Poema Aquí No Hay Estaciones… de Carmen Rosa Orozco



Aquí no hay estaciones
o refinamiento de las costumbres
o té a media tarde
sólo necesidad de lo necesario
como animales adscritos a un instinto primario
sí sabemos que hacer con la tristeza
colocarla a un lado
y trabajar para obtener tan poco
arrastrando nuestros pies chancletudos mugrientos
para cobrar la paga
miserables y avergonzados ante la riqueza
No poseemos nada, Camila
somos braceros
expropiados de las tierras
de ansias de espíritu, de identidad, de sexo
follamos con las yeguas a falta de mujer
los patronos las revisan -su desmejora es indicio-
en esta zoofilia ajena hemos asentado la pobreza
nos reímos nerviosos ante la blancura y los haberes
de quienes arrecian nuestra jornada
Míranos hacinados en el hervor negro
de nuestra piel
nos miras mirando a Adrián
estrechez óptica que consume toda distancia
el color de tu Adrián
es el nuestro
víctima de las comparaciones
de la exagerada lentitud de tu delirio.
¿Adrián dónde estás dónde dónde dónde?



Poema Nos Apalabra El Aire de Carmen Pallares



«En verdad, resulta extraño
no habitar más en la tierra.»
Rilke

Qué ademán en azul
el de la plaza
entre las claraboyas del invierno.

Pasa el soplo del día
restañando esta fugacidad.

Y porque nos amamos
no me golpea el tiempo en las estancias
que nunca poseí.



Poema Museo De Curiosidades (sala Once) de Carmen Pallares



A Pedro Molina Temboury

Abre las puertas
?¡sésamo!? museo de curiosidades.
Lo más raro es el beso, lo más raro;
sus leyendas florales, sus familias,
la estupenda memoria de los niños.
Lo más raro es el viento, son
sus labios, sus labios que ahora besan
en los míos y en ellos van volviéndose
inocentes. Lo más raro es el alba,
un alba rubia, cormoranes que vuelven,
los dieciséis sentidos de la luna.

Abre las puertas, abre: lo más raro
es el «¡sésamo!», la noche
que entretiene sus goznes en el juego.
Lo más raro es mi calle de madera
(¿qué niño no imagina que ha muerto
en la batalla?) Lo más raro es el agua,
el sueño, el agua, el sueño que sí sabe
de manglares. Y los yelmos, las yemas
y las vides que vemos relucir,
remudarse, pasmar el cielo de repente.
Entonces es la espléndida compañía
de nadie. Lo más raro. Lo raro.



Poema Meditación de Carmen Pallares



Estoy llegando
muralla arriba de mi voz,
a comprender la noche
en medio del milagro.

Multitudes de sombras
paralelas al sueño del otoño,
extinguen la perdida
meditación del fuego.

Sólo duele la paz ardiendo,
y ardo.



Poema El Arquero de Carmen Pallares



He venido a dejarme mirar y llamar por mi nombre,
a responder a las lejanas cosas familiares y desconocidas,
mientras me apoyo contra un muro que se tambalea.

Un trago largo es el paseo de los eucaliptus.

Lo que ha sido la vida con sus insoportables rubores,
todo amor y su fiera marimba.

A tenderme, y que pasen el sol y los justos,
el naufragio del último capitán de la nave,
las figuras que pacen en mi silencio.

Que no se acuerde más de mí el arquero,
no apunte y abra el paraíso.



Poema Cinecittá de Carmen Pallares



Abres el día en punto.
Cruzo el dintel funámbulo del sueño
y entro en tu soledad
como a un estudio
donde se está filmando el infinito.

En nuestros ojos tiemblan
las ovaciones del silencio.
Diciembre es otro actor. Y nuestro abrazo
el primer ademán de la mañana.



Poema Una Vez, Junto Al Pacífico de Robert Frost



Las aguas agitadas con gran fragor rompían.
Y las olas cimeras, al ver las que venían,
hacer algo querían a la costa cercana
que el mar jamás ha hecho a la tierra su hermana.
Bajas e hirsutas eran las nubes en el cielo,
como guedejas sobre unos ojos de anhelo.
Diríase, en verdad, sin poder dar razones,
que agradaba a la costa tener sus farallones,
y a éstos ser sostenidos por todo un continente.
Se acercaba una noche de tiniebla evidente,
y no sólo una noche, sino una época horrible.
Habría que aprestarse contra un furor posible,
pues vendría algo más que olas en algazara
cuando su último ¡Apáguese la luz! Dios decretara.

Versión de Agustí Bartra



Poema Bodegón de Carmen Pallares



A Toni Quintana
y
a María Argyriou

En el espejo
los bordados, las sillas,
la inútil chimenea, las naranjas
amarilleando, Ja camomila,
el libro. En la hipérbole del espejo
el extraviado, ella, los dos
marinos, la anciana, Pinemía, el gran gato.
Todo: la miel, el pan y la pimienta,
las baldosas etílicas, los cuchillos, la tarde
que se viene; el espejo así inmovilizado
por la vida y sus innumerables
puntos de fuga, espontáneamente
dispuesto por la mano
meticulosa de la belleza.
Y los aromas, y los rumores
mórbidos.



Poema Suburbio de Carmen Olle



Aquélla, la más perversa nunca amó.
Se enredó en mis brazos entre sábanas. Sabia,
los pies hacia la puerta…

Irascible, su único defecto era su única virtud,
al placer amó más que al dinero,
a una cicatriz
que a un collar de perlas.
Yo que frecuento las tabernas cerca al mar
sé que ella piensa en Lautréamont
-nombre desconocido-
y en la melancolía de un atardecer gracioso
como un ojo vaciado.



Poema Las Personas Creen En La Sabiduría de Carmen Olle



A los cuarenta estoy con un palmo de nariz.
Me apena haber leído tanto y no haber consumado
el placer. Regenta de mi cuerpo, de esta piel bajo
la que fluye el aceite.

Nada a mi alrededor, sólo una hija tierna
-benignos otoños-

Finjo lo que no sé, soy una actriz, mi trabajo
es perverso. He amado menos de lo que supe amar,
en las tardes es el silencio; de noche, el silencio
y el sueño.



« Página anterior | Página siguiente »


Políticas de Privacidad