos
y en el medio del monte como si fuese un dios
se acomodó el anciano.
Después de mucho andar
vertió gotas de vida en la semilla
hizo un secreto cálculo de cara al horizonte
para zarpar el viento fue propicio
y sin decir adiós se ha evaporado.
Hoy
un raro punto ígneo se reflejó en el agua
a un trazo iluminó la mansa y dulce manzanita de cristal
saltó luego hacia mí
se acomodó con gracia hacia el costado izquierdo de la mesa
y yo
absorta
miré su último destino en la vara que sahumeria.
Una figura transparente parece estar de pie
inmóvil
sobre una piedra hermosa en su pureza
ella se dibujó de golpe y si se observa bien
es una pira
aunque no se consume
no
mira en silencio
se expande en un deseo doloroso de profundo abrazo
llora en silencio
y en silencio espera.
Y he aquí mi queja
anciano que vienes caminando de un lugar
y te vas sin decir adiós quién sabe dónde
nadie al entrar por la puerta de las lágrimas nos dice
que el número de la blancura es uno
y uno también el cuenco de azabache que nos mece.
¿Quién
di quién maltrata sin piedad las ramas
quién no protege los capullos?
De este lado del estanque hubo dos
ahora hay uno
la trama con el tiempo siempre escaso
ya no saben jugar en otro espacio
que en imagen dudosa
a distancia.
Bajo la arcada
una carta aunque breve
se obstina en presenciar la ausencia
de hoy
que no es precisamente miércoles de cenizas
pero Tom tose acodado en la ventana
el muelle es un timbal que percute en las olas
no hay derecho
no hay derecho me digo
más que despierta insomne
casi a las seis de la mañana.
Algunas chimeneas están con su bocaza abierta
son incontables las ventanas de los edificios
y no sé por qué
firme y sólido aquí sigue el destello.
Di anciano
¿la persona que no duerme esta noche
como yo no duermo
será un enfermo de absolutos en un mundo sano
o un ser sano buscando lo absoluto en un mundo enfermo?
La niebla se ha expandido por la casa
diez pisos más abajo alguien silba
diez pisos más arriba alguien
el cuerpo calcinado
no sabe en cuál de los armarios se ha desintegrado el sol.



Poema Horas Nocturnas de Ketty Alejandrina Lis



Leo las noches
en el limbo de las horas todas
del árbol.
Deslizo
por el costado impreciso
de los cálices.
Lúcida nimiedad
de las palabras.



Poema El Tiempo de Ketty Alejandrina Lis



Fue en la mañana aquella que en un dejo amargo
dijo
dos días comunes faltan
dos días igualmente paralizados
para que el cielo sea por esta vez amable
pero por qué dos días si el mundo ronda
si los caminos viven y se hacen solos
si hay un sendero en claroscuro que va hacia adentro.
Dos días
y tu vacío
cerebro en sólida miniatura
es creer que sabes
solamente dos días y la voz pregunta
sin cesar pregunta
cual será el vago lazo
entre hacer y ser
si todo lo que es
es porque hace
y aquello que no hace
no es.
Del arco húmedo
la gota golpea el techo
y se desliza
por los vidrios altos justo encima
de la hoja del ficus.
Ha de haber algún misterio primigenio en mi cabeza
formando una silente danza
mirando
la gota que en la hoja existe
y moja
sabiendo
que ese tiempo durante el cual se cae
no es quien la frena ni la empuja.
Los laberintos tienen gargantas cenagosas
donde se afina fatal el universo
pero si intentara cruzar ahora las horas
pediría a quienquiera sea
que por favor las quiten
así mañana o pasado
la esperanza y yo seríamos
la misma cosa.
Uso
las algas secas de la caja de masitas como sendero
que huye
pero le grito
que si todo lo que no hace
no es
si lo que no es
no existe
entonces el tiempo no es ni existe porque no hace
soy yo quien puede estar en un haciendo
mirando o no
y lo imagino.



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