Poema Historia Sagrada de Cecilia Bustamante



Madre
estás tan pálida
en campos envanecidos
por brillo de argento.

Se aviva la muselina en tu vientre
y sonríes lejana
frente al horno en que dorabas el pan.
Me pregunto
cómo Daniel quedó impoluto y gentil
y por qué para él los ángeles
sí batieron sus alas.

¡Qué pálida estás
mirando la grisura del día!
Debiste salvarte
cuando calcinaba la masa
tu mirada sin sombra.

Al verte
quisiera remover las polvorosas brasas
buscar el remanente corazón del fuego ?
Obligar a Daniel y sus ángeles
a que alumbren tu pálido rostro.

Madre estás tan callada
en campos de argento.



Poema Cuánto Te Amara de Cecilia Bustamante



La mujer, la viuda, la que no tenía marido,
vive con su hija cerca del panteón.

Levemente almidonadas, suaves rosas
de rizos retintos saturados de nogal.
Modosas, algo infantiles soportan
la luz cenital
al centro de su casa,
luego salen por el difuso zagüán.
Chispeantes y acharoladas
a la Fiesta de San Juan.

?Madrecita, lucero del alba, lucerito…
respondía al saludar. ?¿Quieres llevarla
a la Plaza, a la Fiesta de San Juan?
Niña de sombras tiernas,
niña de helado color,
Salidas de una novela sentimental.
Olían a limoneros antiguos
Sobre la alberca
tornasolada
de aquella hacienda colombiana.
mariposas muertas, María,
flotantes
azahares.

Nadie espera, lucerito del alba.
La hija de la viuda hierbaluisa y cedrón
su madre se hace de papel crepé.
Estrellas, días de vacaciones.
Historia de una joven
asediada por la nada.
Madrecita, olvido que no nos deja.

Señora, aunque la vista de negro
y con medias de seda,
Tiene la piel palpitante
Y usted, con sus manitas perfectas
Es una mujer sin marido que huele
A puro miedo y amor.



Poema Confidencia de Cecilia Bustamante



Una carta en el mes de enero ?
gritan desnudas sus letras
en contralto
frecuencia: el pasado.
Semilla lenta, aleteo mecánico
de la difícil sombra que cerceno.
¡Quién adivinara
sus ardientes augurios
al centro de su secrecía!
Encarcelada en sus líneas furtivas
la evasión en sello de lacre.



Poema Bodas De Cristal de Cecilia Bustamante



Es extraño
que te conmueva años después ?
imágenes en la tarde y las palomas
en la Plaza Cataluña. Palomas grises
en una técnica olvidada
es extraño
que sientas así, como si hubiera vivido
yo algo en esos años pasados. Nada más
un fantasma aprisionado por un truco
del disparador.
Es extraño
que me recuerdes.
Aprendí de mis hijos
para la compañía humana y difícil,
difícil, incoherente y más.
Parezco
estirar la mano hacia urbana avecita,
no puedo negar mi echarpe de gasa,
aquel abrigo de Oeschle. Es más bien
una tarde de Lima.

Crucé
los portales en la Plaza de Armas.
tenía la piel muy suave, vestidito discreto
para el mediocre clima de Lima. Una boquilla
de marfil que había comprado en el Barrio Chino.
Recuerdos
inofensivos. Los inviernos de Lima.
abrigo poco grueso para el clima de Pittsburgh,
para la nieve de Nueva Inglaterra.
Esas ciudades no son como Lima
ni soy yo
en esa foto que registra la huella
detrás del anteojo, otra en el antebrazo derecho
debajo de la tela gruesa de mi abrigo azul.
Mantenía distancia, la línea recta hacia mí.
Viví
Me dices en la calle Londres, también en Urgel,
Plaza Calvo Sotelo. No tuve nada que ver.
No me orientaba, cardinalmente hablando,
no entendía los nombres de ciudades a que fuiste.
Palabras
eran. Poesía. Las escuchaba con rencor.
Barcelona es
un dormitorio largo, pared cubierta por cortinas nylon,
ropas dobladas, sábanas inmensas, limpios pañales
en el agua fría del invierno. Reducidas presas
para fabricar algún menú.
Cansancio,
hemorragias, fiebre, amenaza antigua de la TBC.
Suturas en las manos, manchas que perturban
para siempre el color transparente del pasado.
recuerdo haber dejado el abrigo en la tienda de viejo.
Abandonarlo
para otra más pobre que yo. Alli estaban
unas bellotas presas en el frasco sellado,
quietas, cálidas, inmóviles. Les dediqué
un poema,
llené de palabras el misterioso espacio
que resguardaba el cristal.



Poema Altas Hojas: Xxi de Cecilia Bustamante



Soy el cadáver del pájaro que arrastra el agua
y la luz que aclara el revés de las altas hojas,
las huellas pasajeras en la tierra fina del camino
y el ruido constante del viento en el mundo.
Este arbol transido de días y los frutos de sus ramas,
aquel nido y las silvestres mariposas.
El oscuro clima del barro. El barro más profundo,
la distancia del pie al cielo. El camino más alto.
No llamo a nadie por su nombre. Estoy sola.
Porque soy la última hora del día,
el agua del riego y la sombra del viejo sobre el campo,
las semillas sonoras de las plantas agrestes
y el amplio oolor del hombre en sus músculos rendidos.
Yo puedo olvidarme volteando el agua sobre las riberas
y ser como el tiempo abandonado en la transparente distancia.

Un poeta en un pueblo cualquiera del mundo.



Poema Fe de Ramón De Garcíasol



Dulcinea del Toboso es la más hermosa
mujer del mundo…
Quijote, 2 LXIV

Has de matarme sin lograr que ceda,
y ni entonces podrás decir que dudo.
Si tu fuerza mi cuerpo vencer pudo,
nunca llegó a mi fe, ni habrá quien pueda.

Derribado, no esperes que conceda
un sí para tu gloria. Muerto y mudo,
por mí hablarán mis hechos más agudo
lenguaje que en palabra humana queda.

Aprieta más la lanza, caballero:
no puedo confesar a mi señora
segundona de nadie en hermosura.

A tu merced y en tierra vine, pero
tengo intacto el esfuerzo, y la ventura
no siempre de lo justo se enamora.



Poema Altas Hojas: Viii de Cecilia Bustamante



En el fondo de todas las cosas,
intermitente y sin descanso, está el corazón.
Aquí habitaron los hombres de todos los tiempos
Y su polvo ennnoblece los embriones de las plantas.
!Quién pudiera escuchar su palabra de fuego
en la noche oscura,
y cogerla ardiente y elevarla
sin que nos hiciera daño!

Ven, dame tu mano, el valor de tu mano
cuando mi ser agonice.
Retengámonos poderosamente,
como lo hacen los astros que coronan el espacio,
porque somos el oscuro equilibrio del tiempo,
la temible seguridad de los hemisferios de la tierra
y los seres que legarán nuestras entrañas.

Nuestras huellas gravitan en todos los misterios
y en nosotros todo se cumple,
Porque avecinamos estrellas y vientos
y nos abisma la magia de la Naturaleza.
Abandonados al silencio, habitamos antiguos huracanes
y los murmurantes secretos que rinden el corazón.



Poema Respuesta de Catalina De Zúñiga



El diligente deseo
podría se de placer
por el dulce devaneo;
mas la fineza dél, creo
que está puesta en padecer,
porque aunque poder cumplille
en servidio del amado
es el bien más estimado,
lo que cuesta el diferille
hace el mérito doblado

Mayor deudo con lo feo
no sabiendo el negro color,
sin saber si es lo mejor
yo diría a ley de creo
que de azul el resplandor.
Subir un hombre vencido
podrá, cuando la vitoria
guste de echar en olvido
al que ayer favorecido
hoy borre de la memoria.

Mas pensar que ser amado
con el que ama tiene igual,
eso estáse averiguado
por ser caso reservado
para gente de caudal.
Para amado, ¿quién no basta?
Para amar, ¿hay bueno alguno?
A no llamarme inoportuno
jurara que desta casta
no ha quedado ya ninguno.



Poema Y Azúcar de Carolina Escobar Sarti



Trituraré la caña
y cuando hable
será jugo para ti.

Se hará nada
en los laberintos
de tu pensamiento
y endulzará el ayuno
de tus recuerdos.

Se derramará
pegajosa
entre tus dedos
te provocará
te llamará
te comerá por dentro.

Se derretirá
en tu boca
y labrará
el musgo abrazado
a tu cuerpo.

Cuando el agua
te rebalse
la ira del colibrí
le pondrá miel
a tu palabra.



Poema Veneno de Carolina Escobar Sarti



Para endulzar tu saliva
tu sangre
y la humedad de tu cuerpo
usaré veneno.

Te veré morir
lentamente
en este lecho
entre manos de agua
y leche.

La palabra que te ama
recorrerá tu cuerpo.

Como arsénico.

Interrumpirá tu vida
y sentirás que la locura
ebria
desnudará tus sueños.

Te verterás
convulsionarás
te paralizarás.

En el portal del abismo
desatará los nudos
para encontrarte…



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