Poema España En El Sueño de Carlos Bousoño



A Carmen Braga

Desde aquí yo contemplo, tendido, sin memoria
el campo. Piedra y campo, y cielo, y lejanía.
Mis ojos miran montes donde sembró la historia
el dulce sueño amargo que sueñan todavía.

Pero el amor fundido en piedra, día a día;
pero el amor mezclado con monte, o con escoria,
es duradero y te amo, oh patria, oh serranía
crespa, que te levantas, bajo el cielo, ilusoria.

Campos que yo conozco, cielos donde he existido;
piedras donde he amasado mi corazón pequeño;
bosques donde he cantado; sueños que he padecido.

Os amo, os amo, campos, montañas, terco empeño
de mi vivir, sabiendo que es vano mi latido
de amor. Mas te amo, patria, vapor, fantasma, sueño.



Poema Eres Feliz de Carlos Bousoño



Eres feliz. Saber no quieras
lo que brilla en los ojos humanos.
Sonríe tú como mañana fresca,
como tarde colmada en su ocaso.

Porque eres eso, sí: la tarde pura
en que a veces yo mojo mis manos,
en que a veces yo hundo mi rostro.
¡La tarde pura en su placer dorado!

La savia dulce de la primavera,
toda la luz de la tarde en un cántico,
sube entonces feliz y presurosa
desde tu corazón hasta mis labios.



Poema En La Muerte (primera Elegía En La Muerte De Vicente Aleixandre) de Carlos Bousoño



Lo último que dijo fue esto: «La vida es un dolor»

Ojos que vi
tan llenos de dolor
en el último día, cuando faltaba poco
para morir,
y desde el lecho
él recordaba triste,
lejos, muy lejos, y un poquito borroso,
cuando con sus amigos,
allá en su niñez,
divirtiéndose mucho,
inmortal aún la vida,
iban al huerto, o al pinar, o al alto
palpitar de la luz.

Correr luego escondiéndose
tras unos matorrales,
un momento,
por que no los llamasen
desde la casa aún.
«Un poco más, un poco
más tan sólo.
La última vez, y ya.»
Y cuando le pusieron
una corona como rey del mundo
el día en que cumplía
siete años de rey,
siete de dueño
de todo, el universo: el aire, el mar.

Respiraba. Fatiga
e imposibilidad. La vida, la corona,
cartón pintado, alegre,
luego el amor, la compañía
honda, felicidad. Años sin duda, y todo fue
un instante tan sólo:
amarga pesadumbre
real.
Y ahora las lágrimas
que no lloró jamás vinieron a sus ojos,
resbalaban despacio
por sus mejillas pálidas,
humedecían la piel,
la boca,
y seguían bajando
cuando estaba ya muerto.
Las lágrimas duraban
más que sus ojos tristes,
más
que su propio dolor.



Poema La Silla de Renée Ferrer



Cuando salí al jardín entré en un sueño;
imán sin voz, vacío luminoso;
desde tu cuerpo ausente y de mi gozo
la silla me habla cuanto más me empeño

en acallar tu imagen en mis ojos.
Me cercan sus espaldas rigurosas.
ofrendándome el sitio donde posas
tus manos, tus caricias en manojos.

En las declinaciones del cordaje
busqué ansiosa el perfil de tu figura
y trenzando mi sed a tu cintura
soñé ser un navío en abordaje.

Mi sonrisa detrás de un jazminero
vio sollozando un ángel agorero.

Diciembre de 1993



Poema El Amor de Carlos Bousoño



Íbamos de camino.
Mi cariño en sus brisas te oreaba.
Tu cabello llevado entre los céfiros
era también como brisa del alma.

Eras también como brisa en la brisa.
¡Qué claridad rumorosa mis ansias!
¡Oh transparencia vital que encendía
toda mi vida cual fuego en luz blanca!

De mi alma entonces salía silvestre
el aire fresco de la madrugada.
Allá dentro, por dentro, ¡qué pura
la caricia amorosa del alba!

¡Qué delicadas nubes se encendían
y qué irisadas aguas!
El mundo era el sonido
y en mi interior sonaba.



Poema Celebración De Un Cumpleaños de Carlos Bousoño



(Homenaje a Octavio Paz)

Haber estado fuera de ti mismo, un viaje vertiginoso, y después
la quietud, pordiosero
de tu conciencia, eremita
en el yermo de la inacción, creyendo
solamente en el cardo, en la excesiva piedra,
sin pozo donde beber, sin comida, sin pan,
mísero y sin arboladura,

como un barco después de la tempestad,
pero una tempestad no vivida, sin la grandeza de esa experiencia suma,
barco en un mar, monótono y sin fin, monocromo, con agua gris,
o, mejor dicho, sin ella, navegando en el no color
navegando en la no agua, con sequedad en aquella monotomía;

o en medio de las ruinas, tras un terremoto
desolador,
mas en un sitio donde no existieron casas ni se erigieron monumentos,
ni el suelo se resquebrajó, ni hubo grietas;

allí, desterrado, sin el recuerdo de un perdido país,
mudo, sin la noción de un lenguaje ido,
quitado todo brillo, toda persuasión, toda queja,
irremediablemente solo, pero sin soledad,
pues no había tampoco memoria de ninguna anterior compañía;

allí, donde la evocación no puede alcanzar,
ya que para eso fuera precisa la previa enunciación,
allí, allí estuviste, de espaldas a tu propio ser,
sin ver, sin verte,

auqnue a veces sucedía lo opuesto y comenzabas a observar con gran nitidez,

quién sabe si por su condición principalmente ósea,

tu rodilla,
que pasaba, en ese trance, a ocupar
la totalidad de la atención y crecía (percibida entonces como de cerca) con ella;

tu enorme rodilla, tu extraordinario pie, tu pie magno,
pisando la estepa con resonancia, con estruendo, como de tambor,
tu pie gigantesco, tu pierna
alevosa, rotunda.

… Tu pierna, sí, que se alargaba, solitaria y autónoma, hasta donde nadie pudo nunca llegar,

y tras ella, pero sólo después,
tu cuerpo entero de desmesurada materia, de ruido, tu esqueleto sin par,
tu esqueleto terrible, avanzando a grandes zancadas
hacia nadie, hacia nada…

… Y luego, tu meditación solitaria, tras aquel singular engrandecimiento de su óseo objeto inicial,
saltaba, sin contemplaciones, como inesperado tigre en la selva,
hasta el momento inmediatamente posterior al final de tu vida,

y así, no sólo cuanto había de exageradamente grande en la visión anterior comenzaba de pronto, en su tamaño, a disminuir, volviendo poco a poco a su primera configuración natural,

sino que, incluso, en esa vía de pérdida y reducción
de la desproporcionada, contundente, genial osamenta,

cada trozo de tu cuerpo, normalizado ya (al ser visto ahora en su conjunto y sin aquella despreciativa y obsesiva parcelación que agigantaba la porción contemplada)
procedía, con mucha lentitud, eso sí, a ausentarse:

pero ahora la carne y la piel, en un primer instante, aún no desaparecían,
y se respetaba, por supuesto, tal vez, además, a causa de su enorme realidad
(enorme precisamente por impúdica e innombrable),
incluso a tu propio sexo, que acaso manifiestamente erguido aún,
se ofrecía entonces, en el féretro, de un modo sin duda ostentosamente inoportuno,

desafiante, competente,
impenitente, risible

(cómo más de una vez, según dicen, ha ocurrido, en la efectiva realidad,
con grave escándalo y vergüenza de las familias);
y, en fin (¿para qué seguir?), resumamos el asunto diciendo,
de un modo llano y más abarcador,
que todo, pese a las apariencias, se estaba viniendo abajo, bien que, por el contrario,
las uñas seguían, con indiferencia y escepticismo, creciendo,
atentas exclusivamente a su labor, con una extraña avidez hacia más;
y lo mismo los pelos, la barba, sin hacer caso alguno de cuanto
parsimoniosamente se iba.

Pero enseguida, aquello incluso que se hallaba sometido a tan curiosa enajenación
se aniquilaba, y la inercia inmovilizadora llegaba, con puntualidad, a las más renuentes partículas,
esto es, surgía, por fin, en el tramo último del proceso,
el triunfo de la generalización, de la escrupulosa obediencia,
o sea, paradójicamente (y ello con toda precisión, sin excepción alguna ni dejar una mota de polvo en la pulida superficie del mueble), se desencadenaba

el desorden,
el caos de no ser visto, el escándalo de la invisibilidad, de la confusión,
allí, en el revés de la verdad, en el otro lado de la mentira,
en la frontera que no fuera dado trazar,
ese lugar sin localización donde verdad, mentira aparecían
como la misma respuesta a la interrogación que no hiciste,

¡oh pordiosero de tu conciencia, oh escrutador, oh minucioso explorador,

oh celebrador de lo infausto!



Poema Canción Para Un Poeta Viejo de Carlos Bousoño



(Vicente Aleixandre)

Muy cerca de la vida. Así tu hablar.
Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Azotado del viento y de los años
fuiste la vida, no sus desengaños.

Tu voz sonaba a viento y caracolas,
viejo de luz, hermano de las olas,

Conocimiento fue tu reposar.
Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Llegaste a viejo cual se llega a ser
la luz delgada del amanecer.

La luz delgada del saber callar,
del saber conocer y callar.

Del saber esperar, callar, seguir
hasta las olas del saber vivir.

Hasta las olas del saber amar
profundamente y como es quieto el mar.

Y como es quieto el mar se pone en pie
la insurrección del nunca moriré.

Y así tu ser, escrito en agua y sal
y en viento fue, y en todo lo inmortal.



Poema Camino de Carlos Bousoño



Confusa la historia
y clara la pena.
ANTONIO MACHADO

Aquí estás, camino de siempre,
hacia adelante, rota
la aspiración rosada, luna
que empalidece toda cosa.

Aquí estás y debes andar,
caminar como el agua absorta
por el torcido cauce, altos
los muros rojos, y a deshora.

Como el agua inmóvil transcurres
hacia un lejos, playa remota,
ya confusas historia y pena,
lejana la pena, la historia…



Poema Algo En Mi Sangre Espera Todavía de Carlos Bousoño



Algo en mi sangre espera todavía.
Algo en mi sangre en que tu voz aún suena.
Pero no. Inútilmente yo te llamo.
Aquella voz que te llamaba es ésta.

Ven hacia mí. Mis brazos crecen, huyen
donde los tuyos la mañana aquella.
Ven hacia mí. La tierra toda oscila,
se mueve, cruje. Vístete. Despierta.

Oh, qué encendida el alma
en su secreto puro, si vinieras.
Sin esperanza, entre la luz del día,
mi voz te llama.
El eco. La respuesta.



Poema Itinerario Del Deseo de Renée Ferrer



Anoche tuve audiencia con mi cuerpo,
tu fantasma, mis señas personales:
indagué en el desánimo, en el cerco
de mis fiebres. Obsesos arenales

me circundan y crecen hacia adentro.
Me someten sus dunas, a las cuales
rehúyo, añoro, niego, miento, encuentro,
ofrendando el temblor de mis portales.

Sin que medie la luna te poseo
siguiendo de la sangre los puntales.
Dichoso itinerario del deseo
cuando abrevo mi sed en tus panales.

Cuando el alba se apresta a desvestirse
se despiden tus sombras, antes de irse.

Noviembre de 1993



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