Poema No Cabe Historia de Francisco Pino



Has de quedar, así, dominadora
del tiempo y muy presente, aunque recuerde;
yo te digo, mujer, que no se pierde,
si fue de hermoso amor, ninguna aurora.

Como ahora has de quedar; no en otra hora;
los mismos años en tus ojos verdes;
las mismas primaveras que ahora muerdes
morderás para siempre como ahora

Porque la gloria de tu edad señala
como un ala en el aire, como un ala
un peligroso azar que no peligra.

No pienses que caerás en la memoria.
En gloria de verdad no cabe historia.
Juventud con amor jamás emigra.



Poema Los Pies de Francisco Pino



Milagros de cristal, ciegos delirios
en rubios mares de fervor mojados,
rocíos de la aurora coagulados
en párpados de luz, silentes irios.

Broches del cielo, presurosos lirios
donde acaban dos ríos nacarados;
de plumas y de pétalos candados
para cerrar caricias y martirios.

Sellos blancos que firman tu figura,
llaves rosadas, rúbricas de albura:
¡oh dos recuerdos de ala disecados!

Aquí están, versos míos, rosas tuyas,
para siempre tenerte y que no huyas,
por la misma esperanza atenazados.



Poema Los Otros Ojos de Francisco Pino



Mirar, pero no ver,
colocar otros ojos,
quizá los de aquel niño
que viejísimo mira.

Unos ojos perdidos
y hallados a diario
ciegos como ese río
que viejísimo mira.

Mirar es eso mismo,
un dolor, quizá un agua
que no ve y que, reciente,
qué viejísima mira.

De «Cuaderno salvaje» 1983



Poema Lenguaje de Francisco Pino



¿Dónde está la voz del aire?
Tú la escuchas. Es silencio.
Sus palabras son las nubes,
la luz y el viento sus verbos.



Poema Las Huellas de Francisco Pino



¿Habrá algo más hermoso que quedarse sin huellas?
Sólo el pájaro sabe de esta gracia
y el horizonte aquel que de la luz se arranca
sin dolor, con un leve marcharse ajeno al tiempo,

al calendario triste que siempre deja huella.
Andar, andar, andar esperando que un día
la tierra no nos sienta; querer la lejanía
donde el hombre se evade de los ojos.

¿Así será la muerte? Si es así será dulce.
Diluirse en el aire, ser el después sin rastro
de una nube. Y andando seguir y ver la tierra,
al fin sin nuestras huellas, con nuestros propios ojos.

De «Cuaderno salvaje» 1983



Poema Las Cejas de Francisco Pino



¿Quién ha escrito en tu frente esas leales
frases tan misteriosas, tan oscuras?
Fronteras para el nácar, nervaduras
de ónice en unos cielos aurorales.

¿Qué dicen, qué dirán esas geniales
de dos noches curvadas miniaturas?
Palabras bien trazadas, bien seguras
como dos de azabache arcos triunfales.

¿Firmas son o son sombras o son rejas?
Sólo sé que un dios niño entre esas cejas
se debate en prisión, ¡rejas morunas!

¿Qué firman? ¿Qué sombrean? ¿Qué aprisionan?
iQué importa! ¡Para el cielo que coronan,
blanco y verde, ellas son dos negras lunas!



Poema La Nariz de Francisco Pino



Aquí, sí, pulcritud de pulcritudes,
perfil al vuelo afin, nivel de ardides,
estás, oh mariposa que divides
cielos de nieve y rosas de laúdes.

Oh cuán lírica maga de altitudes
que fiel de reinas majestades mides,
oh muda augusta, en soledad, que impides
junto a ti, rosa impar, similitudes.

¡Ay, primorosa reina de jazmines
entre dos verdes fuegos encumbrada
a ser espada-atril de serafines,

símbolo de existir, nota encarnada,
la breve humana majestad defines,
dije de orgullo con revés de nada!



Poema La Cintura de Francisco Pino



Cicatriz de los hálitos; censura
como trémulo párpado; un rocío
del insomnio esculpido, tu cintura
de diminutas flores albedrío.

Es, tu cintura, tálamo de un río
exhausto en un suspiro sin holgura
-un gorjeo, una lágrima y un brío-
de minúsculos besos mordedura.

Su corriente me arrastra arrolladora,
nardo angustiado de sedosidades,
donde el pistilo es sol, dedal la aurora.

Son huellas de jilguero sus edades
y en un copo de nieve arde su flora
compuesta de rubor de eternidades.



Poema Generosa Luz de Francisco Pino



¿Qué importa cuanto no es azul o rosa,
pequeño violeta o rojo suave?
¡Ay, lo que pasará, tal vuelo de ave,
conmueve la mirada más ansiosa;

lo que no volverá!… Tan nimia cosa
como el rubor de un rostro, que se sabe
que se habrá de olvidar, con la más grave
emoción sella el alma. ¡Oh generosa

luz del olvido y de la muerte: sombra
que da el volumen lírico a la vida,
nimiedad por la que el vivir asombra!

Di, en lo que ya no volverá ¿no anida
el porvenir más grato? ¿No se nombra
con lo que muere toda nuestra vida?



Poema Esta Vejez de Francisco Pino



Esta vejez reposa
sobre un aire de luna.
mónde huyeron los soles?

Apenas si se ve,
andas, ¿tropezarás?
Bien abiertos los ojos.

Esta vejez mil cimas,
subes, no llegas nunca.
Subir, ramo de rosas.

Esta vejez, mil simas,
bajas, ni te aproximas.
Bajar, un crisantemo.

Cimas, abismos llaman.
Quieres abrirles, mas
nunca encuentras las llaves.

Vejez, el detenerse
en el volar: vilano.
Que no le soplen nunca.

De «Claro decir» 2002



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