Poema Cuerpos En Sánscrito de Carolina Escobar Sarti



Éstos son los cuerpos
de amantes que recuerdan.

Cuerpos tatuados en lechos verdes
y resucitados en la humedad
para recibir la partícula invisible
del amanecer
y agotarte y agotarme
hasta la última gota del diluvio.

Líneas dibujando líneas.
Cita dibujando en tu boca mi cuerpo
escritura arcana del deseo.
yo intuyendo que antes de ti
era naimal y ahora soy lenguaje.

Detuvimos la flecha en el aire
y nos trajimos los siglos.
Despertamos al pez, al mono
y al dinosaurio
y escribimos sus nombres
entre nuestro cuerpo epistolar
tembloroso, habitante.

Estás a mi lado sobre mí, en mí, dentro de mí
transcribiendo los ritos del amor.

Nuestros cuerpos de fibra vegetal
se reciben, se rescriben
se hacen mito.
Siempre supimos la melodía
pero apenas renacemos
la música.



Poema Cerradura de Carolina Escobar Sarti



Comienza mujer
por escribir en los muros
con las uñas.

Para salir de prisión
sólo recordar
la palabra
la mano
la cerradura.

Día tras día mide
el tamaño de tu cárcel
recorre
el suelo por sus esquinas
la mirada
más allá del miedo.

No hay lápiz
ni espejo.

Olvida mujer
el ojo del carcelero.
La puerta
tiene cerradura
y hay viento del otro lado.



Poema Cerrada Por Inventario de Carolina Escobar Sarti



No estoy.

Estoy CERRADA POR INVENTARIO
hasta nueva orden.

Vean las cortinas oscuras
que he colocado
para que nadie se atreva
siquiera a tocar.

Más cerca de la muerte
que entonces
necesito saber cuánto de mí hay
cuánta desnudez me queda.

Parada necesaria
para nombrar la propia vida
pra revisar
los haberes y los saldos
del sentimiento.

Por favor no vengan
no toquen no entren
no vuelvan…
estoy rompiéndome el pico
sacándome las uñas
quitándome todas las plumas.

Cuando me brote nueva
nada esconderán mis alas.

Entonces vuelvan.



Poema Caníbales De Dios de Carolina Escobar Sarti



En la Primera Comunión de Sebastián

El cuerpo y la sangre de Cristo
Amén.

Buscando la vida eterna
empiezan por saborear
el cuerpo de Cristo
y terminan
comiéndose los unos
a los otros
sin la menor piedad.

Antropógagos de Dios
lo poseen
ventrílocuos de Dios
usurpan su palabra
bufones de Dios
se rien en su cara.

Con un hambre feroz
despedazan
su cuerpo a mordidas
y lo saborean
hasta llenar
su más putrefacta
entraña.

Lo degluten
hinchan las venas
con su sangre
viven de su cuerpo
del cuerpo de Cristo
que dicen que somos
todos.
Amén.



Poema Atitlán Sin Ti de Carolina Escobar Sarti



Sapos de piedra
en la tarde
que empuja el viento
mientras el agua canta
hasta reventar
el sentir.

Mis ojos se fijan vacíos
llenos de volcanes que atardecen
chapotenado entre las aguas
y tu presencia resucitante
se vuelve azul
de repente.

Me basta el silencio.

Te amanezco
arrullando el sol
mientras él
besa el ombligo
de su lagrimal.

No distingo ya la palabra
que te trae. Sos crepúsculo
en agua dulce.



Poema Dehesa De La Villa de Ramón De Garcíasol



( Madrid )

¡Dehesa de la villa!
Desde esa hora,
el azul se te espesa,
se te enamora.

¡Qué maravilla!
En tu hierba, Dehesa,
fue su mejilla.

¡Fue tu mejilla, esposa!
Cómo lucía
en el aire la rosa
de tu alegría.

¡Viva mi suerte!
Sobre la hierba un día,
volveré a verte.



Poema ¡oh, Cuál Te Adoro! de Carolina Coronado



¡Oh, cuál te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco, apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se encuentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando mi amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;

tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.



Poema Nada Resta De Ti de Carolina Coronado



Nada resta de ti…, te hundió el abismo…,
te tragaron los monstruos de los mares…
No quedan en los fúnebres lugares
ni los huesos siquiera de ti mismo.

Fácil de comprender, amante Alberto,
es que perdieras en el mar la vida,
mas no comprende el alma dolorida
cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.

Darnos la vida a mí y a ti la muerte;
darnos a ti la paz y a mí la guerra,
dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra
¡es la maldad más grande de la suerte!…



Poema La Rosa Blanca de Carolina Coronado



¿Cuál de las hijas del verano ardiente,
cándida rosa, iguala a tu hermosura,
la suavísima tez y la frescura
que brotan de tu faz resplandeciente?

La sonrosada luz de alba naciente
no muestra al desplegarse más dulzura,
ni el ala de los cisnes la blancura
que el peregrino cerco de tu frente.

Así, gloria del huerto, en el pomposo
ramo descuellas desde verde asiento;
cuando llevado sobre el manso viento

a tu argentino cáliz oloroso
roba su aroma insecto licencioso,
y el puro esmalte empaña con su aliento.



Poema La Luna Es Una Ausencia de Carolina Coronado



Y tú, ¿quién eres de la noche errante
aparición que pasas silenciosa,
cruzando los espacios ondulante
tras los vapores de la nube acuosa?

negra la tierra, triste el firmamento,
ciegos mis ojos sin tu luz estaban,
y suspirando entre el oscuro viento
tenebrosos espíritus vagaban.

yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos
perfiles asomar con lenta calma,
como tu rayo descendió a mis ojos,
tierna alegría descendió a mi alma.

¿Y a mis ruegos acudes perezosa
cuando amoroso el corazón te ansía?
Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa
hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!



« Página anterior | Página siguiente »


Políticas de Privacidad