Poema El Lecho De Espinas de Jacinto Verdaguer



In lectulo meo per noctes quoesivi quem
diligit anima mea: quoesivi illum, et non
inveni (Cant. III)

En mi lecho de fl0res
mi labio lo ama;
no lo ama, no,
tan sól0 lo sueña.
Si el Amor no llega,
yo me moriría.
Si el Amor no llega-
yo me moriré.

Lo buscan mis brazos,
mi gemido lo llama:
«¿Dónde estáis, Amador,
puñadito de mirra?
Decídmelo, por favor,
si queréis que venga.
No hay sueño en mis ojos,
cuando el brazo no os tiene,
cuando vos marcháis
lejos está la elegría.
Saldré a buscaros ,
cual cierva herida
que busca la fuente,
la fuente de agua viva.»
Tropieza a los soldados
que guardan la villa:
«¿No habréis visto
al Amor de mi vida?»
Me han quitado el manto,
el manto de viuda,
y con sus manos crueles
me han amortecido;
mas, ay, de sus golpes
apenas me dolía,
que me quita el dolor
más suave herida.
Un poco más allá
gemir oía.
Lo veo en la Cruz
donde, llamándome, expira,
clavados pies y manos,
la cabeza entre espinas.
Los gemidos que hace,
yo bien los entendía.
Si el Amor no llega
yo me moriría.
Si el Amor no llega,
yo me moriré.
Cuando lo veo morir,
mi corazón suspira;
me abrazo a la Cruz
cual a una cepa de viña.
«Jesús, ya no quiero
el lecho que me placía,
os lo hice de flores
y lo queréis de espinas;
si en el vuestro me queréis,
en él yo dormiría,
clavados pies y manos,
la cabeza entre espinas,
y una lanzada en el corazón
que me arrebate la vida.»

Versión de José Batlló



Poema El Canto Materno de Jacinto Verdaguer



Postrado el padre en miserable lecho
está por espantosa y cruel dolencia;
cercano halla el final de su existencia
y sollozos exhala de su pecho.

Piensa que, bajo el hoy paterno techo,
mañana su familia, en la indigencia,
por siempre llorará su eterna ausencia,
de duelo horrible el corazón deshecho.

Allí, mientras se queja el infelice,
la dulce esposa canta, y él le dice:
-¿Cómo cantas, mujer, mientras me aflijo?

Muestra el niño que tiene entre los brazos,
y dice -con el alma hecha pedazos:-
-Canto… porque no llore nuestro hijo.

Versión de Ots y Lleó



Poema Don Jaime En San Jerónimo de Jacinto Verdaguer



Por ver bien a Cataluña,
Jaime primero de Aragón
sube al pico de San Jerónimo
a la salida del sol:
¡qué pedestal para la estatua!
¡Para el gigante, qué mirador!
Las águilas que anidaban
en la cumbre la hacen sitio;
sólo el cielo miraban ellas,
él mira a la tierra también;
¡qué grande y hermosa le parece,
amada de su corazón!
En su cielo tiene pájaros y ángeles,
en sus campos flores y verdor,
en sus cuadrillas la alegría,
en sus familias, amor,
guerreros en sus murallas,
veleros en sus puertos,
naves de paz y de guerra
ansiosas de emprender el vuelo.
Las olas besan sus plantas,
la estrella besa su frente
bajo un cielo de alas inmensas
que es su real pabellón.
En su trono de montañas
tiene el Pirineo por refugio,
por almohada verdes bosques,
por alfombra prados de flores
por donde juegan y se deslizan
torrentes y arroyuelos,
como por un campo de esmeraldas
anguilas de plata y oro.
Del Llobregat ve las orillas,
las vegas del Besos
que conoce por las arboledas
como las rosas por el olor.
Las villas a su alrededor
parecen rebaños de corderos
que, abrevando al atardecer,
aguardan la luz del nuevo día.
Llena le habla de Lérida
que el granero de Roma fue;
Albiol, de Tarragona,
tan antigua como el mundo;
Puigmal, de las dos Cerdañas,
como dos canastos de flores;
Montseny, de Vic y Gerona;
Albera, del Rosellón;
Cardona, de sus salinas;
Urgel, de sus mieses de oro;
Montjulc, de Barcelona,
a la que ama por encima de todo.
Mirando a Cataluña
se siente tomado el corazón.
«¿Qué puedo hacer por mi amada?»
se repite lleno de amor,
«si del cielo desea una estrella,
desde aquí se la alcanzo yo».
«No desea una estrella del cielo»,
le responde una dulce voz,
«la más bella que existía
le fue colocada en la frente.
Devolvedle a dos hermanas
que tomó el moro traidor,
una yendo a coger perlas
junto al mar de Montgó,
la otra nadando entre cisnes
cerca de donde volaba el buitre».
Volvió los ojos hacia Mallorca,
como un palomo la divisó,
nadando entre cielo yagua,
vestida con un rayo de sol;
a Valencia no la avistó,
mas sí los alcores
que del huerto de la sultana
son muralla y mirador.
Desenvaina la espada
y levanta el trueno de su voz:
«¿Hermanas de Cataluña
y aún llevan el yugo?
Rey moro que las tomaste,
a mis rodillas quiero verte.»
Si los moros lo avistasen,
las dejarían por miedo,
como dejaron a Cataluña
cuando, de Otger entre los leones,
Rolando les lanzó una maza
desde la cumbre del Canigó.
Cuando vuelve los ojos a la sierra,
busca a quien le respondió:
en la ermita más alta
tiene la Virgen un altar de oro,
nadie hay en la capilla
y ella tiene el labio abierto.
Poniendo a sus pies la espada,
cae en tierra de rodillas:
«A rescatar las cautivas,
María, conducidme vos:
A mi pecho daréis coraje,
a mi brazo, fuerza y brío,
y si al subir a la sierra
me llamaban rey hermoso,
cuando vuelva a visitaros
¡me llamarán el Conquistador!»

Versión de José Batlló



Poema A Mi Dios de Jacinto Verdaguer



Confitebor tibi in cithara, Deus,
Deus meus (Salmo XLII)

Por derramarme sobre la frente rosadas perlas
se mecen el pino y el madroño,
por mí trinan tórtolas y mirlos,
mas yo canto por vos.

Por vos que el canto pusisteis en mis labios,
la cítara en mis dedos,
y en mi vacío corazón la dulce fe de los abuelos
que el espíritu ensancha.

Llenarémelo de amor para dároslo,
lo veréis entero aquí;
harémelo huerto florecido para coronaros;
¿queréis más de mí?

¿Queréis que con vuestra Cruz haga la guerra,
la guerra del amor?
¿Que descalzo recorra toda la tierra,
buscándoos amadores?

¿Queréis gota a gota la sangre de mis venas?
¡A chorros os la daré!
¿Mis miembros uno a uno, más entretelas?
¡Todo yo me lo arrancaré!

Mis pensamientos, afectos y memoria
quitádmelos si queréis;
¿queréis que renuncie hasta a la Gloria?
¡Señor, no me la deis!

Mas, ay, no queráis tanto, dulcísimo Jesús;
de quien os ha sido traidor ,
cual un amable hijo amadisimo,
quered tan sólo el amor .

Quered que ensaye aquí los trinos
del ave del paraíso,
para hacéroslos luego más regalados
con sistro de oro feliz.

Quered que deje las mundanas rosas
por las de eterno aroma,
que ponga los pies sobre todas las cosas,
y a Vos sobre mi corazón.

Al Rey del cielo que a todos nos invita,
¿quién el corazón le negará?
A un Dios que ama con ese amor sin medida,
¿quién no lo querrá?

¡Quién fuese aire de abril, del llano y de la sierra
para juntaros el incienso!
¡Quién fuese torrente, para inundar la tierra
con vuestro amor inmenso!

Oh, si se pudiese en vuestro fuego arder,
no se diluiría tanto,
ni serían las grandezas polvo y ceniza
que el aire va aventando.

A vuestro aliento que omnipotente la lleva
latiría como un corazón,
ahriendo del vuestro a cada poco la puerta
sus latidos de amor.

Su dulce perfume, al subir a las nubes,
deshecho llovería como miel,
y el morir tan sólo sería volar
de un cielo a otro cielo.

Mas, ay, la tierra al canto de vuestra gloria
aún no se despierta, no;
pero cantemos; el idilio que aquí moría
ya halla en el cielo resonancia.

La cigarra en verano, ¡pobre cigarra!,
se afana cantando,
y yerta y colgada en los romeros de un ala
suele en invierno brillar.

Así, al ver alguien mi fosa cavada
no lejos de mi cuna,
dirá: «¡Pobre cigarra enamorada,
murió cantando al Sol!»

Versión de José Batlló



Poema Como El Judío Que Añora de Manuel Vázquez Montalbán



Como el judío que añora
aquel lugar
del que no sea preciso regresar
paraísos de confianza
en la propia piel
o en la blanda penetrabilidad
de los cuerpos
vivo en Praga acumulando
recuerdos deudas pérdidas
de la propia identidad en cada testigo
muerto

escribo en alemán para que las palabras
no sean vuestras ni mías
al fin y al cabo
todo lenguaje es un tam tam
que pide socorro en una lengua
inaceptable

ser judío vivir en Praga escribir en alemán
significa no ser judío ni alemán
ni ser aceptado
por las mejores familias de la ciudad
que identifican
el alemán con Alemania y el ser judío con la alarma

Por las venas un río en fuga
o quizá sólo de tránsito
pero fue el aire de Praga
la monumentalidad oxidada
de sus palacios sin reyes
de sus diccionarios sin lengua
de sus garitas llenas de guerreros
extranjeros
la que cambió el ritmo de la sangre
y señaló el mapa exacto de cuatro
puntos cardinales cuatro esquinas de cruz final

nacidos para ser extranjeros
compartimos con vosotros la condición vencida
incluso los recuerdos -los vuestros, sin duda-
de escuadras en el mar
mares de Praga
sangre de paso o de vuelta digo
recuerdos vuestros memoria vuestra
y al fin imposible el ayer y el mañana
mestizos de derrota propia y ajena
cultura de bolero y K quinientos cuatro

de cuando Mozart cedía a Praga
tres movimientos de una sinfonía que le sobraba…

«Praga» 1982



Poema Ya Sé Que Debería Creerme de Manuel Vázquez Montalbán



Ya sé que debería creerme
lo que pienso cuando siento
o lo que siento cuando entro
en tu cuerpo entreabierto

pero temo morir de fe o de esperanza
y no constatar en el nuevo día
la desolación del tacto y la mirada

ya sé que aburro la distancia
entre tus ojos y los míos

manda
que los cierre y piensa
que no le miro por no verte
y creer en ti.

Praga 1982



Poema Suave Es La Noche de Manuel Vázquez Montalbán



Tender is the night
entre arquitecturas blancas
de villas con verjas historiadas
veredas de grava, suave
es la noche, una huella
un crujido, un paso
sopla
azul y líquido el viento
de la pasión civilizada
algo
ha quedado entre las ruedas de agua
en la playa, un tablón carcomido
y una guirnalda de algas

pasarán
veinte años, veinte constelaciones de cubos
de hielo en vasos azulados, entonces
la armonía de Europa estribaría
en un fondo de Bach
y un suicidio
colectivo a ciento ochenta por hora

un alcoholizado se llevó a la tierra
el secreto del sufrimiento por la
la asepsia del agua corriente
y dentífricos
destructores de la nicotina
Francia
Scott Fitzgerald, excesivamente inteligente
para engullir el mundo de cada día
como una espesa melaza sobre las tostadas.



Poema Soe de Manuel Vázquez Montalbán



En la pared el rapto de las sabinas
ocre y verde, desconchadas
marcas de humedad, raídos
tapizados de damasco clareados por el sol
tardío en el balcón de hierro blanco
por el polvo
subían de la calle
el rumor y el tufido de las fritangas,
cabezas de corderos ciegos, pinchitos
de chorizo, papas asadas, pimienta,
mujeres en traje de chaqueta hablaban
de la busca, alguien arrancaba
un timbrazo único de aquella puerta
de cristal opaco -lavajes-gomas-
sífilis- las muchachas reían en la esquina
las dos o tres palabras del albañil
-restauraban la fachada de un bar
casa Manolo- invitándolas a un carajillo
entonces alguna mujer bostezaba, alguien
comentaba la desusada tardanza del doctor,
las hemorroides no sentaban a gusto
a la mujer ballena que abría la sonrisa,
antes en Cueva de Vera, cuando parecía
una rosa sin oler, jamás supuso padecer
un mal tan malo, señor, los médicos
matan, yesos del seguro no cobran
lo suficiente para matar con formalidades
piadosas -señora, tiempo ha que no la veo
siempre tan bella, doña Leonor, con Dios,
por Dios, no hacía falta, el puro-
en el pueblo un conejo, una gallina, entonces
criaba su padre en el corral hasta corderos
y los girasoles se burlaban del sol ahora,
a esta hora del crepúsculo, él, volvía
del esparto o de salinas de Terreros, lejos
casi en Murcia, ahora peón de la construcción
sindicado, naturalmente, el mayor trabaja
en Pueblo Nuevo y el pequeño jugaba
conmigo a marines americanos, Todos
a una, anunciaba el cartel del cine Edén,
algo más lejos, junto al bar, mal llamado Bar
de las Putas Francesas, relleno de putas nacionales
con permanentes aceitosas y avinagradas, hechas
por una peluquera siempre o casi siempre
llamada Pepita, a punto de casarse, manos
de oro, hoy las peluqueras se forran
las batas blancas de duros duros en papel
pringoso, antes de la guerra había moneda
metálica, se llevaron el oro, los dos hombres
se miraban, antes de la guerra, antes de la guerra
en el frente me mataron un hermano los rojos,
el otro manoseaba la cartilla de asegurado.
SOE, todos sufrimos, todos matamos, alguien
recordaba una prima lejana deshonrada,
los moros, tosía, tosía, el pañuelo, sangre,
las madres nos hacían salir al descansillo,
miraban el aire con temor, dicen que basta el aire
y no se entiende cómo van sueltos por la calle
los tuberculosos

somos los tuberculosos
los que más los que más nos divertimos
y en todas nuestras reuniones
arrojamos, arrojamos y escupimos

llegaba
el doctor con cara de incandescente ser planetario
poseía el bien y el mal en un maletín negro,
¿Qué hora es? alguien inusitadamente contestaba mil
novecientos cuarenta y ocho, nos miraba, miraba
el reloj, decía, mil novecientos cuarenta y ocho

volvían a hacernos salir al descansillo ya veces
la pregunta de alguna mujer oscurecida u hombres
de trajes bicolores, sin corbata, nos hacían vagamente
importantes, sí, aquella puerta, el Seguro Obligatorio
de Enfermedad, obligatoria enfermedad, no lo sabíamos
entonces, siquiera cuando el médico extendía el volante
para los rayos equis, miraba de reojo aquella mancha
de aceite en la cartilla y nuestra madre enrojecía
nos daba un cachete y musitaba -estos niños, estos niños

«Una educación sentimental» 1967



Poema Rodajas De Limón de Manuel Vázquez Montalbán



Rodajas de limón

zumos de sol, cálido
verano, se digieren
algas
lentas como ahogados, ya
aprendimos el lenguaje
del juke-box, del amor
fox y sobre todo trot, lento
vivo
adagio corazón
caballo
loco, triste se desploma el cuerpo
como en un poema sentimental
o de los otros

¿qué importa ya
el lento rodar de las naranjas,
los senos, los obuses, la bomba,
las cabezas

si canta Paul Anka
la antigua historia de Young Alone?

también lo fuimos
y tal vez por eso
Madre Coraje lleve bikini, cante
espuma sobre el ski acuático
frente a la amenazadora verga
de fabriles chimeneas y cañones
bajo el útero atómico de un B-27

preferible que nos despierten
las sirenas
preferiblemente que húmedamente nos ahoguemos.



Poema Quand Vous Seraiz Bien Vieille de Manuel Vázquez Montalbán



Cuando seas muy vieja
y yo me haya muerto
descubrirás una tarde las horas
especiales
el aroma de los soles ponientes
lo profundo oscuro del aire
anochecido en las calles sin retorno

vagarás eternamente en busca del espejo
que devuelve instantes felices
-de azul el mar
en nuestra carne sol y deseo-

ante la muerte del tiempo en el cristal
oirás las músicas que nos drogaron
los ruidos cotidianos que nos resucitaban
deslices
de aguas de jabón hacia simas
terribles

cajas de música postales cerebrales
y en el espejo fijo el spot de nuestra vida
con dentaduras blancas y pieles doradas
jóvenes antiguos felices invencibles

mas no dejes que oscurezcan tus ojos
y el espejo extinga su realidad y tu deseo
porque te verías vieja y solitaria
con los ojos dormidos por la angustia
el viento
que se lleva las hojas de un otoño horroroso
cuando seas muy vieja
y yo me haya muerto
rompe espejos retratos recuerdos
ponte bragas de corista diadema de acanto
sal desnuda al balcón y méate en el mundo
antes que te fusilen las ventanas cerradas.

«A la sombra de las muchachas sin flor» 1973



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