Poema Lágrimas Frescas de Poemas Autores Varios



En recuerdo de Victoria,
mi compañera desaparecida…

Rosa que el fuego de mi amor consume,
ave que llora con mi propio llanto;
fugóse el ave y me dejó su canto,
murió la rosa y me dejó el perfume.

Y es que ese aroma y esa melodía
que me hicieron alegre y sano y fuerte
serán incienso y fúnebre armonía.

Así, a fuerza de amante sin fortuna
que intenta huir a su destino adverso,
voy a forjar un amoroso verso
a la memoria de Rosario Luna,

aquella que me dio todo lo suyo,
aquella a quien le di todo lo mío,
la que tuvo calor para mi frío,
la que no supo hablar si no en arrullo,

la que para aliviar en su partida
mi carga de dolor y desconsuelo,
a cambio de mis noches de desvelo
me mostraba su faz agradecida.

Cuando vencido por la desventura
palpé el horror de mi existencia vana,
tendiome al punto, como buena hermana,
el mullido plumón de su ternura.

Si en cada poro me clavaba espinas
el dolor en que estoy crucificado,
ella sobre mi cuerpo lacerado
hizo lo que a Jesús las golondrinas.

Al reposar de la habitual lectura
que nuestro pensamiento fatigaba,
mi corazón sumiso se extasiaba
en la piedad de su mirada oscura.

Corría el tiempo desapercibido
sin que nuestro silencio se turbara,
lo mismo que una mano que pasara
por sobre el lomo de un lebrel dormido.

A veces, al relato de algún cuento,
mientras alzaba por temor el hombro,
parpadeaban sus ojos en asombro
como dos mariposas contra el viento.

Y si el amor que urdió la fantasía
tras el punto final quedaba ileso,
me pagaba el relato con un beso
por compartir conmigo su alegría.

JULIÁN MARCHENA ( Costa Rica, 1941 )



Poema La Vuelta Del Amor de Poemas Autores Varios



Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence;
sentí en tu mano un desfile
de golondrinas que vuelven,
y vi llenando tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que cumplen
su fiesta sobre la nieve.

LUIS ROSALES ( España, 1910 – 1992 )



Poema La Vuelta Al Bosque de Poemas Autores Varios



Después de la muerte de mi esposo

«Vuelves por fin, ¡oh dulce desterrada!,
Con tu lira y tus sueños,
Y la fuente plateada
Con bullicioso júbilo te nombra,
y te besan los céfiros risueños
Bajo mi undoso pabellón de sombra».
Así, al verme, dulcísimo gemía
El bosque de mis dichas confidente;
¡Oh bosque! ¡oh bosque!, sollocé sombría,
Mira esta mustia frente,
Y el triste acento dolorido sella,
Siglos de llanto ardiente
y oscuridad de muerte traigo en ella.
Mira esta mano pura
¡Ay! que ayer ostentó, resplandeciendo,
El cáliz del amor y la ventura,
Hoy viene sobre el seno comprimiendo
Una herida mortal… ¡Bosque querido!
¡Tétricas hojas! ¡lago solitario!
¡Estrella que en el cielo oscurecido
Rutilas como un cirio funerario!
¡Lúgubres brisas y desierta alfombra!
Alzad eterno y funeral gemido,
Que el mirto de mi amor estremecido
Cerró su flor y se cubrió de sombra!
Sobre la frente pálida y querida
Que el genio coronaba esplendoroso,
y la virtud con su inefable calma,
Sobre la frente ¡oh Dios! del dulce esposo,
Y la virtud con su inefable calma,
Sobre la frente ¡oh Dios! del dulce esposo,
Ídolo de mi alma,
Y altar de humanidad y de dulzura,
Alzó la muerte oscura
La pavorosa noche de sus alas;
Y cual la tierna alondra que en su vuelo,
Atraviesan las balas
Y expirante y herida
Baja, bañada cn sangrc desde el cielo,
Y queda yerta y rígida en el suelo
Con el ala extendida,
Así mi corazón de espanto frío
Quedó al golpe ¡Dios mío!
Que mi vida cubrió de eterno duelo.
Cuando volvió a la luz el alma inerte,
La tierra, la montaña, el mar, el cielo,
No eran más que el sudario de la muerte.
¡Oh bosque! ¡oh caro bosque! todavía
De este dolor la tempestad sombría
Ruge en mi corazón estremecido,
y gira el pensamiento desolado
Como un astro eclipsado
Entre tinieblas lóbregas perdido.
Y aquí estoy otra vez… ¡oh qué tristeza
Me rompe cl corazón…! Sola y errante
vago cn tu melancólica maleza,
Por todas partes con dolor tendiendo
El mirar vacilante;
Ya me detengo trémula, sintiendo
El próximo rumor de un paso amante;
Ora hago palpitante
Ademán de silencio a bosque y prado,
Para escuchar temblando y sin aliento,
Un eco conocido que ha pasado
En las alas dcl viento;
Ora ¡oh Dios! de la luna entristecida
A los rayos tranquilos,
Miro cruzar su idolatrada sombra
Por detrás dc los tilos:
Y la Illamo y la busco estremecida
Entre el ramaje umbrío,
En el terso cristal de la laguna,
Bajo las ramas dcl abeto escaso,
Mas en parte alguna
Hallo señal ni huella de su paso.
¡Triste y gimiente río
Que los pies de estos árboles plateas!
¿Por qué no retuviste
y en tus urnas de hielo no esculpiste
Su fugitiva imagcn? ¡Aura triste
Que entre las hojas tu querella exhalas!
¿Por qué no aprisionastes en tus alas
El eco tanto tiempo no escuchado
De su adorada voz? ¡Oh bosque amado!
¡Oh gemebundo bosque! ya no pidas
Sonrisas a estos labios sin colores
Que con dolor agito:
Pues no pueden nacer hojas y flores
Sobre un tallo marchito.
Que ya en el mundo, mis inciertos ojos
Sólo ven un sepulcro que engalana
Flor macilenta con cerrado broche,
y allí me encuentran pálida y de hinojos
Las lágrimas de luz de la mañana
y los insomnes astros de la noche.
Otras veces aquí ¡cuán diferente
Vagué en su cariñosa compañía!
El arroyo lucicnte
Como un velo de luz se estremecía
Sobre la yerba humedecida y grata,
Allá el movible mar desenvolvía
Encajes brillantísimos de plata,
y tembladoras, pálidas y bcllas
En el éter azul asemejaban
Abiertos lirios de oro las estrellas.
Él con mi mano entre su mano pura
Bajo flores que alegres sonreían,
Me hablaba de sus sueños de terura;
Mientras con movimiento dulce y blando,
Las copas de los álamos gemían
Nuestras unidas frentcs sombreando.
¡Oh vida de mi vida! ¡oh caro esposo!
¡Amante, tierno, incomparable amigo!
¿Dónde, dónde está el mundo
De luz y amor que respiré contigo?
¿Dónde están ¡ay! aquellas
Noches de encanto y de placer profundo
En que estudié contigo las estrellas,
O escuchamos los trinos
De las tórtolas bellas
Que ccrraban las alas en los pinos?
¿Y nuestras dulces confidencias puras
En estas rocas áridas sentados?
¿Dónde están nuestras íntimas lecturas
Sobre la misma página inclinados?
¿Nuestra plática tierna
Al eco triste de la mar en calma?
¿Y dónde la dulcísima y eterna
Comunión de tu alma y de mi alma?
¡Lágrima de dolor abrasadora
Que corres por mi pálida mejilla!
Ya no hay flores ni aromas en el suelo,
Ya el ruiseñor no llora,
Ya la luna no brilla,
Y en la desierta lividez del cielo
Se borraron los astros y la aurora.
Que ya todo pasó, pasó ¡Dios mío!
Para jamás volver; ¿adónde ¡oh cielo!
A dónde iré sin él, por el vacío
De esta noche sin fin? ¡Fúnebre bosque!
Hoy todo es muerte para mí en la ticrra,
En la llanura con inmenso duelo
Se elevan los cipreses desolados
Como espectros umbríos,
Las brumas en la frcnte de la sierra
Crespones son que pasan enlutados,
Van en las nubes féretros sombríos,
El mar gimiendo azota la ribera,
Con sollozo de muertc el viento zumba,
Y es, ante mí, la creación entera
La gigantesca sobra de una tumba.

LUISA PÉREZ DE ZAMBRANA ( Cuba, 1835? – 1922 )



Poema La Voz Sobre El Olvido de Poemas Autores Varios



Soy la oscura mitad de tu existencia.
Fruto de llanto abierto en la penumbra,
alondra vegetal que se acostumbra
a la rama con sangre de tu ausencia.

Sombra de una memoria sin presencia
bajo la noche que tu llanto alumbra,
abierto corazón que no vislumbra
su cielo derrumbado a tu sentencia.

Colmena de ceniza, dispersado
palomar de la nostalgia, voz tardía
de nocturno rumor, atribulado

fuego de soledad y de agonía
donde la muerte con su musgo helado
cubre la rama de la ausencia fría.

CARLOS MARTÍN Colombia, 1914



Poema La Rosa de Poemas Autores Varios



Esta rosa en el cielo, inmóvil, pura;
y este aire, que la cerca, y la convida:
y ella, en su propio sueño suspendida,
serena, en su voluble arquitectura.

Es casi de cristal, en la segura
presencia de su línea estremecida:
tan perfecta, en el tono, y la medida,
exactos, de su tedio y su hermosura.

El aire pasa, y ella, sola, queda,
embriagada en su tácito perfume,
oculta entre su tálamo de seda.
Y en la alta noche su virtud resume
trémula gota que, en la sombra rueda,
y en estéril silencio se consume!

JOSÉ UMAÑA BERNAL ( Colombia, 1899 – 1982 )



Poema La Noche Azul de Poemas Autores Varios



¡La noche azul intensamente dice
llanto a mi corazón, paz a mi alma!
Los luceros tranquilos parpadean;
vierte su luz la luna solitaria.

En el balcón abierto ronda el aire
y se desliza hasta la oscura estancia.
Y es un prodigio de constelaciones
el cielo azul entre la risa clara
que esparce de su seno la alba luna…
La brisa viene fresca y perfumada.

-No sé qué pasa en mí… La noche tiene
para mi corazón todas las lágrimas…
¡Y yo siento un vacío sobre el pecho
y una paz infinita sobre el alma!

Íntimamente se han abierto todas
mis amarguras y mis esperanzas,
como las flores que a la brisa pura
esparcen bajo el cielo su fragancia.

RAFAEL LASSO DE LA VEGA ( España, 1890 – 1959 )



Poema La Lluvia No Dice Nada de Poemas Autores Varios



Mientras muere el día,
llueve.
Es un agonía
breve.
La ciudad se queda abrumada
con la tristeza de la hora.
La lluvia no dice nada,
y llora.

Ciérranse puertas y vidrieras,
huye la gente
como de un mal, por las aceras;
y un hombre mira, indiferente.

La lluvia parece cansada
cual un rosal que se desflora;
no dice nada, nada, nada,
y llora…

Viene mandada por el río,
soltando besos de frescura,
deshace en gotas el envío,
para que alcance su ternura.
Pero al sentirse rechazada,
se vuelve un poco más sonora:
Va a hablar… y, al fin, no dice nada,
y llora…

La lluvia tiene algo de loca:
gime un recuerdo de canción;
todo la irrita, en todo choca
su vagorosa obstinación.
Ve la ciudad atormentada,
y la campiña verde añora;
no dice nada,
y llora…

¿Mira en el pueblo tanta pena,
que no hace más que lagrimear?
¿O forma un lienzo de tan buena,
porque nos quiere consolar?
¿Es que se sabe desdeñada,
y que su inútil fin deplora?
No dice nada, nada, nada,
y llora…

Sobre el muerto día,
llueve
una melodía
leve.
La ciudad se queda encantada
bajo una luz que se evapora…
La lluvia no dice nada,
y llora…

PEDRO MIGUEL OBLIGADO ( Argentina, 1892 – 1967 )



Poema He Entendido Por Fin de Poemas Autores Varios



He entendido por fin
que escribir es amar
sin amor que te bese.
Comprendo que la luz
solamente se enciende
cuando se va apagando.
He entendido que el sueño
es la vida
como el misterio al rito.
Y, por eso, he aceptado
que no hay que buscar temas
para hablar
sino dejar que hablen
nuestras sombras.

ANTONIO HERNÁNDEZ ( España )



Poema Habana de Poemas Autores Varios



«Tú me recuerdas el prado de los soñadores,
el muro que nos separa del mar si es de noche…»
Silvio Rodríguez

Ya me dormí
en tu perfume,
en la espuma
de tu pecho líquido.

He soñado
en el sonido
de tu fosa de misterios,
en la antología de tus lágrimas,
las mías…

Ya he dormido en tu figura
en tu escoria
en tu regazo derritiéndose
con mis voces de monasterio.

Ya te soñé conmigo, en mi cama,
con toda La Habana que te suda.

XAVIER OQUENDO ( Ecuador, 1972 )



Poema Fruto Del Sueño de Poemas Autores Varios



A paloma de nieve condenado
a flor de llama al viento sometido,
a lluvia desgajada estatuido
fruto del sueño, ciervo degollado;

te meces en el aire, vulnerado
fantasma de los ojos desprendido,
carbón en cuyo rostro se ha encendido
lo que la muerte tiene anticipado.

Vienes con pasos turbios de cautela,
en las frondas del sordo duermevela,
como las huellas del asesinado

amor que ayer nos entregó la suerte
un minuto no más y que hoy se vierte
sobre el fulgor del pecho derramado.

ARTURO CAMACHO RAMÍREZ ( Colombia, 1910 – 1982 )



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