Poema Labios Del Poniente (9) de Jorge Ernesto Olivera



dicen que los caballos van dejando de existir,
les creo,
aquí no hay caballos perdidos en la noche,

dicen haber terminado con los perros vagabundos,
les creo,
aquí no escuchan ladridos en la noche,

dicen que pronto la inflación descenderá milagrosamente,
les creo,
dios instauró cajas de cambio en todas las esquinas,

dicen que el ozono se terminará en pocos años,
les creo,
la transacción de un pedazo de cielo ha sido muy beneficiosa.



Poema Labios Del Poniente (7) de Jorge Ernesto Olivera



el tiempo como luz en la noche
atrapa efímeros golpes en grandes alamedas,
inmensos parques
avenidas de oscuros significados.

mi viaje no termina al recorrer diez mil kilómetros,
mi viaje es tarea agotadora, antípoda del mundo,
mi viaje es frágil barca alojada en serena bahía,
agua de los ríos del mundo
manos del valor
ojos del palpitan donde las estrellas mueren,
memoria, corazón de distancia,

es noche,
oscuridad revelando secretos,
oscuras identidades,
extraña voz de canto nocturno,
oscuridad que desgrana palabras,

el tiempo se detiene.



Poema Labios Del Poniente (6) de Jorge Ernesto Olivera



los caminos asolean cabezas de noche,
nubes de niños,
la distancia esconde olvidos,

inigualable voz del recuerdo,
la voz que muere
en los oídos, y de los muertos,
escucho solo una voz en la mente permanente,
en la inviolable altura del cielo nocturno,
en el palpitante sombrero negro
en la mano insumisa,
en el cuerpo indócil,
en la voz primaria, pringente promedaria promerada.

mano, voz de hermano a hermano
tiempo,
igual a un dios,
dios secreto que padece en mi,
sinnúmero regula mis pasos,
enlentece la noche, hace nacer,
no me vendió nadie, el venció desengaños
duele, no mata, sabe/calla.

decir hermano es entrañar extrañar inspirar
decir hermano o madre o lo necesario
decir hermano o noche o aurora
o crepúsculo
o medianoche
o madrugada
o madre.

la voz tirita en gargantas,
ciudades desconocidas.



Poema Labios Del Poniente (5) de Jorge Ernesto Olivera



para Lucía
escribo, sentado a la siniestra del vástago,
en noche sin fronteras,
patente locura del espacio,

escribo sin tener conciencia del camino,
como un gamo,
un roedor alucinante,
como una bomba de tiempo,
escucho rock and roll,
sintonizo emisoras, recuerdo amigos,
cansada quietud/amargura, tiempo,
mirada pausada por desgano,
-allí está todo-,
mente humana
mente corporal
mente mecánica
mente sátrapa.



Poema Labios Del Poniente (2) de Jorge Ernesto Olivera



mis padres,
algún tiempo cercano a 1930,
se enamoran ya tarde,
cae la noche,
se llaman por sus nombres,

mi madre repite sueños,
la voz alta,
primaria,
los va dejando caer,

desgranando estrellas del cielo nocturno que circulan como satélites artificiales;

mi padre camina cabizbajo
ocultando diversas formas de soledad,
cincuenta y cinco años después
del cielo, la tierra, la hierba, el campo.

la mueca de los destinos cruzados
se rompe en períodos previstos,
no conocidos por el hombre

mi padre,
esperando otros abriles y los poetas de antaño,
los famosos,
los mediocres,
aquellos que nunca lo fueron,

relee novelas de Scott, Dumas, Dostoievski;
el silencio es,
una hoja de otoño que cae lentamente;

todos padecen la enfermedad del recuerdo,
como roca de Sísifo en la montaña.

los satélites artificiales surcan el cielo nocturno,
dormidos, la distancia del tiempo, del hombre y la luna,
patios secretos, casas de campo,
fogones casi apagados,
brasas mantenidas con ahínco y dedicación,

[cabo cañaveral será solo un cristal brillando
en lejana soledad].

la mano es un objeto corporal como cualquier otro
dirán los especialistas,
desconociendo el poder curativo que
descuella por sí mismo,
sé que todo eso no es cierto,
conozco secretas lides que
ha librado mi extremidad,
las he visto acariciando historias,
más atrás aún, tiempo del hombre-espacio.

los satélites artificiales son esquivas formas de representar el destino.

mi madre soñaba a Laika, heroína del espacio,
mi madre conocía misterios del cielo nocturno,
mi padre asentía en silencio,
juntos mirábamos, noche y fuego.

[un espejo roto es como el sol quebrándose en mil pedazos,
deshaciéndose en el aire,
como una hoja agrietada
cuarteaduras del tiempo].



Poema Labios Del Poniente (18) de Jorge Ernesto Olivera



y,
¿dónde?,
¿dónde se esconde el retrato de Rimbaud?
¿dónde, que no aparece
en el diccionario?
una breve reseña,
unas líneas,
nada dicen,
unos poemas
un traficante de marfil
una pierna amputada.

¿dónde esta la voz
la vida que se ahueca como un silencio
el grito que no tiene piedad,
la poesía adolescente apenas,
la vida cansada, frágil, no aparece,
no aparece la piel restante,
el dibujo,
el cansado mirar?;
¿dónde colocan el tiempo aquellos que en el futuro no lo tendrán?

ahí está la clave del francés,
ahí está el consabido silencio cargado,
ahí está el cementerio mudo que mira con ojos tristes sin hablar,
pequeño epitafio imposible
-treinta y siete años-
ríscolo respaldo resguardado rémolo temporal
no hay adiós posible.



Poema Fauna Marina (1) de Jorge Ernesto Olivera



a cuarenta y dos horas de tu distancia
mi rastro huele a maníes deshechos
alfombras de la desventura mi cuerpo
dibuja espacios en el lugar

exacto milímetro de tu ausencia
periférico sentimiento aturde sombras

la esquina,
borrosa imagen late tu cuerpo,
ganando la ausencia.



Poema En El Cielo De Baja California de Jorge Ernesto Olivera



se muere marilyn monroe
marilyn monroe se muere
mirando el cielo de baja california.

y no puedo soportar los pájaros emigrantes del invierno
largas bandadas ocultándose en el gris de la distancia,

he estado amontonando recuerdos que vienen de tarde en tarde
en este rincón del siglo,
mientras,
marilyn monroe se muere en cada verano
mirando el cielo de baja california.



Poema El Amor Y Los Relatos De La Revolución de Jorge Ernesto Olivera



el tiempo del amor se acaba como una hoja agrietada.
y las historias de batallas que pueblan de héroes la revolución
se encuentran en libros de relatos
de magia sin par,
repito:

que las historias de amor se acaban cuando menos lo piensas
igual que las batallas
las victorias
y la gloria.



Poema Solo De Sol de Jorge Eduardo Eielson



SOL

sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente

De «Tema y variaciones» Ginebra, 1950



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