Poema Y Ahora, Qué de Jaime Augusto Shelley



Antes lo creí
pero ya no.
El amor no es asunto de dos
ni de tres;
esto nos concierne a todos.

Si beso tus labios,
si nos decimos, adiós,
mi vida
,
habrá siempre
una voz arremetida, a empeñones
un grito como trueno,
un lamento, que diga
que no.

Toma tiempo, lo sé;
a distancia,
respira como un pensamiento
a solas;
Pero vendrá,
se necesita mucho
para aprender, de nuevo,
que el amor,
darse los buenos días,
decir te quiero,
no es un asunto de dos,
ni de tres,
Eso nos concierne a todos.



Poema Vigilias de Jaime Augusto Shelley



1

Quise que me conociera
como realmente soy.
Dejé atrás
todas las trampas.
En estado de alcohol
grité, imploré, ofendí;
vomité dolor y miedo
sobre su regazo.
Cuando me vio,
sombrío en la humedad,
febril por el desorden,
revolcado y puro,
casi un recién nacido,
sin duda por el tanto amor,
sin duda,
escupió sobre mi rostro,
huyó.



Poema Victoria Es Tiempo De Ladrones de Jaime Augusto Shelley



Canto 10

Victoria, sí, sentido sobre la razón,
madre de instinto, ser de mis espacios,
fin de todos los tiempos y principio
de todo lo que crece, nada y vuela,
germen del fuego y de la música,
memoria inamovible de la luz.

Cuanto hay de cierto nace de tu risa;
la esperanza son tus ojos,
mientras el futuro duerme, tibiamente acariciado,
entre tus manos.

La otra vida eres tú,
la que se construye de sueños, la real desencadenada
que viene del fondo de lo humano y a él retorna,
amorosa; raíz de la especie luchando contra la sangre inútil,
dulzura frágil del amor que se repliega
cuando la bestia anda cerca.

Habré de protegerte, amada,
ahora que es tiempo de ladrones.



Poema Tiendo La Mano de Jaime Augusto Shelley



Tiendo la mano ahora,
no la azoto, no la empuño,
no la doblo,
tiendo la mano ahora que estoy.

Si te digo que voy en calma,
miento.
Todavía abogo por las uñas y las ansias,
rojos los nudillos, todavía no miento.

Si te digo arado
cuento los surcos entre dedo y dedo.
Y hay un fruto
y habrá más frutos.
Porque la tierra es verde hasta lo inmenso
y da hongos amargos, como también
dulce olivo.

Si es que miro en su inclinarse
como crecen las bayas y los lirios
y las verdes estrías de los algodonales.
¡Cómo se descarga el aire en contralisios!

Así mi corazón, de fijo,
en contradanza, quieto,
entra al sorteo:
los rostros de noviembre,
su calor y su textura…

Tiendo la mano ahora, que estoy.



Poema Sombras de Jaime Augusto Shelley



Después de los cuerpos van las sombras
Átomos dispersos que se encajan
en los pisos las paredes
que estallan en los bordes dilatándose
vuelven y se quedan en el mediodía
Van las sombras como cuerpos
Los cuerpos como viento



Poema Réquiem de Jaime Augusto Shelley



Hundo mis vocales piernas
en la espesura álgida del año
y callo: escucho.
Y una sombra a dos,
caídas en la prisa de su sueño,
abren llagas de insatisfacción, cólera y miedo
en el leprosario ambulante de estas horas.
Un hombre o dos. Tal vez una mujer.
Tendidos en negros albañales de cuartel,
goteando muerte lenta.
Es un puñal
su silenciado pensamiento,
su adherida pátina
comida hasta los huesos por el llanto.
Los útiles del diario,
relojes, fósforos o timbres, con toda exactitud,
no recuerdan cuándo alguien muere,
cómo alguien muere.
Sólo las palabras pueden, enrojecidas
a impulsos de sus desasidos tallos,
mientras que el ramazón
a ciegas
de las balas trepida
y el ácido vapor
quema de espanto al cielo,
sólo ellas,
las palabras negras, pueden,
detenidas aunque sea por este instante,
mirar hacia atrás
tropezando, como al fin de una carrera,
con los cuerpos humillados
por el arco animal de la metralla.
Sombras, voces,
cubiertas por mil aves, caen,
mordidas por el crimen, caen,
nudillos implorantes
suben por mi cuello
y al compás tembloroso de cien ojos
crispan mi lengua.

Ruido casi humano
que mi sed no alcanza,
de rodillas en los muros devastados,
sombras, voces, cubiertas por mil aves, caen:

Es un puñal su silenciado pensamiento…



Poema Rencor Al Olvido de Jaime Augusto Shelley



Mezclado al aire tibio
y sosegado con que duermes
resuena el eco de otro aliento,
tembloroso en la distancia
mas fresco en el hurgar
de mi memoria cavilante
al filo de un amanecer
que se retrasa
al compás de manecillas tercas
que van dejando caer, sobre las cosas
que más quieres; pétalo a pétalo, un recuerdo.

Inútil dar la vuelta,
girar de cuerpo entero,
abrir y cerrar los ojos.
Estoy fuera de mí
y busco, como un ciego en claridad,
lo soñado; la luz aquella
dibujada en sombra,
ardiendo, estrujada por la voluntad
de no dejar inmóvil
el agua hecha cristal
de ese recuerdo vuelto olvido.



Poema Por Amor de Jaime Augusto Shelley



He aprendido de ti
Que no basta el gesto ni la acción
Que el amor no basta
Ni la inteligencia
O el susurro exacto
Aun más
Que la ternura
En ciertos casos sale sobrando
He aprendido
Que el cuerpo
La carne
El sexo
No tiene mucho que ver
Con hacer el amor
Y seguir vibrante
Aprendido
Que unirse
Contigo
Es volver a ordenar una lucha
Conmigo
Que ha de llegar a ti
En la punta de los poros los labios y los dedos
Al beber y al cantar
Al ver un árbol que crece y una amapola que muere
En el ciclo normal
Ese que de alguna manera por humanos hemos perdido.



Poema Patria Traicionada de Jaime Augusto Shelley



Hilo tan delgado casi siempre se rompe.

Suelo tan ligero cualquier sobresalto devora.

Costra seca que sin desear anda desnuda.

Ombligo roto y vuelto a pegar.

Agua que nunca se detuvo.

Entrañable amor que es pesadumbre:

Miedo si se está despierto.

Fiebre en primavera, cuando empiezan a caer las hojas.

Contraloquesea, a mandobles y suspiros,
entre siemprevivas y secas bocanadas,
estertor entequilado cuando sale el sol
y una densa nube cubre el cielo de relámpagos viejos.
Nunca niños tanto, con rictus de dolor,
habrían visto
pisando tierra propia, ajena.

Aire que adelgaza, se hace humo.

Sueño que regresa a su viscera.

Luz y nada. Ojo para mucha muerte.
Palpito que aflora comiendo gusanos vesperales.
Casa propia, hogar de nadie.



Poema Patria Amaneciendo de Jaime Augusto Shelley



De la semana escoge
algo
venido de lunes
con vaciedad atropellada.

Di que esa mañana
saliste a la calle buscando decir,
dejar de lado,
estallar con todos,
cargado de eso que fue y nunca acaba.

Martes lumínico,
crecido dentro,
vida de otros, ahora tuya.

Al salir,
imagina que no es martes,
ni México,
sino despertar
frente a escaparates,
descalzo, con las uñas rotas,
porque sí.

Miércoles que te toma un instante largo,
húmedo en la boca,
con luna que quiere ser clara
cuando lo demás es oscuro.

Jueves ya de amanecida
que empieza a vivir
su día de muertos
con un cuchillo.

Qué viernes nada,
qué viernes solo,
justo en el momento en que algo inicia:
multitud amanece indescriptible;
no de sí, no de nadie,
repetición frenética que alcanza paroxismo.
Silencio de luz incandesciendo,
vulva ensangrentada
que el corro no deja distinguir
porque hay baile
hoy sábado, de quién no.

Hablan a gritos necesidades con sofoco,
volantería de visceras
saltan la madeja crepuscular.

Múltiple domingo de semana acariciada
con ese sólo fin,
con ese sólo fin.

Quieren del yo
solamente y nada más,
sensación.
Quieren abandono.
Decir sí al no.
Volver de lejos.
Quieren espejo.
Distancia de espejo:
que hablen los muertos.

Que se masturbe magistralmente el pasado,
que el lunes advenga
como si no, igual al viernes.

Justo instante que comienza
con un chillido,
que parte de tu desprender el yo;
amanece y anochece.
Ruidoso silencio milenario.

Así es México.
Y nadie podrá decir nunca
cuándo ni cómo;
no podrá decir: mío.
Como un enjambre adhiere,
haz de viento y carcajada,
soplo que ondula el lago,
brillo imaginado,
centella cegadora;
todo para imaginar: Aztlán.
Nada existe sobre sus aguas.

Porque sus aguas no existen.

Quien cierre el puño
aprehenderá sólo cenizas.

Un sonido distante que embarcado llama.

Quien crea volveráse incrédulo
y quien material haráse humo,
invocación de dioses.

Nada de lo que es, será.
Otros reinarán y serán decapitados.

Pero no vencerán.
No vencerán,
porque nada es posible, aquí.

Cuanto es borroso es claro.
Cuanto es umbrío resplandece.

Quinientos años aprendiendo a morir.
Hay que empezar a vivir, matando.

Despierta esa mañana,
sin cólera,
pensando que hoy
no es día de muertos
sino de vivos múltiples,
eminentemente dispuestos a la vida.

Voz del día, sin semana o mes.
Tiempo hecho para vencer el sueño,
su peso mortal de viejo calendario.

Octubre ya no es octubre.

Noviembre ya no es el mes de los muertos.

Pronto, diciembre sólo será
un cambio de estación.

Porque habrá llegado la primavera.



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