Poema Tren de Claudio Rodríguez Fer



Lo importante es irnos
y no donde vamos
y nunca llegar más lejos
que antes de partir.



Poema Puente de Claudio Rodríguez Fer



Yo vine desde antes de los orígenes.
Tú estabas más allá de la otra orilla
y juntos atravesamos todos los puentes.



Poema Poesía de Claudio Rodríguez Fer



No escribo con más tinta
que la traza de tu flujo
pero voy hacia tu cuerpo
y la vida no se escribe.



Poema Museo de Claudio Rodríguez Fer



Todo existe para que tú seas.
Tú eres para que todo exista.
Y tú estabas allí absoluta
y soberanamente existiendo.



Poema Morderás Esta Lengua Como El Crótalo de Claudio Rodríguez Fer



Trazas con tu verso caracolas
prendida en espirales de olas marinas
y me llevas a un astral acuario íntimo
fluyente como la historia de la luna en la que arde
tanta pasión plural por la ternura.

Nuestra común lengua humedecida
se moja como el pastizal entregado al crepúsculo
y fértil devuelve las manzanas en auroras
y hace surgir la sierpe por el seto de la selva.
Me escribes en la lengua que nos une
que acaricia, penetra y que ilumina
que casi comunica lo que las manos comunican
y pronuncia casi lo que callan los labios.

Estaría dispuesto a renunciar al poema
y ser pasiva musa con tal que tu cantases
y ser la negra sombra o ser el huésped blanco.

Yo sé que bañarás en los mares de la dulzura
-de amor dirás palabras que tu cuerpo
escribirá mis versos liberado-
cada una de las palabras que me escribas
y sé que cada vez que arda tu boca
morderás esta lengua como el crótalo.



Poema Más Allá De La Saudade de Claudio Rodríguez Fer



Yo, que tantos hombres he sido
Borges

Porque de tantas vidas que tuve estoy ausente
y soy, a la vez soy aquel hombre que fui.
Neruda

Tú,
que tantos hombres has sido,
no fuiste aun aquel
que subió conmigo
a las montañas nubladas,
donde está escrito:

«Ellos vendrán.
Vendrán erguidos
por la oscura niebla
donde levita Galicia.
Los caballos serán fulgurantes.
Las botas altas y negras.
Azules las miradas y las casacas;
las fustas, negras.
Traerán un aroma a roble,
una hoz y una bandera roja.
Bajarán por la gándara
enamorando a las doncellas.
Quizás vengan dos.
Los caballos azules.

Botas y espuelas negras.
La bandera, roja.
Uno traerá la hoz,
otro la esperada enseña.
Recitarán a Ossián,
agotarán las cepas,
hablarán de los hombres de las pallozas antiguas.
Bajarán por la gándara,
relampagueante de cascos,
silenciosa de estoicos guerreros.
No lo olvidéis.
Ellos vendrán por la oscura niebla.
Uno será un caballero,
traerá hoz de bronce,
y en el porte mítico veréis
que desciende de Breogán.
El otro será apacible,
traerá la palabra
y vendrá con el estandarte rojo.
Que la tierra que pisen sea fmne,
el vino noble y las mujeres propicias».

Mientras,
a mi me sucede lo contrario
que a Pasolini con Gramsci:
estoy contra ti en la luz,
más contigo en las oscuras tinieblas.
y es que yo creo en la lógica de las cosas,
pero no creo en la lógica.
Por eso fui tantos hombres
como mujeres tuve.

Y por si alguna vez nos encontráramos
recuerda que yo subí a la cumbre de la montaña,
que divisé el abismo
y que bajé por ti.
Recuerda,
que estoy esperando el día
que serenes tu palabra,
liberes de nuevo el grito de los antiguos
y me digas que estás dispuesto a subir.
Entonces lo dejaremos todo,
quemaremos la última noche que nos queda,
y en los caballos azules
subiremos a las montañas nubladas,
traspasando la oscura niebla
donde levita Galicia
y donde termina nuestro laberinto.
Juntos cazaremos todos los ciervos pardos
y regresaremos cubiertos por pellejos de lobo.
Después nos perderemos en los barrancos,
librando cadenas,
prendiéndonos de cabelleras femeninas,
hasta consumar el ciclo, .
allá,
donde no hay estado, ni dios, ni poder.

De «Poemas de amor sen morte» 1979



Poema Más Allá de Claudio Rodríguez Fer



Cuando
nos abrazamos
vamos
a otro mundo
donde
nos abrazamos
y marchamos
a un trasmundo
donde
nos abrazamos
y donde tal vez sólo
nos abrazamos.

De «Tigres de ternura», 1981



Poema Luis Pimentel de Claudio Rodríguez Fer



¿Te acuerdas amigo Luis de Lugo libre
antes del espanto sobre el fango?
Entraba la mañana por tu plaza
y la luna abandonaba los bancos de la alameda.
Desde la ventana acristalada
veias levitar tu ciudad
en el espejo que llevaba un obrero
encima de la cabeza.
Bajabas con cuidado
por no romper las sábanas de niebla
y lentamente sólo tú paseabas.
(Lejos los arrabales se acercaban).
La música del palco
ponía guantes blancos a las banderas.
Después llegaba el atardecer:
la hora en que la ciudad era paisaje.
Por la calle subían las casas en muletas
y las murallas se dormían redondas y suaves.
Tu decías: «Atardeceres de mi villa,
largos, casi eternos.
(Los años pasan rápidos;
los días, lentos)».
Y Lugo se abandonaba a la noche
vigilado por su poeta de guardia.

Pero una noche de lenta puesta de sol
desamparaste de versos tanta calma.
Y tu que creías que en un pueblo pequeño
no había asesinos
comprendiste que la ciudad había muerto.
Con nadie podías cambiar tu sonrisa
y todos los rostros resultaban forasteros.
Para ti jamás volverían a ser alegres
las banderas que sangran anilina.

Los arrabales abatidos a balazos
quemaban los últimos harapos
y los surcos se abrían a los cadáveres
que llenaban de metralla las vísceras de la tierra.
y cada verso que escribías
resultaba ser un surco de lágrimas
que se convertía en cuneta.
¿Te acuerdas amigo Luis de Lugo en luto
bajo la sombra fugacísima de las balas?

Poeta en nicho
cruzaste todavía el puente del terror
y hubo más palabras para tus versos.
(Tú sabías que la ciudad había muerto).
Seguramente un día
saludaste a mis padres
en el parque o en la alameda
y me dijiste algo
porque yo ya había cumplido
y mantenía implacable la alegría.
Pero tu sabías como nadie
que los niños también mueren
que existen niños solitarios y tristes
extraños niños
que conocen la muerte.
Prematuramente desvelado
yo nunca olvidé tu canción
para que un niño no duerma.
(En los arrabales ya no quedaban niños).
¿Te acuerdas amigo Luis de tanta sombra
sin luces por la bruma de Lugo?

De «Lugo blues», 1987



Poema La Cabellera (fragmento) de Claudio Rodríguez Fer



Yo nací en un país verde finisterre que vago
errante tras manadas de vacas.
Incierto hijo soy de las tribus móviles que sólo se
detuvieron cuando se les acabó el mundo.
No tengo otras raíces que las de la espora ni
otra patria habito que la del viento.
Me siento de la estirpe de aquellos pueblos nómadas
que nunca se constituyeron en estado.
Nuestro espíritu conoció el abismo y el sentido
telúrico del entorno normal.
Nuestra historia es la del pueblo que perdió el
norte y se confundió con los bueyes.
Pero yo recuperé el norte en medio del naufragio
fluyendo sensualmente de la cabellera de la luna.
Y la inmensa cabellera es laberinto en el que
solamente hablo a quien yo amo.

De «A boca violeta», 1987



Poema Hotel de Claudio Rodríguez Fer



Todo amor tiene un espacio.
Todo espacio un vacío.
Y nos llenamos de nosotros
vaciándonos de nosotros.



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