Poema Fragmento V /3 De La Marcha De 150.000.000 de Enrique Falcón



el Canal se extiende, en su parte principal,
desde la presa del Pinjab, a
lo largo de novecientos quilómetros llegan,
hasta donde desembocan Beas y Sutlej,
áridas, las matanzas negras del olivo, tú nunca llegaste,
amor, hasta las fiestas, fueron
silbo y desolación del hombre en los pastizales lentos de su boca,
a lo largo del acoso de su boca,
?…y todas estes redes infinitas…??
A
bro entonces las piernas a este lado del Canal,
10
mil jaguares maquillando el adobe en las tardes tremendas,
raparon este pubis arañando biologías
y espesas de licor, de vientre en barricada,
pero TÚ nunca llegarás, olvida,
fue dura la extensión del proyecto, ?20 metros de ancho y líquenes de sal
[sobre sus muslos,
vestidos como gamos de acero compacto, maquinaria sueca y tractores de
[capacidad cúbica media
?perdieron la lógica en las espumas
y finalmente, bajo la luz de las estrellas,
sembraron bueyes infinitos,
un inmenso ardor de bueyes en el ojo?
quién diría patria, jornada del desierto, …pan?
sembraron y durmieron,
y un niño de los nuestros seccionó los mediodías,
abriendo agua en los trigales del espanto,
en el reportaje gráfico se observa
el lento declinar de la serpiente a la orilla de la brecha
mientras no arrecie la tormenta habrá trabajo y no
tendremos que volver al regadío,
lejos del desierto y de las temidas filtraciones del subsuelo
la tribu esparce siembras y recoge manantiales,
cemento y labranza a este lado del espanto
sucios de calor a este lado del espanto
a este lado del espanto tiernos de alfileres
a este lado del espanto sus carpas arrasadas:
van y siegan, mueren solos;
fueron
(como se informó) los antiguos envíos
de correas mutiladas a la noche,
una firma militar, y el sello del Correo
en harapo y velo gris,
la que habló con tigres desbocados
cayó rendida hace nueve horas,
nadie da con su mejilla,
a
tentamente, el médico en Zona De
(Rajasthan)
?y vuelo
planeando entre sus brazos como un frío miserable
en sus propias almas gritarán las llanuras, azules del desgarro
con un odio infinito hacia las rocas;
lue-
go,
desde el Pinjab, se cubren las tiendas con plástico sobrante del Canal
y el adobe forma hileras interminables sobre el lecho
quebrando el cielo con colores simbólicos
y agrupando espacios en sus brechas
cavan nichos para padres, hijos o hermanos,
los árboles los plantaron ellas y hay casos de partos en sus orillas,
pero los marjales
ésos los hicimos nosotros (y la locura),
antes que las lluvias se llevaran los mapas, las
osamentas ciegas del vacío,
con fiestas en sus tiendas:
sólo luego los matamos.



Poema Falseando Alternativas de Enrique Falcón



?La justicia no es anónima,
nombre y dirección?
?Bert Brecht

( para jorge riechmann )

Ocurre que al amor le sigue
un rubor de tierra tras tu patio.

Ocurre que existe la injusticia,
su sal en el aullido
sin más temblor que la esperanza.

Ocurren las dos cosas
en el mismo tiempo que ambos preguntamos.

Y est?por decidir

sobre qu?posar la lengua
el poema que viene.

(del libro: Codeína)



Poema España Y Poesía, Viejita Y Regañada de Enrique Falcón



con la complicidad de Eladio Orta

En mi país cocido de lejos buenamente con las tripas afuera
los poetas comen jeringuillas con leche
carne de avestruz
brotan de las cuevas con un poco de saliva
se derraman por el campo como niños sin dientes.

En mi país cuchillo en las trenzas de los buenos empresarios
no hay huelgas generales:
los poetas las evitan con un trapo en la boca
brotan de las cuevas con temblores de piel
y lamen los cercados de los hombres ricos.

En mi país castigo en periferia de los barrios más bellos
se prohíben cosas que no sean de madera:
con blancos mondadientes se arrancan los colmillos
los poetas honestos de todo el país
brotan de las cuevas con los párpados mudos
para luego calmarse con trescientos espejos
los poetas honestos de todo el país.

Mi
verdadero conflicto:
que me muerden mis versos,
que no tengo país.

(del libro: Codeína)



Poema El Madrigal De Los Ojos Verdes de Enrique Durán



De verdes varios, tallada
en mil facetas, la huerta,
el bello paisaje amado
que nuestra dicha contempla.

Verde el agua en los regajos,
en el estanque, en la acequia;
verde el río entre que entre campos,
siempre verdes, zigzaguea.

Verde intenso en los labrados,
verde bronce en la arboleda,
verde el mar que allá, a lo lejos,
suavemente rumorea…

Verde, verde en el paisaje
y en tus ojos que contemplan
con sus vivas esmeraldas
la huerta lozana y bella,
y si es ella no se sabe
la que a tus ojos luz presta
o es la luz de tus pupilas
que en la huerta reverbera.



Poema Oración En El Jardín de Enrique Díez-canedo



Yo me quiero morir como se muere
todos los años el jardín, y luego
renacer de igual modo que renace
todos los años el jardín. Se han ido
los pájaros; volaron, pero no tenían alas.
No me quiero morir como las hojas,
ni quiero ser el árbol de perenne
verdor adusto, ni el arbusto dócil
cortado en seto, sino el árbol libre,
desnudo atleta que en el suelo ahínca
las fuertes plantas y en el aire tuerce
los recios brazos; no el verdor eterno
sino la fronda renovada, el fruto
cuando el año lo envíe. Aquí me tienes,
Señor, desnudo como el árbol. Dame
tu bautismo de lluvias y tu crisma
de sol, y dame vestiduras nuevas,
inmaculadas. El jardín de invierno
callado está: mi corazón callado.
Habla tú; luego, vísteme de hojas.
Algo de tus palabras, al moverse,
repetirán, como inspiradas lenguas.



Poema Mar Pagano de Enrique Díez-canedo



La voz del mar es un clamor de furia,
de paroxismo. En el temblor del agua,
con espasmos de amor y de lujuria,
tal vez un mito divinal se fragua.

Líquidas trallas baten los cantiles;
y es tan tremendo el ímpetu que azota
los peñascos austeros y seniles,
que su masa en esquirlas salta rota.

El sol es como un ascua. Es un glorioso
pastor; desde los cielos deslumbrantes,
guía un blanco rebaño milagroso
de magníficas olas espumantes.

Mar, ¿qué quieres? Acaso en esta ruda
contienda, en este rebramar sonoro,
va a surgir otra vez, blanca y desnuda,
de entre tus olas Afrodita de oro,

y esas torsiones ásperas, supremas,
son del nuevo prodigio las señales?
¿O quieres, de tu azul, fundir dos gemas
para sus claros ojos inmortales?



Poema Han Venido Los Húngaros de Enrique Díez-canedo



Han venido los húngaros, hermana,
osos de tardo andar, monos ladinos
lleva la miserable caravana.
Son los hombres esbeltos y cetrinos.

Fuman pipas enormes. Llevan rojos
casquetes, de los cuales se desborda
la maraña de pelo, y en sus ojos
brilla el destino de la errante horda.

Son flacas las mujeres. En harapos
van desnudos los pies bajo las faldas
en jirones. Envuelto en sucios trapos
una conduce un chico en las espaldas.

Tañen los hombres grandes panderetas,
canturrean tonadas melancólicas,
y hacen dar a los monos volteretas
y ágilmente bailar danzas diabólicas.

Y amaestran al oso torpe y grave
de floja piel, que humildemente fiero
danza, y pasando a la ronda, sabe
las limosnas recoger en el pandero.

Han venido los húngaros, me gusta
ver su arrogancia en su mirar osado,
y, en lo moreno de su faz adusta,
los soles de las tierras que han cruzado.

Amo danzas, combates, aventuras
pero soy hombre débil y pequeño
y he recorrido solo las llanuras
del país arbitrario del ensueño.

Y he vivido en mi hogar burgués y oscuro
y el vasto mar y el alto monte ignoro,
las tierras que repulsa el hielo duro
y las que halaga un regio sol de oro;

y languidezco en un rincón de olvido,
y engarzo en él paciente, verso y verso,
sin azares que me hayan conducido
por la diversidad del Universo…

Húngaros, hoy ha roto vuestro paso
mis horas de tristeza, de fastidio.
Desde mi quieto bienestar, acaso
vuestra inquietud, vuestra pobreza, envidio.

(¡Corazón, corazón!, ¡qué no te atrevas
cada día a buscar extrañas gentes,
costumbres no sabidas, hablas nuevas,
cielos varios, paisajes diferentes!)

Cuando vosotros pobres peregrinos,
lejos del suelo avaro que os destierra,
peregrináis por todos los caminos,
por todos los caminos de la tierra.

Mi espíritu lleváis en compañía:
vuestras faces morenas le son tratas,
ama vuestra tenaz melancolía
vuestras noches, que alumbran las fogatas

y vuestro caminar por entre hogares
tibios, morada de los hombres vanos,
de esos duros, inhóspitos lugares,
en que os ladran los perros aldeanos…



Poema El Desterrado de Enrique Díez-canedo



Todo lo llevas contigo,
tú, que nada tienes.
Lo que no te han de quitar
los reveses
porque es tuyo y sólo tuyo,
porque es íntimo y perenne,
y es raíz, es tallo, es hoja,
flor y fruto, aroma y jugo,
todo a la vez, para siempre.
No es recuerdo que subsiste
ni anhelo que permanece;
no es imagen que perdura,
ni ficción, ni sombra. En este
sentir tuyo y sólo tuyo,
nada se pierde:
lo pasado y lo abolido,
se halla, vivo y presente,
se hace materia en tu cuerpo,
carne en tu carne se vuelve,
carne de la carne tuya,
ser del ser que eres,
uno y todos entre tantos
que fueron, y son, y vienen,
hecho de patria y de ausencia,
tiempo eterno y hora breve,
de nativa desnudez
y adquiridos bienes.
De aquellos imperturbables
amaneceres
en que la luz de tu estancia
se adueñaba tenue
pintando vidrios y cuadros,
libros y muebles;
de aquellos días de afanes
o placeres,
de vacilación o estudio,
de tenso querer, de inerte
voluntad; de cuantos hilos
tu vida tejen,
no hay una urdimbre quebrada
ni un matiz más débil. ..
Nadie podrá desterrarte
de estos continentes
que son carne y tierra tuya:
don sin trueque,
conquista sin despojo,
prenda de vida sin muerte.
Nadie podrá desterrarte;
tierra fuiste, tierra fértil,
y serás tierra, y más tierra
cuando te entierren.
No desterrado, enterrado
serás tierra, polvo y germen.



Poema Y Tú Que Eres El Que Temes de Enrique Azcoaga



¡Y tú que eres el que temes. Tú el que juras
un día de fracaso, que no avanzas!…
Tú el que te desesperas, cuando alcanzas
el límite fatal en que maduras.

Tú quien desdeña a veces las más puras
virtudes de su ser: tus alabanzas
Tú que cantando alumbras esperanzas
en pechos de difíciles ternuras…

Cálmate amigo, amansa la tristeza,
y vuelve a repasarte cual el día
sencillo, con sus noches y mañanas.

Porque tu verso acerca a la belleza;
tu canto al ser, y el alma en tu armonía
comprende la razón de las campanas.



Poema Llegada de Enrique Azcoaga



Llegado marzo, esposa,
no sosiega la tierra.
El corazón avanza
nutrido por el gozo.
La dicha que marcea
como una gota fértil,
quiera colmar de anhelo
la clara sed del valle.

Llegado marzo, esposa,
los pulsos como fuentes
saltan, y salta el río,
y salta en la verdura
un latido sembrado
por la lluvia en los muertos,
que confían en marzo
como en la prima vera.

Llegado marzo, esposa,
se desmuere la tierra.
Cigüeñas a la vida
convocan, sin llamada.
Nada tiende hacia dentro.
¡Entreabren las ventanas!…
El almendro esperanza
y anuncia la ventura.

Llegado marzo, esposa,
la vida se hace novia,
don la existencia y dulce
promesa lo que tiembla.
¡Siento el hijo posible
como la encina siente
su rama fresca, y frutos
la parra reavivada!

Llegado marzo, esposa,
te quiero prometida;
te ensueño fértil, fresca
como ¡a hierba nueva;
dispuesta, madre, marzo,
colmo de mis afanes,
con prisa esposa, esposa
de campo hecho presagio.



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