Poema Árbol De Fuego de Alfredo Espino



Son tan vivos los rubores
de tus flores, raro amigo,
que yo a tus flores les digo:
«Corazones hechos flores».

Y a pensar a veces llego:
Si este árbol labios se hiciera…
¡ah, cuánto beso naciera
de tantos labios de fuego…!

Amigo: qué lindos trajes
te ha regalado el Señor;
te prefirió con su amor
vistiendo de celajes…

Qué bueno el cielo contigo,
árbol de la tierra mía…
Con el alma te bendigo,
porque me das tu poesía…

Bajo un jardín de celajes,
al verte estuve creyendo
que ya el sol se estaba hundiendo
adentro de tus ramajes.



Poema Sobre La Edad de Alfredo Buxán



A Paco Solano

Un tercio de siglo, si somos razonables,
apenas es un soplo. Sentado en una piedra,
pienso que soy un viejo y no siento
temor: miro a las nubes, solas, en lo alto
y el alma, según gime, se serena.
Otros dirán: se sume en el olvido.



Poema Sábado de Alfredo Buxán



A Florentino González

Me he sentado frente al silencio
del atardecer -donde no llega
el graznido de la modernidad-
a indagar en el sentido de la vida,
a contemplar la belleza
de las piernas que pasan, distraídas,
por mi puerta, ajenas al alboroto que levantan.
Como si fueran pájaros que emigran.



Poema Presentimiento de Alfredo Buxán



Alguien supo desde el primer momento
que sólo soy un muerto que ha venido
a aprender ese estupor,
un pobre muerto que no puede dormir,
un muerto
que ausculta con paciencia
la rumia de vivir.
Vana ambición,
sin duda, cuando la ejerce un muerto.



Poema Lot de Leonard Cohen



Devuélveme mi casa
Devuélveme a mi joven esposa
Le grité al girasol que había en mi camino
Devolvedme mi escalpelo
Devolvedme mi vista de las montañas
les dije a las semillas que había a lo largo del sendero
Devuélveme mi nombre
Devuélveme mi lista de la infancia
le susurré al polvo cuando se terminó el sendero
Ahora canta
Ahora canta

cantaba mi maestro mientras yo esperaba
azotado por el crudo viento
Acaso he llegado tan lejos para esto
Me preguntaba mientras esperaba
en medio del frío puro
dispuesto al fin a discutir a favor de mi silencio
Dime maestro
se mueven mis labios
o de dónde viene
este suave canto total que incrusta mi alma
como una lanza de sal en la roca
Devuélveme mi casa
Devuélveme mi joven esposa

* *



Poema Ofrenda de Alfredo Buxán



Toma el cuerpo que se entrega a tu cuerpo
como si eterna fuera la pasión que esgrime.
Holla su carne hasta el abismo del clamor
porque nunca sabrás en qué grieta del bosque
culminará su tránsito, se hundirá tu pisada.



Poema Nunca Aprendemos de Alfredo Buxán



Porque el instante es todo, el beso
que se da es un lento disturbio,
un fantasma de ceniza:
si supiera durar sería fuego.

Anega en un frescor inesperado
la pasión de los amantes,
su ciega soledad.
Se disuelve sin más
y se nos muere
contra la fría losa de los labios.



Poema Música De Silencio de Alfredo Buxán



Solamente es posible envejecer
lo mismo que la música, acorde
tras acorde hasta la nada, el éxtasis,
la cumbre. Queda la música
prendida en la conciencia
como lapa tenaz, como alfiler
de sombra, y nuestra cima
es el silencio, el inmóvil paisaje
de la muerte. La vida, en cambio,
espuma diluida
en la breve tarea de latir.



Poema Melancolía de Alfredo Buxán



En el borde de una tarde poco propicia
al escándalo de la mentira,
cuando nadie vigila los síntomas del tedio
que te cerca, entregado a la rumia
de una melancolía espesa y sin origen,
tu cuerpo se desvanece en el incierto placer
de deshojar el tiempo transcurrido.
Abres tu corazón al reconocimiento del fracaso,
absorbes su enigmática dulzura,
dejas el hueso al aire
mientras hilvanas, hechizado,
un cigarro tras otro frente al papel en blanco
de las horas venideras, las más ruines.
Ni siquiera te concedes
la añagaza de la misericordia.
Insistes, con la solemnidad venial de la costumbre,
en la vieja manía adquirida en la infancia:
agregar el fulgor de lo sublime
a la rutina de los días,
hacer veraces las palabras
que han perdido prestigio entre los hombres.

Cede la tarde como el lento parpadeo del faro
en los veranos de tu memoria.
Te fascina
el vigor de su penumbra.
Todo cobra sentido bajo el manto que la niebla
derrama sobre el mundo. Sólo te resta
una humilde derrota que administrar en paz,
una vida sin brillo, un tranquilo vagar
hacia el edén del silencio
y un rescoldo de emoción,
casi una brasa: elegir
entre dos sueños paralelos,
dos aludes, dos fuegos apagados,
dos cuerpos de mujer en la aspereza de tu piel.
Como los dos labios muertos de la misma herida.



Poema Los Dioses Balbucientes de Alfredo Buxán



A Ulpiano Ros, en su búsqueda insomne.

I

Se apaga, envejecido,
el párpado de un dios
que en otro tiempo derrochaba ira.

Se arrepiente,
mendigo de sí mismo,
del antiguo vigor de su soberbia.

II

Ausencia sólo ofrezco a los humanos,
mi palabra no es luz: era vacuo lenguaje.
Soy un ilustre muerto
que se hospeda en la nada.
Mi primitivo ejército de ángeles
se degrada en saqueos;
mi voz se devalúa en los hogares
en otros tiempos fieles y felices…

III

Las manos de los huérfanos
emergen del vacío temblorosas y enfermas.
Dardos que hienden, rasgan, desmenuzan
el aspecto de penumbra
que esa muerte inaugura.

La divina renuncia es un velo que cae,
es un desvelo:
la hiedra en los altares, los iconos inertes,
la soledad del tiempo devastándolo todo.

IV

No guardan devoción las sacrílegas almas
bajo la inmensa cúpula del templo:
calladamente tiemblan como cirios.
No congregan su fe los pecadores
en rituales carentes de emoción
para elevar sus cánticos al cielo.
Audaces, de tan solos, nos hallamos:
nadie responde ya a la letanía,
ya nadie nos separa del abismo.

V

La génesis del mundo es una cueva
donde llueve el silencio:
el humo de los bosques es ceniza,
los pájaros se arrastran por el fango,
las noches se apoderan de la vida.
La horadan. Nos la devuelven ciega.

VI

No hay una dulce mano
que nos reparta el pan
en la tarde del sábado.

VII

Fue una larga enfermedad,
un fuego que colmaba la vida de los hombres
y mermaba su gozo: una llama incorpórea,
el balbuceo lento de unos dioses cansados.



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