Poema Zoofilia de Graciela Baquero
Soy el olfato de ese perro
esa dirección que llega
pone el hocico entre mis piernas
y manso reconoce
Es entonces cuando mi hembra
se queda sin mujer.
Amor Amistad Familia Infantiles Fechas Especiales Cristianos
Soy el olfato de ese perro
esa dirección que llega
pone el hocico entre mis piernas
y manso reconoce
Es entonces cuando mi hembra
se queda sin mujer.
Todos los años, al comenzar la primavera, bajamos hasta el rÃo por ver como el suicida de la dársena siete sale del agua y lo vuelve a intentar.
Todo es luz para los ojos móviles del sueño
bajo los párpados se despliega
la plácida temperatura de una playa
y allà está él y ella que era yo
sin más sonido que la presencia del otro
enfrentados
doblándonos sábanas
haciendo coincidir las puntas del afecto
él y ella que era yo se acercaban y separaban
por la exacta medida de la tela.
Al pasar
las construcciones la retrasan
la distraen
sonándose unas contra otras.
Y ahà está el aire
dispuesto a arrastrarla.
El otoño nunca vuelve
esta temperatura ayuda a morir sin espanto.
La mujer busca dónde dormir
en las puertas de las grandes sucursales
y sueña
que realmente duerme.
Observando
uno destruye su casa.
A José Lezama Lima (1910-1976)
Respiras por palabras diez mil veces al dÃa,
juras por el amor y le hermosura
y diez mil veces purificas tus pulmones
mordiendo el soplo de la ráfaga extranjera,
pero todo es en vano, la muerte, el paladar,
el pájaro verbal que vuela de tu lengua.
La que duerme ahÃ, la sagrada,
la que me besa y me adivina,
la translúcida, la vibrante,
la loca
de amor, la cÃtara
alta:
tú,
nadie
sino flexiblemente
tú,
la alta,
en el aire alto
del aceite
original
de la Especie:
tú,
la que hila
en la velocidad
ciega
del sol:
tú,
la elegancia
de tu presencia
natural
tan próxima,
mi vertiente
de diamante, mi
arpa,
tan portentosamente mÃa:
tú,
paraÃso
o
nadie,
cuerda
para oÃr
el viento
sobre el abismo
sideral:
tú,
página
de piel más allá
del aire:
tú,
manos
que amé,
pies
desnudos
del ritmo
de marfil
donde puse
mis besos:
tú,
volcán
y pétalos,
llama;
lengua
de amor
viva:
tú,
figura
espléndida, orquÃdea
cuyo carácter aéreo
me permite
volar:
tú,
muchacha
mortal, fragancia
de otra música
de nieve
sigilosamente
andina:
tú,
hija del mar
abierto,
áureo,
tú que danzas
inmóvil
parada
ahÃ
en la transparencia
desde
lo hondo
del principio:
tú,
cordillera, tú,
crisálida
sonámbula
en el fulgor
impalpable
de tu corola:
tú,
nadie: tú:
Tú,
PoesÃa,
tú,
EspÃritu,
nadie:
tú,
que soplas
al viento
estas
vocales
oscuras,
estos
acordes
pausados
en el enigma
de lo terrestre:
tú.
La radiografÃa acusa animal rÃtmico, longevo
irremediable. Adiós
fanfarria y no es que estemos
a salvo pasado el peligro del dos mil:
el argumento de las células es otro, el
espejo es el mismo pero vamos a ver la cara,
la nariz, la perversión de la cara,
los ojos encaramados ahÃ.
Ni el Borges
con todo lo loco.
I
Miro el aire en el aire, pasarán
estos años cuántos de viento sucio
debajo del párpado cuántos
del exilio,
II
comeré tierra
de la Tierra bajo las tablas
del cemento, me haré ojo,
oleaje me haré.
III
parado
en la roca de la identidad, este
hueso y no otro me haré, esta
música mÃa córnea
IV
por hueca.
Parto
soy, parto seré.
Parto, parto, parto.
Lo que me gusta del cuadro es que el muerto
da a la ventana y la ventana
está abierta y el oxÃgeno
hace de las suyas con él, le canta y
le baila, lo hace pensar
en otro tiempo como si esto de yacer
ahà nadando en lo lÃvido
fuera parte del insomnio. En cuanto
a las rosas cuyos pecÃolos no hacen sino crecer
afuera, entre el pasto, ésas germinan
a la velocidad de sus uñas.
Ventalle
de los muertos.
