Poema Tríptico Azul de Alberto Blanco



I

Hay mañanas
en que bajas al río
y te detienes
a escuchar en la corriente
la voz amorosa del mar.

Quisieras volar,
seguir el cauce
de su pelo suelto,
y tal esperanza te sostiene
sobre los juncos de la ribera.

II

Una paloma
cruza los maizales
quebrando
en violetas y grises
la certeza de las miradas.

Absortas en la luz
se doran las mazorcas,
brillanters contra el cielo
como lo ojos
colmados de placer.

III

Así mientras recobro
mi cuerpo lentamente,
la tarde en los balcones
toma la forma
de un barco que se aleja.

Entre las nubes que flotan
azules en el horizonte,
contemplo a la luna
dormir desnuda
junto al río.



Poema Los Petirrojos de Alberto Blanco



Con la puesta del sol los colorines cantaron:
de todos los puntos cardinales
convergieron los petirrojos en la almendra.

Paulatinamente llenaron con sus cuerpecitos
las ramas duras y secas del otoño.

Las jacarandas en tonos menores
y las nubes sonrojadas después del primer acorde
ensayaron el arte de la fuga.

Justo cuando el sol desapareció
los petirrojos ─al unísono─ de encendieron.

Imposible saber qué fue mas bello:
la intensa parvada y su acuerdo musical
o aquellos árboles prendidos en medio de la noche.



Poema Los Pericos de Alberto Blanco



Hablan todo el día
y entrada la noche
a media voz discuten
con su propia sombra
y con el silencio.

Son como todo el mundo
─los pericos─
de día el cotorreo,
de noche malos sueños.

Con sus anillos de oro
en la mirada astuta,
las plumas brillantes
y el corazón inquieto
por el lenguaje?

Son como todo el mundo
─los pericos─
los que hablan mejor
tienen su jaula aparte.



Poema Bajo Palabra de René Char



Hay llamas
Más vistosas que las manos que hacen rodar las pesadillas
Sobre la memoria

Se llega al sol por encantamiento
El amor tiene un acentuado sabor a vidrio
Es el coral que surge del mar
Es el perfume desaparecido que vuelve al bosque

Es la transparencia que paga su deuda
Es siempre esa cabeza
De labios deliciosamente entreabiertos
De este lado del muro
Y del otro lado quizás en la punta de una pica

Ralentir traveaux

Versión de Aldo Pellegrini



Poema Los Mirlos de Alberto Blanco



El canto de los mirlos
compuesto en la quietud
es como un pensamiento.

Por momentos parece crecer
para luego concentrarse
en su puntual irradiación.

Si se le presta atención
cada pétalo de sonido
convoca a su contrario.

Se diría que este silbido
es tan sólo la mitad
de una canción inaudita.

Esta ignorancia nos deja
con la clara sensación
de que los mirlos platican?

O bien que hay un secreto:
el genio de los mirlos
canta siempre por parejas.



Poema Los Gorriones de Alberto Blanco



Bajan de nueva cuenta hasta el jardín
bajan en grupo, solos, en parejas
en busca de semillas o de pan,
de agua fresca, de frutos o de insectos
pero los amilana una mirada.

Siguiendo loa atávicos auspicios
de su naturaleza, los gorriones
alzan el vuelo y tímidos se posan
en los cables de luz? como si fueran
las notas de un rondó en el pentagrama.



Poema Los Flamencos de Alberto Blanco



Aquella larga noche
mi sueño me llevó a la alberca
de las luces profundas y los flamencos
prendidos como rosas eléctricas
en el interior de una aguamarina.

Y en la soledad de aquel paraje
comprendí ─dentro del sueño─
que eran otros pájaros
los que soñaban minuciosamente
a los flamencos encendidos.

Vi también a aquellos otros pájaros
que desde un sueño inenarrable
desplegaban la forma de este sueño
acunados en sus plumas de agua.

Y no puedo decir de qué manera,
pero vi que aquellos pájaros soñadores
eran soñados a su vez
─de un modo incomprensible para mi─
por unos pájaros transparentes
en el silencio de la noche,
y que todas estas visiones
cristalizaban en otra luz más blanca.



Poema Los Búhos de Alberto Blanco



Detrás de cada nube, de cada monte
de cada copa, de cada rama
hay búhos en la noche.

Se esconden en el humo de las pipas.
Se alimentan de malentendidos
y estrellas de neón.

En la oscuridad se pueden confundir
lo mismo con esas cenizas
que con sus sombras.

Con los faros gemelos de sus ojos
recorren parsimoniosamente
las aguas de la noche.

Y conversan con el viento.
Sollozan con la lluvia.
Se callan con el sol.



Poema Los Azulejos de Alberto Blanco



Los espejos no cantan como antaño
y el espacio no es más que una lágrima
corriendo desde los ojos hasta el sueño
cuando nos dan una mala noticia?

Como cuando se embarca la tristeza
en una discusión sin más razón de ser
que una súbita parvada de reflejos
a un cambio en la dirección del viento
llorando por una porción de realidad.

No fue el humo lo que nos hizo daño,
ni fue el licor, ni la melancolía?
Fueron las palabras que dijimos
rodeadas por todos aquellos azulejos
que cantaban un blues en la neblina.



Poema La Música En La Edad De Hierro de Alberto Blanco



a Gabriel Macotela

Éste no es el viento de los sauces
ni el viento de los eucaliptos,
ni siquiera el viento que enciende las velas
y mueve lentamente los molinos.

No es el viento que desplaza las nubes
en el calendario del verano
ni el viento de la aurora
naciendo en las aves.

Hermanos, hermanas
ésta no es la canción del otoño
ni la canción de los amantes
naciendo el amor a la luz de la luna.

Éste no es el ritmo de los cristales de nieve
ni la danza alterna del día y la noche,
ni el pausado ritmo de tu respiración
y es mi respiración… escucha:
Es la voz de las ciudades enfermas sin remedio

?las láminas, los dados, las varillas?.
El ubicuo motor y el desconcierto
de una época que se disipa.

Es el sonsonete trillado que en el Apocalipsis
encuentra un eco de la transformación:
El reino de la velocidad
y los signos cruzados del tiempo.
Es el estrépito insensato de la industria
?las fábricas mil veces explotadas?.
Rastros de herrumbre y gases insidiosos.
Las fábricas, no tú ni yo.

Fragor, fricción y bruma entre la maquinaria
?horrísono chirriar en esta edad vacía,
en este barril sin fondo?. Es el idioma
internacional de la usura.

La nueva lengua universal:
El esperanto de la infamia
?los alambres, los picos, las cadenas?.
La edad de hierro no reconoce otra voz.

Pero no puede prolongarse eternamente la caída
porque el ruido tiene límites… escucha:
Éste no es el viento de los sauces
ni el viento de los eucaliptos…



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