Poetas por nombre – letra «a» – poemas de amor



Poema Madre de Yanira Soundy



Te encuentro lejanamente ausente, húmeda en silencios. Abriendo la memoria al viejo sillón desocupado de mi padre, con el alma perdida, amando lo que no está, lo que se ha ido.

Yo que te busco para hacer frente a mis problemas, para estar cerca de ti, en las noches de viento, en los ríos que desatan mis sueños.

Hoy quiero escuchar de nuevo tu corazón con alas y besar tus manos azules, como cuando era una niña y soñaba ser cielo para besar el mar.

El tiempo ha pasado y los caminos no son los mismos.

¿Cuántas veces hemos encallado el alma en los peñascos? ¿Cuántas veces por seguir una gaviota en vuelo, nos hemos perdido en los brazos elevados del cielo?…

Yo viajé abrazada a la luz, hasta convertirme en un hilo de luna.

Hoy sigo siendo tu pequeña, la que soñaba con registrar tus cofres llenos de poemas, la que corría detrás de las nubes, volando piscucha para atrapar a una estrella.

Aquella niña que estrenó su vida de un trago, la que escondía papelitos en los bolsillos de su padre y lloraba si se enfermaban sus muñecas, la que escribía frases de amor sobre tus árboles.

Por eso, Madre, te reservo el mejor sitio de mi vida, desde aquí verás pasar el tiempo sin nostalgia, en este mundo , que sólo tú y yo conocemos, este mundo de sueños y mañanas.



Poema Llamas Húmedas (i-iix) de Yanira Soundy



I

Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte.

Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la última estrella.

II

Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en tu montaña pálida, con un poco de alas.

Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre llamas húmedas.

III

Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar leve fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue susurrando, por este camino que es olvido y distancia.

Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión de sangre y niebla.

IV

Llévame lejos de este mar sin límite, de estas olas frías que se agolpan a mi paso. Quiero apartar mi barca de su orilla nocturna y reanudar el viaje.

Quiero beber la luna en tu jardín de sueños. Llévame a ver crecer la hierba en el canto de los pájaros, con el último reflejo del verdor terrestre.

Seamos un corazón de viento y el color distinto en las auroras.

Tú y yo, en la primera lluvia que cae en el recuerdo.

V

Llévame lejos de este sosiego, quebrado en mis palabras, ebrio de llanto.

Llévame a un refugio de medusas y pálidas diademas; seré tu paisaje adherido a la piel de tu alma.

Rastrearé tu fulgor y correremos juntos sobre las gotas más finas, alargando el paso en este viento que gira.

Llévame a otro canto que no oímos, a otra plenitud.

Llévame a una dormida inmensidad de luz donde el alma se desnude.

No quiero ser más el follaje de la bruma.

VI

Voz de largo cielo; ida de mí, y a la vez tan mía.

Isla de amargura, perfil ardido, hora sin luna.

Ritmo interminable y entrecortado.

Hombre que acrecienta mi nostalgia, llama votiva quemando los recuerdos.

VII

Es una sed de tenerte, un fuego contenido, inagotable canto, un deseo que duele como fruta caída…

Una sed de sentirte como río creciendo entre mi tacto.

Un nudo de sollozos, un dolor que llora a las estrellas.

Es una sed mudable al no llegar y alejarme como un pequeño mar o espuma de ola, donde mi voz se vuelve árida.

Una sed de arrasar las márgenes del tiempo…

IIX

Labios imbesables y ausentes, que agigantan mi sed de lágrimas congelada. Dichosos silban a las hojas del alba, al perfume invencible, a los rayos celestes que se adueñan de mi forma.

Labios imbesables y ausentes, que envuelven mi presagio. Húmedos, abiertos a la luz, desnudos sobre tu cuerpo adormecido. Roca y marea, de un corazón que fue noche y fue desierto.

Labios imbesables y ausentes, islas de cielo, hojas entrelazadas, prado verde. Recorren las palabras y abren sus alas, en esta playa mía.

Labios que hieren como astillas, labios de fiebre, de fuego oscurecido.



Poema Llamas Húmedas (i-iii) de Yanira Soundy



I

Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed,
intensa, fuerte.
Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del
cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la
última estrella.

II

Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo
del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en
tu montaña pálida, con un poco de alas.
Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame
sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre
llamas húmedas.

III

Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar
leve fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue
susurrando, por este camino que es olvido y distancia.
Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión
de sangre y niebla.



Poema Hundido A Mi Silencio de Yanira Soundy



Me vestiré sin prisa,
mientras tu luz anida
en el gemido de mi pecho,
encadenada a tus surcos,
tus barrancos y tus selvas.
Me vestiré sin prisa con la piel solitaria,
hecha colina virgen y volcán en llamas.
Tendré la sangre en celo
encadenada a tu batalla,
y tú serás vertiente y filo
en el temblor de la mañana.
Mecido en el aroma de una paz frondosa,
beberás hasta el fondo mi conciencia.
Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua,
al viento y a las rosas,
en el suspiro invisible que vela mi silencio,
con la alegría en los ojos
y un olor a ritmo y tierra.
Recorreré la ruta de tu cuerpo ya sin miedo,
y tú, ceñido a mí,
te fundirás tormentoso a mi silencio.
Y de nuevo sí…
encadenada a tu campo,
tu estanque y tu redil celeste,
improvisaré frutales y nidos de espumas.
Después, cuajado de tristeza ….me acosarás,
y al pie de mi ventana dolerás entre mis dudas.
Me obligarás a quererte y te querré ,
lejos del río y de la entrega.



Poema Esa Mujer de Yanira Soundy



Soy esa mujer, la que no amas. El seno desnudo de tu
agónica luz, el enjambre prendido de tus ramas, el cristal
que sueña tu mirada.

Soy esa mujer, la que no amas. Breña, mata, punzante
jarra, calle muda por donde no se escuchan tus pasos y
cuerpo desnudo para el eclipse de tus ojos.

Soy esa mujer, la que te toca demente.
Mil veces presa de ti en la delgadez del agua.
Pecho en fiebre que ambiciona tus besos, solo, adusto,
hecho pámpano ardiente.

Soy el anhelo inseguro que te acecha, la palabra que se
deslíe de tus labios húmedos chispeante entre la niebla.

Soy esa mujer, la que espera por ti, y sigue la ruta de tus
manos, tu cuello, tu voz y tus caminos. La que guarda tu
pasión, desafiando al escollo y la calma, olvidando tu
incansable deseo de volar, y ser en mí tan sólo agua al
trasluz y cielo de mi costa.

Soy esa mujer, un espacio inmenso, torrente en tu valle,
murmullo de tu ráfaga, amor que late en lo infinito, firme
y deslumbrante. Esa que siembra los surcos y su orgullo
entre las flores.
Y tú, hombre: pena y alegría, no aprendes que después
será muy tarde.



Poema Chele Ladilla de Yanira Soundy



Se ha quedado quieto, conversando con el polvo y las hormigas, tiritan sus labios en un charco del parqueo que se traga su risa.
Se ha quedado quieto, sembrando maíz en los recuerdos, bajo los oídos de los árboles con una mancha que pinta la tristeza.
Se ha quedado quieto, en su daga amarga, secando su voz, desmadejando el silencio en una minúscula gota de agua…
Cansado de mirar al cielo, en su absurda pretensión de apresar las cosas imposibles.
Se ha quedado quieto, como tronco mutilado de una selva virgen, bajo un paraguas de hojas secas.



Poema Amor Inaccesible de Yanira Soundy



En esta cárcel de mi alma giro sin huellas.

Soy la rosa ya palidecida, la hoja temerosa que tiembla entre tus alas, un nido vacío.

Detrás de mí, están el suspiro largo y frío, una lejana música, ardida piel prohibida.

Soy un amor de soledad, lleno de sombra, una fría ceniza de ilusión, un vuelo silencioso.

Soy ese amor que corre por las noches largas de ánforas plenas y ritmos azules.

Quisiera tocarte, y quedarme en tus oídos, con el aire de mis palabras.

Amor primero, íntimo, tan mío.



Poema Amor Eterno de Yanira Soundy



Fallezco en el intento de tocarte, amor de tierra, espacio y piel, porque este viento sólo habla de tormentas y sombras que se rompen en pedazos.

Soy el beso virgen que prendido de tus ojos hace florecer todos sus campos; soy esa mujer, eternidad que yerra sola por la sombra, amor de manos ciegas.

Y tú, doliente rama de hojas transparentes, mil promesas, mares, cerros y collados.

Quiero cubrirme toda con tu cielo para desvestir mi piel inmóvil. Ven…desordena mi corazón, y mitiga el hondo sin fin de mi tristeza.

Amor efímero y eterno que se desploma en el adiós.

Seremos sombra y olvido tomados de la mano, dos almas que lloran en la oquedad del pensamiento. Tan libres, tú en el viento, yo en el secreto del mar; tú en los llanos y las sierras, yo en los hilos del sol y en los acantilados.

Fallezco en el intento de tocarte.

Amor efímero y eterno, el más puro, el más pequeño.



Poema Amor De Pampa Y Mar Adentro de Yanira Soundy



Te toco en la memoria y una luz cae mar abierto, eres fuerza irresistible que me atrae y voluntad que precipita cada uno de mis pasos. Impulso que mezcla el gozo y la tristeza, suspiro y amor que corta el viento.

¿Qué importa si no estrecho más el coral de tus labios ni arribo a tus ojos con las sienes serenas?

Si soy el hálito que te absorbe el pensamiento y me tocas en la memoria inalterable del recuerdo.

¿Qué importa si es agreste el mar y tú no llevas rumbo?

Si beso la ribera y el vuelo de las aves, donde tus ojos encienden matorrales de deseo.

Déjame esta voz para hablarte en el silencio, hombre, cielo gris de ritmos y gaviotas, amor de pampa y mar abierto.

Déjame esta voz, luego estallarás en risa fresca, me querrá tu alma, buscarás mis brazos y la triste cigarra hará revuelos en el viento.

¿Qué importa si se cierra nuestro cerco y apago los latidos de mi pecho? Si ahora soy la cóncava gruta para tu cauce serpentino y tú la lluvia torrencial que me humedece desesperada, honda y doliente.

No sé si volverás, no sé si existes o eres sólo un vano sueño.

¡Amor de pampa y mar abierto!



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