Poema Antes De Nacer (fragmentos) de Alberto Blanco



E

antes de nacer reconocemos verdaderamente nuestra vida
de nuevo Adán como ese niño del aire que sólo vino a dar
nombres de luz al claro mundo de la segunda concepción

de materia densa recién coronada es la forma que ha de ser
nutrida por el poder de una idea por la raíz de la acción
ala de cada vida en medio humano doble sol del que vela

en el largo camino desde los ínfimos detalles anunciados
desde ese perdón que no encuentra el momento de darse
hasta las gracias que generosamente comunican su silencio

N

series no finitas éste es un templo en medio de la tierra
la materia prima catedrales cristalizadas en el invierno
vamos a despertar antes de que el nacimiento nos restituya

por las cuatro moradas finalmente vertidas en una esfera
los hilos de colores conforman el blanco floración terrena
la sal de la tierra teñida con los licores de la celebración

con gran voluntad desfilan los animados por la cuadrícula
para ser de lejos en las auténticas llanuras del augurio
la ecuación social resuelta en polvo el día del examen

O

vitral en llamas por este camino o este viajero encenizado
o permutaciones que ascienden al ritmo de un humo otoñal
laberintos ardidos en su propia duración y en su belleza

talleres donde los maestros hacen tiempo al día del hombre
con chimeneas de cartón y puertas gemelas en estas ciudades
hay un tendido de máscaras que se prenden al rostro preciso

por las antorchas corbatas de humo que buscan en el espejo
en los cromóforos los luchadores incandescentes en la vela
y los automatismos acuerdo de los adioses y de los nombres

S

hidrógeno genial palmeras de vapor en el mar extendido
molécula maestra polaridad de las soluciones que pintan
la tinta paralela que corre con el consentimiento nuclear

de toda experimentación incomprobable alma de caballo
alegoría del rostro que cambia de forma al fondo del agua
al escribir las cartas de su corazón visor en el musgo austral

surte efecto la estrella de hielo en la palma de la mano
ámbar potable visiones de una vida que retorna al huevo
sonantes dádivas nacidas en los otros libros de pinturas



Poema Redoble de René Char



Sobre la mediana de la tarde, el bamboleo intermitente, el
malecón iluminado de una dársena, y su rechazo del sueño.
El rostro de la muerte y las palabras del amor: el tálamo
de una playa interminable con olas que lanzan a ella guijarros
-interminablemente. Y la lluvia atemorizada haciendo puente,
para no apaciguar.

Versión de Jorge Riechmann



Poema Esa Mujer de Alberto Angel Montoya



La noche junto a mí. La compañera
del alcohol, los besos y el desvío.
La noche en el espacio y en el frío.
La noche en fin. Y una mujer cualquiera.

Una mujer cualquiera en el desvío
de la hora que ríe placentera.
Una cualquier mujer que no supiera
más que pasar la noche bajo el frío.

Pasar la noche y esperar la aurora.
Y al vino devolver su primitiva
forma de uva, la boca tentadora.

Esa mujer eterna y fugitiva.
Esa mujer de siempre y de una hora:
Mariela, Esther, Emperatriz, Oliva.



Poema Éramos Tres Los Caballeros de Alberto Angel Montoya



Éramos tres los caballeros. Uno
amaba el juego y la mujer. El otro
amaba la mujer y amaba el vino.
Yo amaba el vino, la mujer y el juego.

Íbamos por garitos y tabernas
jugando las sortijas
después de haber jugado las monedas.
Y en los amaneceres licenciosos
dejábamos al pie de la ruleta
la última sonrisa
y la última gema.

-Sobre el jardín en flor de las barajas
inventaba el zafiro una alba nueva-.

Bebíamos en copas repulidas
viejos vinos de rica procedencia,
o en los cálices rojos de las bocas
de las mujeres bellas,
vino de rojas uvas maduradas
al beso ardiente y la sensual promesa.

-Mujeres que una noche nos amaron
e hicieron más amarga nuestra pena-.

Éramos tres los caballeros. Uno,
jugador sin sortija y sin monedas,
se jugará la vida alguna noche
al dado con la trágica tahuresa.

Como fue su querer vivir de gala
en el vaivén de las mundanas fiestas,
a cambio de la flor luce en su traje
un estigma letal de adormideras.

Y bebe en el festín imaginario,
en la copa del día,
vino de albas siniestras.

El otro en un vagar hacia los vicios
y en busca de un licor que no ha existido
ni existirá jamás sobre la tierra,
llegó hasta el Monte de Piedad.

Un día
vertió en la copa su dolor, y plena
la copa de amargura, moribundo,
brindó por la bohemia.

Éramos tres los caballeros. Nadie
comprenderá en el mundo esa tristeza
que efluvia el fondo de las copas rotas
en que bebieron labios de doncellas,

ni el resignado hastío
que el grave azul de la sortija lleva.
-Éramos tres los caballeros… nadie
comprenderá jamás nuestra tristeza-.



Poema Ella de Alberto Angel Montoya



Ella está aquí, presente en la distancia
que separa su nombre de mi oído
y está aquí en el espacio estremecido
que hay entre mi recuerdo y su fragancia.

Ella se fue, y aún yerra por mi estancia
su nombre en su perfume diluido,
que por marcarle un límite al olvido
se hizo nombre y perfume la distancia.

Ella está aquí, presente en el abismo
de su ausencia en aroma. En el amargo
acento de su nombre en mi mutismo.

Que de tan corto amor, dolor tan largo,
sólo es nombre y perfume… Y sin embargo
yo pude acompañarla hasta mí mismo.



Poema El Rito de Alberto Angel Montoya



He hallado un rito antiguo, dolor, para que oficie
tu orgullo su venganza.
Asiática molicie
sobre cojines blandos. Mágico sueño de opio.
Edén imaginario que a la tristeza engañas,
colores imposibles y figuras extrañas
como si fueran vistos en un caleidoscopio.

No saber de los odios, envidias y rencores.
Creer estar tendido sobre un tapiz de flores.
Dejar de ser, o acaso ser todo y no ser nada.

Oh sueño que simulas roce de manos de hada
sobre los ojos puestas. El mundo qué pequeño.
Qué corta la existencia para vivir un sueño.

Frágil entre una nube de túnicas flotantes
pasa un desfile eterno de cuerpos insinuantes
que yo jamás amé.

Y todo en un pesado silencio de nirvana,
mientras que, suavemente, de la mesita enana
se difunde el aroma de las tazas de té.

Y ella lejos, muy lejos. Tan lejos, tan lejana,
que fue un milagro el lecho con ella esta mañana.



Poema El Retorno de Alberto Angel Montoya



Fue tan grande y amargo mi despecho,
y fue tu angustia en el adiós tan poca,
que al recordar la herida de tu boca
soñé con otra igual para mi pecho.

Mas hoy depongo mi rencor. Sospecho
que acaso loco yo, tú también loca,
el mal que así nuestro dolor provoca
uno al otro, a la vez, nos lo hemos hecho.

Prueba la copa y el dorado vino
ofréceme en tus labios. Adivino
que idéntica a esa flor presa en tu broche,

sumisa al ruego del amor serás.
Cómo eres tú, lo comprendí esta noche.
Cómo soy yo, tú nunca lo sabrás.



Poema Permanente Invisible de René Char



Permanente invisible de cazas codiciadas,
Cercano, cercano invisible tan cercano a mis dedos,
Oh presa mía distante la noche en que me inclino
Para un novel cuerpo a cuerpo.
Beber friolentamente, ser brutal restablece.
Sobre este jardín doble se redondea tu tapa.
Tienes la densidad de la rosa que se hará.

Versión de Jorge Riechmann



Poema Dos Mujeres de Alberto Angel Montoya



Agua amarga de un mar cuya ribera
era el párpado azul. Qué cielo ido
de ese mar a otro mar, entristecido
de lágrimas también y azul ojera.

Yo las amé a las dos. La una era
triste y frágil y pálida de olvido.
Y la otra… ¿la otra?… hubiera sido
-si sido hubiese- igual a la primera.

¿Qué misterio de amor será este vano
ambicionar el fruto no caído,
cuando se tiene el fruto entre la mano?

Y soñar en un cielo descendido,
soñándolo lejano, y tan cercano
de una mar a otra mar el cielo ido.



Poema Ana de Alberto Angel Montoya



He vuelto al puerto tropical que un día
miró el reposo de mi sed liviana
bajo la sombra de tus brazos. Ana,
tu boca era una fruta al medio día.

Después amor y estío en romería.
Viajes por hielo en el borgoña grana.
Y tras el vino, la caricia vana.
Mío el desdén y tuya la porfía.

Hoy de otro cuerpo mi placer se ufana.
Al «Café de los guamos» todavía
llega en vinos nocturnos la mañana.

Pero un dolor invade mi alegría:
no haberte amado cuando fuiste mía
y amarte ahora que te sé lejana.



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