Poema Discurso En Loor De La Poesía (ii) de Clarinda



Seguía su soberbia el arrogante,
amaba la crueldad el sanguinoso,
y el avariento el oro rutilante.

Era Dios la lujuria del vicioso,
adoraba el ladrón en la rapiña,
y al honor daba incienso el ambicioso.

No habría deidad ni ley divina,
si no era el propio gusto y apetito,
por carecer de ciencias y doctrina.

Mas el eterno Dios incircunscrito,
por las causas que al hombre son secretas,
fue reparando abuso tan maldito.

Dio al mundo (indigno de esto) los poetas
a los cuales filósofos llamaron,
sus vidas estimando por perfectas.

Estos fueron aquellos que enseñaron
las cosas celestiales, y la alteza
de Dios por las criaturas rastrearon:

Éstos mostraron de naturaleza
los secretos; juntaron a las gentes
en pueblos, y fundaron la nobleza.

Las virtudes morales excelentes
pusieron en precepto; y el lenguaje
limaron con sus metros eminentes.

La brutal vida, aquel vivir salvaje
domesticaron, siendo el fundamento
de policía en el contrato y traje.

De esto tuvo principio y argumento
decir que Orfeo con su voz mudaba
los árboles y peñas de su asiento;

mostrando que los versos que cantaba,
fuerza tenían de mover los pechos
más fieros que las fieras que amansaba.

Conoció el mundo en breve los provechos
de este arte celestial de la Poesía,
viendo los vicios con su luz deshechos,

Creció su honor, y la virtud crecía
en ellos, así el nombre de poeta
casi con el de Jove competía.

Porque este ilustre nombre se interpreta
hacedor, por hacer con artificio
nuestra imperfecta vida más perfecta;

Y así el que fuere dado a todo vicio
Poeta no será, pues su instinto
es deleitar, y doctrinar su oficio.

¿Qué puede doctrinar un disoluto?
¿Qué pueden deleitar torpes razones?
pues solo esta el deleite do está el fruto.

Tratemos, Musa, de las opiniones
que del poema angélico tuvieron
las griegas y romúlidas naciones.

Las cuales como sabias entendieron
ser arte de los cielos descendida,
y así a su Apolo dios la atribuyeron.

Fue en aquel siglo en gran honor tenida,
y como don divino venerada,
y de muy poca gente merecida.

Fue en montes consagrados colocada,
en Helicón, en Pimpla y en Parnaso,
donde a las Musas dieron la morada.

Fingieron que si al hombre con su vaso
no infundían el metro, era imposible
en la poesía dar un solo paso.

Porque aunque sea verdad que nos es factible
alcanzarse por arte lo que es vena,
la vena sin el arte es irrisible.

Oíd a Cicerón cómo resuena
con elocuente trompa en alabanza
de la gran dignidad de la Camena.

El buen poeta (dice Tulio) alcanza
espíritu divino, y lo que asombra
es darle con los dioses semejanza.

Dice que el nombre de poeta es sombra,
y tipo de deidad santa y secreta;
y que Ennio a los poetas santos nombra.

Aristóteles diga qué es poeta:
Plinio, Estrabón, y díganoslo Roma,
pues da al poeta nombre de profeta.

Corona de laurel, como al que doma
bárbaras gentes, Roma concedía
a los que en verso honraban su idioma,

dábala al vencedor porque vencía
y dábala al poeta artificioso
porque a vencer, cantando, persuadía.

¡Oh tiempo veces mil y mil dichoso
-digo dichoso en esto-, pues que fuiste
en el arte de Apolo tan famoso!

¡Cuán bien sus excelencias conociste,
con cuánto acatamiento la estimaste,
en qué punto y quilate la pusiste!

A los doctos poetas sublimaste,
y a los que fueron más inferiores
en el olvido eterno sepultaste,

de monarcas, de reyes, de señores,
sujetaste los cetros y coronas
el arte, la mayor de las mayores.

Y siendo aquesto así, ¿por qué abandonas
ahora a la que entonces diste el lauro,
y levantaste allá sobre las zonas?

Del Nilo al Betis, del Polaco al Mauro
hiciste le pagasen el tributo
y la encumbraste sobre Ariete y Tauro.

A Julio César vimos (por quien luto
se puso Venus, siendo muerto a manos
del Bruto en nombre, y en los hechos bruto.

En cuánta estima tuvo el soberano
metrificar, pues de la negra llama
libró a Marón, el Docto Mantuano.

Y en honor de Calíope su dama
escribió el mismo la sentencia en verso,
por quien vive la Eneida y tiene fama.

Y el Macedonio que del universo
ganó tan grande parte, sin que agüero
le fuese en algo a su opinión adverso;

no contento con verse en sumo imperio,
del hijo de Peleo la memoria
envidió, suspirando por Homero.

No tuvo envidia del valor y gloria
del griego Aquiles, mas de que alcanzase
un tal poeta y una tal historia;

Considerando que aunque sujetase
un mundo y mundos, era todo nada,
sin un Homero que lo celebrase.

La Ilíada, su dulce enamorada,
en paz, en guerra, entre el calor o el frío
le servía de espejo y de almohada.

Presentáronle un cofre en que Darío
guardaba sus ungüentos, tan precioso
cuanto explicar no puede el verso mío.

Viendo Alejandro un cofre tan costoso,
lo acepto, y dijo: ?Aquéste solo es bueno
para guardar a Homero el sentencioso.?

Poniendo a Tebas con sus armas freno,
a la casa de Píndaro y parientes
reservó del rigor de que iba lleno.

Siete ciudades nobles, florecientes,
tuvieron por el ciego competencia;
que un buen poeta es gloria de mil gentes.

Apolo en Delfos pronunció sentencia
de muerte contra aquéllos que la dieron
a Arquíloco, un poeta de excelencia.

A Sófocles sepulcro honroso abrieron
los de Lacedemonia, por mandado
expreso que del Bromio dios tuvieron.

Mas ¿para qué en ejemplos me he cansado
por mostrar el honor que a los poetas
los dioses y las gentes les han dado,

si en las grutas del Báratro secretas
los demonios hicieron cortesía
a Orfeo por su arpa y chanzonetas?

No quiero explique así la Musa mía
los Latinos, que alcanzan nombre eterno
por este excelso don de la Poesía;

los cuales con su canto dulce y tierno
a sí y a los que en metro celebraron
libraron de las aguas del Averno.

Sus nombres con su pluma eternizaron,
y de la noche del eterno olvido
mediante sus vigilias se escaparon.

Conocido es Virgilio, que a su Dido
rindió al amor con falso disimulo,
y el tálamo afeó de su marido.

Pomponio, Horacio, Itálico, Catulo,
Marcial, Valerio, Séneca, Avïeno,
Lucrecio, Juvenal, Persio, Tibulo,

y tú, ¡oh Ovidio!, de sentencias lleno,
que aborreciste el foro y la oratoria
por seguir de las nueve el coro ameno.

Y olvido al español que, en dulce historia,
el farsálico encuentro nos dio escrito
por dar a España con su verso gloria.

Pero ¿do voy, a do me precipito?
¿Quiero contar del cielo las estrellas?
quédese, que es contar un infinito.

Mas será bien, pues soy mujer, que de ellas
diga mi Musa si el benigno cielo
quiso con tanto bien engrandecedlas.

Soy parte, y como parte me recelo
no me ciegue afición; mas diré solo
que a muchas dio su lumbre el dios de Delo.

Léase Policiano, que de Apolo
fue un vivo rayo, el cual de muchas canta,
divulgando su honor de polo a polo.

Entre muchas, ¡oh Safo!, te levanta
el cielo, por tu metro y por tu lira,
y también de Damófila discanta.

Y de ti, Pola, con razón se admira,
pues limaste a Lucano aquella historia,
que a ser eterna por tu causa aspira.

Dejemos las antiguas: ¿con qué gloria
de una Proba Valeria, que es romana,
hará mi lengua rústica memoria?

Aquesta, de la Eneida mantuana
trastocando los veros hizo en verso
de Cristo vida y muerte soberana.

De las Sibilas sabe el universo
las muchas profecías que escribieron
en metro numeroso, grave y terso.

Estas, del celestial consejo fueron
partícipes, y en sacro y dulce canto
las Fébadas oráculos dijeron.

Sus vaticinios la Tiresia Manto
de divino furor arrebatada,
en versos los cantó, poniendo espanto.

Pues ¿qué diré de Italia que adornada
hoy día se nos muestra con matronas
que en esto exceden a la edad pasada?

Tú, ¡oh Fama!, en muchos libros las pregonas
sus rimas cantas, su esplendor demuestras,
y así de lauro eterno las coronas.

También Apolo se infundió en las nuestras,
y aún yo conozco en el Perú tres damas
que han dado en la poesía heroica muestra.

Las cuales…; mas callemos, que sus famas
no las fundan en verso; a tus varones,
¡oh España!, vuelvo, pues allá me llamas.

También se sirve Apolo de leones,
pues han mil españoles florecido
en épicas, en cómico y canciones.

Y muchos han llegado, y excedido
a los griegos, latinos y toscanos,
y a los que entre ellos han resplandecido.

Que como dio el dios Marte con sus manos
al español su espada, porque él solo
fuese espanto y horror de los paganos;

así también el soberano Apolo
le dio su pluma, para que volara
De el eje antiguo a nuestro nuevo polo.

¡Quién fuera tan dichosa que alcanzara
tan elegantes versos, que con ellos
los poetas de España sublimara!

Aunque loarlos yo fuera ofenderlos,
fuera por darles lustre, honor y pompa
oscurecerme a mí y oscurecerlos.

La Fama con su eterna y clara trompa
tiene el cuidado de llevar sus nombres
a do el rigor del tiempo no los rompa;

Y ellos también con plumas mas que de hombres,
a pesar del olvido, cada día
eternizan sus obras y renombres.

¡Oh España venerable, oh madre pía,
dichosa puedes con razón llamarte,
pues ves por ti en su punto la Poesía!

En ti vemos de Febo el estandarte;
tú eres el sacro templo de Minerva,
y el trono y silla del horrendo Marte.

Gloríate de hoy más, pues la proterva
envidia se te rinde y da blasones,
sin que los borre la fortuna acerba.



Poema Discurso En Loor De La Poesía (i) de Clarinda



La mano y el favor de la Cirene,
a quien Apolo amó con amor tierno;
y el agua consagrada de Hipocrene,

y aquella lira con que del Averno
Orfeo libertó su dulce esposa,
suspendiendo las furias del infierno;

la célebre armonía milagrosa
de aquel cuya testudo pudo tanto,
que dio muralla a Tebas la famosa;

el platicar suave, vuelto en llanto
y en sola una voz, que a Júpiter guardaba,
y a Junio entretenía y daba espanto;

quisiera que alcanzaras, Musa mía,
para que en grave y sublimado verso
cantaras en loor de la Poesía.

Que ya el vulgo rústico, perverso,
procura aniquilarla, tú hicieras
su nombre eterno en todo el universo.

Aquí, Ninfas del Sur, venid ligeras;
pues que soy la primera que os imploro,
dadme vuestro socorro las primeras.

Y vosotras, Pimpleides, cuyo coro
habita en Helicón, dad largo el paso,
y abrid en mi favor vuestro tesoro;

de el agua medusea dadme un vaso,
y pues toca a vosotras, venid presto,
olvidando a Libetros y a Parnaso.

y tú, divino Apolo, cuyo gesto
alumbra al orbe, ven en un momento,
y pon en mí de tu saber el resto.

Inflama el verso mío con tu aliento,
y en l?agua de tu trípode lo infunde,
pues fuiste de él principio y fundamento.

¿Mas en qué mar mi débil voz se hunde?
¿A quién invoco? ¿Qué deidades llamo?
¿Qué vanidad, que niebla me confunde?

Si, ¡oh gran Mexía! En tu esplendor me inflamo,
si tú eres mi Parnaso tú mi Apolo,
¿para qué a Apolo y al Parnaso aclamo?

Tú en el Perú, tú en el Austrino polo,
eres el Delio, el Sol, el Febo santo;
sé, pues, mi Febo, mi Sol y Delio solo.

Tus huellas sigo, al cielo me levanto
con tus alas; defiendo a la poesía:
Fébada tuya soy, oye mi canto.

Tú me diste precepto, tú la guía
me serás, tú que honor eres de España,
y la gloria del nombre de Mexía.

Bien sé que con intentar esta hazaña
pongo un monte, mayor que Etna el nombrado,
en hombros de mujer, que son de araña;

mas el grave dolor que me ha causado
ver a Helicona en tan humilde suerte,
me obliga a que me muestre tu soldado.

Que en guerra que amenaza afrenta o muerte,
será mi triunfo tanto más glorioso
cuanto la vencedora es menos fuerte.

Después que Dios con brazo poderoso
dispuso el caos y confusión primera,
formando aqueste mapa milagroso;

después que en la celeste vidriera
fijó los signos, y los movimientos
del Sol compuso en su admirable esfera;

después que concordó los elementos
y cuanto en ellos hay, dando precepto
al mar que no rompiese sus asientos;

recopilar queriendo en un sujeto
lo que criado había, al hombre hizo
a su similitud, que es bien perfecto,

de frágil tierra y barro quebradizo
fue hecha aquesta imagen milagrosa,
que tanto al autor suyo satisfizo,

y en ella con su mano poderosa
epilogó de todo lo criado
la suma, y lo mejor de cada cosa.

Quedó del hombre Dios enamorado,
y dióle imperio y muchas preeminencias,
por Vicediós dejándole nombrado.

Dotóle de virtudes y excelencias,
adornólo con artes liberales,
y dióle infusas por su amor las ciencias.

Y todos estos dones naturales
los encerró en un don tan eminente,
que habita allá en los coros celestiales.

Quiso que aqueste don fuese una fuente
de todas cuantas artes alcanzase
y mas que todas ellas excelentes;

de tal suerte, que en él se epilogase
la humana ciencia, y ordenó que el darlo
a solo el mismo Dios se reservase;

que lo demás pudiese él enseñarlo
a su hijos, mas que este don precioso
sólo el que se lo dio pueda otorgarlo.

¿Qué don es éste? ¿quién el más grandioso
que por objeto a toda ciencia encierra,
sino el metrificar dulce y sabroso?

El don de la poesía abraza y cierra,
por privilegio dado de la altura,
las ciencias y artes que hay acá en la tierra,

esta las comprende en su clausura,
las perfecciona, ilustra y enriquece,
con su melosa y grave compostura.

Y aquel que en todas ciencias no florece,
y en todas artes no es ejercitado,
el nombre de poeta no merece,

y por no poder ser que esté cifrado
todo el saber en uno sumamente,
no puede haber poeta consumado.

Pero serálo aquel más excelente
que tuviera más alto entendimiento
y fuere en más estudios eminente.

Pues ya de la Poesía el nacimiento
y su primer origen ¿fue en el suelo?
¿o tiene en la tierra el fundamento?

¡Oh Musa mía!, para mi consuelo
dime dónde nació, que estoy dudando.
¿Nació entre los espíritus del cielo?

Estos a su criador reverenciando
compusieron aquel Trisagio trino,
que al trino y uno siempre están cantando.

Y como la poesía al hombre vino
de espíritus angélicos perfectos,
que por conceptos hablan de continuo,

los espirituales, los discretos
sabrán más de poesía, y será ella
mejor mientras tuviere más conceptos.

De esta región empírea, santa y bella
se derivó en Adán primeramente,
como la lumbre deifica en la estrella.

¿Quién duda que, advirtiendo, allá en la mente
las mercedes que Dios hecho le había
porque le fuese grato y obediente,

no entonase la voz con melodía,
y cantase a su Dios muchas canciones
y que Eva alguna vez la ayudaría?;

y viviendo después entre terrones,
comiendo con sudor por el pecado,
y sujeto a la muerte y sus pasiones;

estando con la reja y el arado,
¿qué elegías compondría de tristeza,
por verse de la gloria desterrado?

Entro luego en el mundo la rudeza
con la culpa; hincharon las maldades
al hombre de ignorancia y de bruteza;

dividiéronse en dos parcialidades
las gentes; siguió a Dios la más pequeña,
y la mayor a sus iniquidades.

La que siguió de Dios el bando y seña,
toda ciencia heredó, porque la ciencia
fundada en Dios al mismo Dios enseña.

Tuvo también y en suma reverencia
al don de la Poesía, conociendo
su grande dignidad y su excelencia.

Y así el dichoso pueblo, en recibiendo
de Dios algunos bienes y favores,
le daba gracias, cantos componiendo.

Moisés, queriendo dar sumos loores,
y la gente hebrea, a Dios eterno,
por ser de los egipcios vencedores,

el cántico hicieron dulce y tierno
(que el Exodo celebra) relatando
cómo el rey Faraón bajó al infierno.

Pues ya cuando Jahel privó del mando
y de la vida a Sísara animoso,
a Dios rogando y con el mazo dando.

¡Qué poema tan grave y sonoroso
Barac el fuerte y Débora cantaron,
por ver su pueblo libre y victorioso!

La muerte de Goliat celebraron
las matronas con versos de alegría,
cuando a Saúl con ellos indignaron.

El rey David sus salmos componía,
y en ellos del gran Dios profetizaba;
¡de tanta majestad es la poesía!

El mismo los hacía y los cantaba:
y más que con retóricos extremos
a componer a todos incitaba.

?Nuevo cantar a nuestro Dios cantemos
(decía) y con templados instrumentos
su nombre bendigamos y alabemos.

?Cantadle con dulcísimos acentos,
sus maravillas publicando al mundo,
y en él depositad los pensamientos?.

También Judit, después que al tremebundo
Holofernes cortó la vil garganta,
Y morador lo hizo del profundo,

Al cielo empíreo aquella voz levanta,
Y dando a Dios loor por la victoria,
Heroicos y sagrados versos canta.

Y aquellos que gozaron de la gloria
En Babilonia estando en medio el fuego
Menospreciando vida transitoria,

Las voces entonaron con sosiego,
Y con metros al Dios de las alturas
Hicieron fiesta, regocijo y juego.

Job sus calamidades y amarguras
Escribió en verso heroico y elegante;
Que a veces un dolor brota dulzuras.

A Jeremías dejo, aunque más cante
Sus trenos numerosos, que ha llegado
Al Nuevo Testamento mi discante.

La Madre del Señor de lo criado,
¿no compuso aquel canto que enternece
al corazón más duro y obstinado?

?A su señor mi ánima engrandece,
y el espíritu mío de alegría
se regocija en Dios y le obedece?.

¡Oh dulce Virgen, ínclita María!
no es pequeño argumento y gloria poca
esto para estimar a la Poesía:

Que basta haber andado en vuestra boca
para darle valor, y a todo cuanto
con su pincel dibuja, ilustra y toca.

¿Y qué diré del soberano canto
de aquel a quien, dudando allá en el templo,
quitó la habla el Paraninfo santo?

a ti también, ¡oh Simeón!, contemplo,
que abrazado a Jesús con brazos píos,
de justo y de poeta fuiste ejemplo.

El Hossana cantaron los judíos
a aquel a cuyos miembros con la lanza
después dejaron de calor vacíos,

mas ¿para qué mi musa se abalanza
queriendo comprobar cuánto a Dios cuadre
que en metro se le dé siempre alabanza?

Pues vemos que la Iglesia nuestra madre
con salmos, himnos, versos y canciones
pide mercedes al Eterno Padre.

De aquí los sapientísimos varones
hicieron versos griegos y latinos
de Cristo, de sus obras y sermones.

Mas ¿cómo una mujer los peregrinos
metros del gran Paulino y del hispano
Juvenco alabará siendo divinos?

De los modernos callo a Mantuano,
a Fiera, a Sannazaro, y dejo a Vida,
y al honor de Sevilla, Arias Montano.

De la parcialidad que desasida
quedó de Dios, negando su obediencia
es bien tratar, pues ella nos convida.

Esta, pues, se apartó de la presencia
se Dios, y así quedó necia, ignorante,
bárbara, ciega, ruda y sin prudencia.



Poema Yo Sin Ti de Claribel Alegria



Yo sin ti
pero contigo
llevando a cuestas
tu muerte.
Mi soledad y la tuya
que ya han cerrado
su escape.



Poema De Vuelta A Los Tejados de Esther Giménez



De un primer salto
me subiré en el Árbol de la Vida.
Está desnudo ya de primaveras
y no se quejará.

Segundo salto:
en la terraza del segundo piso
un par de truchas jóvenes se quieren
y mueren por amor.

Del tercer salto
directamente al límite del cielo.
Gorriones, despertad bajo las tejas
o no traeréis el alba.

Un cuarto salto…
¡He estado tanto tiempo por el suelo!
Se me olvidó la brisa erizadora
del quince al diecisiete.

El quinto salto.
¿Es Luna mi sonrisa? Me regala
unas pupilas nuevas que destellan
también por la mañana.



Poema Vuelo Interrumpido de Claribel Alegria



Soñé que era un ala
desperté
con el tirón
de mis raíces.



Poema Ven Conmigo de Claribel Alegria



Ven conmigo
subamos al volcán
para llegar al cráter
hay que romper la niebla
allí adentro
en el cráter
burbujea la historia:
Atlacatl
Alvarado
Morazán
y Martí
y todo ese gran pueblo
que hoy apuesta.
Desciende por las nubes
hacia el juego de verdes
que cintila:
los amantes
la ceiba
el cafetal
mira los zopilotes
esperando el festín.
«Yo estuve mucho rato
en el chorro del río.»
explica la mujer
«un niño de cinco años
me pedía salir.
Cuando llegó el ejército
haciendo la barbarie
nosotros tratamos de arrancar.
Fue el catorce de mayo
cuando empezamos a correr.
Tres hijos me mataron
en la huida
al hombre mío
se lo llevaron amarrado.»
Por ellos llora la mujer
llora en silencio
con su hijo menor
entre los brazos.
«Cuando llegaron los soldados
yo me hacía la muerta
tenía miedo que mi cipote
empezara a llorar
y lo mataran.»
Consuela en susurros
a su niño
lo arrulla con su llanto
arranca hojas de un árbol
y le dice:
«mira hacia el sol
por esta hoja»
y el niño sonríe
y ella se cubre el rostro de hojas
para que él no llore
para que vea el mundo
a través de las hojas y no llore
mientras pasan los guardias
rastreando.
Cayó herida
entre dos peñas
junto al río Sumpul
allí quedó botada
con el niño que quiere
salir del agua
y con el suyo.
Las hormigas le suben
por las piernas
se tapa las piernas
con más hojas
y su niño sonríe
y el otro callado
la contempla
ha visto a los guardias
y no se atreve a hablar
a preguntar.
La mujer junto al río esperaba la muerte
no la vieron los guardias
y pasaron de largo
los niños no lloraron
fue la Virgen del Carmen
se repite en silencio
un zopilote arriba
hace círculos lentos
lo mira la mujer
y lo miran los niños
el zopilote baja
y no los ve
es la Virgen del Carmen
repite la mujer
el zopilote vuela
frente a ellos
con su carga de cohetes y los niños lo miran
y sonríen
da dos vueltas
y empieza a subir
me ha salvado la Virgen
exclama la mujer
y se cubre la herida
con más hojas
se ha vuelto transparente
se confunde su cuerpo con la tierra
y las hojas
es la tierra
es el agua
es el planeta
la madre tierra
húmeda
rezumando ternura
la madre tierra herida
mira esa grieta honda
que se le abre
la herida está sangrando
lanza lava el volcán
una lava rabiosa
amasada con sangre
se ha convertido en lava
nuestra historia
en pueblo incandescente
que se confunde con la tierra
en guerrilleros invisibles
que bajan en cascadas
transparentes
los guardias
no los ven
ni los ven los pilotos
que calculan los muertos
ni el estratega yanqui
que confía en sus zopilotes
artillados
ni los cinco cadáveres
de lentes ahumados
que gobiernan.
Son ciegos a la lava
al pueblo incandescente
a los guerrilleros disfrazados
de ancianos centinelas
y de niños correo
de responsables de tugurios
de seguridad
de curas conductores
de cuadros clandestinos
de pordioseros sucios
sentados en las gradas
de la iglesia
que vigilan la guardia.
La mujer de Sumpul
está allí con sus niños
uno duerme en sus brazos
y el otro camina.
Cuénteme lo que vio
le dice el periodista.
«Yo estuve mucho rato
en el chorro del río.»



Poema Tu Muerte de Claribel Alegria



Tu muerte te congela
estás inmóvil
mi vida en cambio
fluye
y me acerca veloz
hacia el encuentro.



Poema Tiempo De Amor de Claribel Alegria



Sólo cuando me amas
se me cae esta máscara pulida
y mi sonrisa es mía
y la luna la luna
y estos mismos árboles
de ahora
este cielo
esta luz
presencias que se abren
hasta el vértigo
y acaban de nacer
y son eternos
y tus ojos también
nacen con ellos
tu mirada
tus labios que al nombrarme
me descubren.
Sólo cuando te amo
sé que no acabo en mí
que es tránsito la vida
y que la muerte es tránsito
y el tiempo un carbúnculo encendido
sin ayeres gastados
sin futuro.



Poema Tambien Me Gusta El Amor de Claribel Alegria



También me gusta el amor
al que le cierran la puerta
el que entra por la ventana
volando sobre una cuerda.



Poema Soy Una Gaviota de Claribel Alegria



Soy una gaviota
solitaria
con el ala tronchada
abro un surco en la arena.



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