Poema Las Manos de Alaide Foppa



Mis manos,
débiles, inciertas,
parecen
vanos objetos
para el brillo de los anillos,
sólo las llena
lo perdido,
se tienden al árbol
que no alcanzan,
pero me dan el agua
de la mañana,
y hasta el rosado
retoño de mis uñas
llega el latido.



Poema Ella Se Siente… de Alaide Foppa



Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no coreteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara
-no pesado silencio-
alguna vez escuchada.



Poema El Corazón de Alaide Foppa



Dicen que es del tamaño
de mi puño cerrado.
Pequeño, entonces,
pero basta
para poner en marcha
todo ésto.

Es un obrero
que trabaja bien
aunque anhele el descanso,
y es un prisionero
que espera vagamente
escaparse.



Poema Destierro de Alaide Foppa



Mi vida
es un destierro sin retorno.
No tuvo casa
mi errante infancia perdida,
no tiene tierra
mi destierro.
Mi vida navegó
en nave de nostalgia.
Viví a orillas del mar
mirando el horizonte:
hacia mi casa ignorada
pensaba zarpar un día,
y el presentido viaje
me dejó en otro puerto de partida.
¿Es el amor, acaso,
mi última rada?
Oh brazos que me hicieron prisionera,
sin darme abrigo…
También del cruel abrazo
quise escaparme.
Oh huyentes brazos,
que en vano buscaron mis manos…
Incesante fuga
y anhelo incesante
el amor no es puerto seguro.
Ya no hay tierra prometida
para mi esperanza.



Poema Gozo de René Char



¡Con cuánta ternura ríe la tierra cuando la nieve se despierta encima de ella! Día tras día, yacente besada, llora y ríe. El fuego que la evitaba se casa con ella apenas desaparece la nieve.

Versión de Jorge Riechmann



Poema Te Entristece Que Digan… de Al-gassaniyya De Pechina



¿Te entristece que digan
han partido los palanquines de las mujeres?
¿Cómo podras soportarlo, ay de ti,
cuando se vayan?
No hay más que muerte a su partida,
y si no, una resignación
como acíbar y triteza;
la vida era dulce
bajo la sombra de su presencia,
y el fardín de la unión amorosa
el más fragante perfume;
¡Qué felices noches en las que no temía a los reproches
por la pasión,
ni me asustaba que hubiese huida
a nuestra unión!
¡Ojalá supiera, ahora en la separación,
si todo será después como fue antes!



Poema Hay Un Deseo Ferviente De Encontrar Algo de Aida Toledo



Como un agujero en el mar
Que de profundo y salado
No pueda explicarse
Algo diferente al sueño
Como un intento de soñar
Quizás algo como un hueco
Mejor algo como un pozo
Y el hombre en el pozo
Mejor sí con un hombre en el pozo
Con un hombre escondido
Con un hombre que muera de misterio
Que la conjura sea el olvido
Que el pozo se convierta en hueco
Que el hueco no sea otra cosa que un sueño
Que sólo sea un intento
Que no se explica con ninguna teoría
Que cuando lo pruebe sea salado
Que cuando lo busque
No lo encuentre
Que sea como al inicio
Sólo deseo
Y ferviente



Poema Ella/ La Misma de Aida Toledo



me miro en el espejo
y no he dejado de ser
la misma
la que creyó en príncipes
la virgen
la que leía libros en el bus
la misma
con sus faldas cortas
y sus piernas flacas
la de la invariable rutina
de la casa al instituto
del instituto a la casa
la misma
la que medio soñó con hijos
la que pasó seis años con el
mismo novio
la que se equivocó
pensando que lo amaba
la misma
la que no miraron
cuando ella los miró
la que ahora escribe
en tanto un hombre
¿su príncipe tan esperado?
la deja la olvida la ignora
o la evade
ella/ la misma



Poema Tu Espalda de Aida Elena Parraga



es la tabla de mi único
mandamiento,
la arena en que se hunden
mis manos saladas de deseo,
la tierra que espera
mis arados
y que le llueve a mi semilla.
El calendario de amor
en el que marco mis orgasmos,
la cartilla
en que aprendí a leerte,
mi único recuerdo en las mañanas,
mi más firme asidero del presente.



Poema Terminal De O. de Aida Elena Parraga



El pequeño demonio,
encorvado,
flaco y harapiento,
con los ojos inyectados de thinner
y la mirada perdida
en laberintos únicos,
propios e irrepetibles.
El pequeño demonio,
andrajoso y repugnante,
salt?de su pedazo de infierno
en la acera
para aterrizar frente a un par de zapatos,
(Nike,
para más señas)
¡Que asco!
¡Que horror!
¡me ha tocado el tacón de mi zapato?
El pequeño demonio
no conoce más gracia que ésa.
No sabe ladrar como el perrito,
ni cantar como sirena,
no entiende de buenos modales,
esas cosas no se aprenden en la acera,
y tiene hambre…
Un hambre que ha tenido
desde que recuerda,
y tiene frío,
tanto que le ha congelado la horchata
de las venas
y tiene un odio tan grande,
que no le cabe en los huesos,
que no le cabe en las manos,
que no le cabe en la acera…

Entonces el vapor dorado,
como la mano de un Dios que no conoce,
le quita el hambre y el frío,
le convierte en palacio la dura acera,
le da cinco minutos de alas
y un año menos de espera.
El pequeño demonio,
¡asqueante repulsivo andrajoso!
¡piojoso enfermo alucinado!
¡muerto de hambre!
con la cuchilla en la mano
(antitesis de todo bien nacido ser humano)
nos hace voltear la cara,
nos revuelve el estomago
nos hace pensar en veneno para ratas.

Ese maldito pequeño demonio
con su pedazo de infierno a las espaldas
no ha llegado a los quince años
y ya conoce el fondo de la vida
y est?solo
en el universo llameante
de la esquina.



« Página anterior | Página siguiente »


Políticas de Privacidad