Poema La Ofrenda de Elisa Huezo Paredes



¡Que vuelo sideral de ala extendida!
¡Que zigzag de emoción era su vuelo!
¡Que ansiedad por llegar al Santo Suelo
vibraba en el albor de su caída!

Y llegó palpitante, estremecida
a ofrendar la grandeza de su anhelo,
el destello alumbraba al mismo cielo
que en su seno teníala dormida.

Y descubrió de nuevo aquella senda
a pesar de encontrarla desolada,
buscó con avidez la antigua tienda…

al mundo conmovía su llegada:
Batió sus albas alas de abanico
y el olivo soltó del rojo pico.



Poema La Esperanza de Elisa Huezo Paredes



Así la aparición era esperada
como Signo Celeste de ventura,
presciencia presentida, clara y pura
que en la mente del pueblo era fijada.

Su irreal realeza, casi una tortura
por la ansiedad de su presencia amada,
rayo de luz, emblema de dulzura,
gloriosa en su existencia ya forjada.

Y la voz luminosa persistía
con la fe inmarcesible de su guía
sostenida en la lumbre de su axioma:

¡No era El Pájaro Azul, no era una nube,
no era tampoco el ala de un querube
aquel vivo aletear de una paloma!



Poema La Duda de Elisa Huezo Paredes



Y un vislumbre se vio. ¡Era la lumbre!
que entre sombras lejanas se acercaba,
por violentos instantes se alejaba
y volvía otra vez la incertidumbre.

¿Era El Pájaro Azul allá en la cumbre
acaso, el mensajero que Ella enviaba?
aún no sabía pero ya le amaba
la Voz del Pueblo en recia muchedumbre.

¡La Voz del Pueblo! Como Voz del cielo
su esperanza mezclada con recelo
mas su coraje era dolor que ardía;

Sosteniendo su amargo desconsuelo
con su antiguo valor y alma bravía
retaban a la pólvora y al duelo.



Poema Apoteosis A La Paz (septiembre 1993) de Elisa Huezo Paredes



Cuando el abismo era más hondo
y llamas, fragor y muerte se fundían
en el cruzado fuego
y cada noche y cada amanecer aquellas salvas
trepidantes,
sembrando de cadáveres los ámbitos,
temblaban los mayores y los niños
que en la sombra de angustia pernoctaban
vivos aún, mas con la muerte aliados…

Lejos. En lontananza algo se cernía
en el innominado espacio.
Una voz luminosa revelaba
a las mentes confusas
aquel tremor distante, que apenas insinuado
pronto se disolvía en el arcano
al resonar de nuevo el estallido
como oculto tambor, traidor y fiero.

¿Había sido un espejismo, acaso,
la lumbre y el lejano rumor ya presentidos?
!Era verdad el miedo en las entrañas!
!Evidente el mortífero tecleo

resonando por todo el horizonte
con la lluvia de plomo!

Otros seres sin máscaras ni balas
escrutaban también amplios contornos
y dolidos, clamaban a su paso
por las lóbregas sendas despobladas,
viendo la ruina que asolaba el suelo
amado de la Patria,
holocausto inocente,
ofrenda mancillada
de rotos cuerpos y perdidos rostros…

Pero otros ojos oteaban
con la intuición que sufre la esperanza,
acicateada el ansia por buscarla…
conquistarle y traerla como diáfana guía
para inundar con su lumbre poderosa
el umbroso destino que vivía
la tierra atormentada,
la existencia truncada de sus hijos
en plena flor de vida.
¿Mas…Si Ella se negaba…
si volviera la espalda y perdía la ruta de este suelo…?
¿Si esquiva se alejaba hacia su Gloria
y entre la inmensidad, no aparecía…?
!No! No podría ser ! Ella vendría
ilesa y pura como nueva aurora!



Poema A La Silla De Ruedas de Elisa Huezo Paredes



Guardiana de los libros: Ya cerrados
los fríos brazos de brillante acero
quietas las ruedas. Fijos y callados
los goznes rechinantes, mustio el cuero.

Evocadora fiel de los cuidados
últimos del vivir bajo el alero
que guarda imagen, risa y ceño amados,
postrer amor que siempre fue el primero…

Descansas hoy, el freno detenido,
más bien paralizado tu crujido
en el ir y venir de aquella mano

que dejara su huella en el gemido
del dolor y el placer de haber vivido:
espejo del final de un ser humano.



Poema Simplemente de Eliodoro Aillón Terán



Si pudiéramos decir:
el árbol, simplemente,
sin viento que lo inquieten,
sin pájaros que lo pinten.

Y luego,
la mujer, simplemente,
sin adjetivos,
sin paisaje que la desnude.

Después,
el hombre, simplemente,
sin miedo que lo agigante
ni sombra que lo entretenga.

Si pudiéramos decir:
el árbol, la mujer y el hombre,
simplemente,
sin vientos, sin pájaros, sin adjetivos,
sin paisaje, sin miedo y sin sombra.

Simplemente.



Poema Presencia de Eliodoro Aillón Terán



Tú vuelves
en la espuma del torrente,
cuando el sol
gira sus raíces al fondo de las aguas.

Tú vuelves
en las noches de niebla,
cuando la vida persiste junto a la ventana
en las gotas de llovizna.

Salpicada de ríos lejanos,
tú vienes
de la voz más antigua
de la tierra.
Y en los más anchos litorales
la voz del viento
recogió tu nombre.

Presencia de mar
en expresión de olvido,
hoy tuve entre mis manos
tu extraña sensación de vacío.



Poema Pido La Palabra de Eliodoro Aillón Terán



Ciudadanos del mundo,
en nombre de mi patria, pido la palabra.
En nombre de mi pueblo, sencillo como el agua de la acequia,
pido la palabra.

En mi pequeña morada comenzó la patria
allí todos gritaban en las noches cuando el puño del alcohol,
caía sobre el rostro de mi madre, recuerdo la sangre y los nervios,
los nervios en angustia de alambres aprensados;
en las noches ondas, pobladas de llanto y el miedo de los pequeñitos allá,
en la esquina más dolorosa de mi sangre, comenzó la patria.

La escuela vino después,
también la patria estaba allí avergonzada, humillada;
ocultando en los rincones más apartados, sus pies descalzos.
Y la patria me miraba acongojada desde mis propias pupilas nubladas,
desde mis manos vacías y mis sueños enturbiados.

A mi me mostraban la escuela poblada de azules campanas
y la patria cuajada de campos abiertos,
pero, pero mi patria gemía a 4000 metros sobre el nivel del hambre,
hombres que crecía como piedras paridas por la montaña,
desnudos y fríos como peces muertos,
moviéndose a penas, llevando a cuestas su grito
trancado como una roca clavada en lo más hondo, en lo más duro de la tierra.

No señores,
la patria no era solamente la escuela poblada de altas campanas
ni la tierra salpicada de lagos felices,
no era solamente los montes incrustados de cielo,
ni los desfiles en los días de fiesta,
era también la impotencia del hombre
cuando el pan se convierte en gemido detrás de las puertas,
era la muchacha que buscaba su vestido dominguero en la esquina de la noche;
eran las manos crispadas en los mercados,
y el llanto, extendido en las estaciones.

Mi padre borracho era la patria que pesaba sobre mis pupilas,
sobre mis labios, sobre mis zapatos rotos;
y con esa patria a cuestas yo asistí a la escuela.
La maestra, me mostraba siempre una patria
y un cielo a los que nunca pude comprender.
Una patria con héroes, con cerros de plata, con tierras llenas de árboles frutales;
pero yo tenía que regresar a mi casa en las noches, y allí estaba la patria,
en el pan para dos que nunca satisfacía a cuatro,
en las pupilas de mi padre abiertas
como dos diablos encendidos en medio de los niños.

No señores, no.
La patria no sólo estaba en los salones, ni en los discursos de los presidentes,
ni siquiera en la bandera y sus colores.
Yo encontré a la patria botada en mitad de las calles,
mientras la lluvia cercenaba sus carnes.
Yo la vi desgarrarse por coger un pedazo de carne y otro poco de pan,
y lloré su tragedia, porque teniendo hambre, se comió su libertad.

Y mentidme a mi ahora, mentidme.
Yo vi a mi patria en todos sus confines,
la sentí como un garfio clavado en mitad de mi angustia,
la llevé como túnica de yeso por todos mis caminos,
la sentí como el peso de dios sobre el pecado y busqué su voz
para multiplicarla sobre las campanas del tiempo.

Yo vengo en nombre del obrero y sus overoles manchados,
en nombre de mi padre y su vicio,
pagado con la desnudez de sus hijos,
en nombre de mi madre y su voz callada,
en nombre de los niños yo vengo,
en nombre de mi patria estrujada por manos sin salario.
Yo no vengo a pedirles nada, nada que les pertenezca.

Mi pueblo, mi pueblo quiere su paz,
quiere su barco para recoger de playas lejanas un canto de gaviotas nuevas,
quiere sembrar su trigo y levantar sus fábricas,
quiere que sus niños rían,
jueguen y salpiquen los campos como las gotas de rocío al alba,
quiere que todos crezcan a lo largo de los ríos como el trigo,
y que todos se hinchen de sol y de lluvia como las uvas,
en la cuenca dilatada de los valles.

En nombre de mi pueblo,
humilde como la hierba, sencillo como el agua de la acequia,
ciudadanos del mundo,
pido la palabra.



Poema Sherezade de Elina Wechsler



El es mi insomnio de silencio,
los ojos del león en la noche del desierto.
Tiene ruinas, rupias, monumentos.
Delirios amarillos.
Toneladas de agua en las entrañas.
Pura tierra huracanada.
Lienzos.
Tiene la mustia sensación de haber vivido,
de no vivir más, de haberse muerto.
De ser todos los muertos del camino.
Se pasea nocturno por mil tribulaciones.
Es el hombre
del miedo ancestral a los orígenes,
del miedo cerval a los recuerdos.
Soy de útero y memoria
su insomnio de silencio,
su alegría, su cruz,
su deleite, su desconcierto.
Insomnes estamos por perdernos.
Insomnes estamos por perdernos.
Entonces soy Sherezade
a quien sólo las palabras salvaron de la muerte.



Poema Retrato De Mujer Triste de Elina Wechsler



Te conocí de rojo,
terciopelo que un hombre deseaba acariciar.
¿Cuándo olvidaste los cordeles del verano?
?Pescabas peras pequeñas con la boca luego de arrojarlas al río
y el mundo era agua fresca?
Tenues abanicos te protegen
de los primeros peldaños que nunca pudiste inventar.
Ya no escuchas.
¿Cuándo fue el comienzo del retiro?
A veces cantas. Todos creen que estás.
Atraviesas el Océano
acompañada de una esperanza trémula
que ya das por perdida.



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