Poema La Aljaba Del Viajero (i) de Santos Domínguez Ramos



Aunque entre sus mayores se pudieran tal vez contar
Mutasim mismo y quienes lo vencieron
.
Fernando Quiñones

La almendra de la noche en los aljibes hondos
de la memoria.
Volverás a La Zubia
cuando en la madrugada el viento agite
banderas de silencio sobre los torreones.



Poema El Alfanje Secreto (xxii) de Santos Domínguez Ramos



Quien escribió estos versos no tuvo el privilegio
de conocer los días de un futuro imposible:
no percibió la imagen cabal del universo,
no supo de Alighieri, ni de Shakespeare; no estuvo
en las arrebatadas ocasiones solares
por las que transitaron tal vez sus sucesores.
Su destino lo fija la misma arena frágil
que nos expone a todos a la marea en la orilla.

Pero el tiempo piadoso le concedió otros dones:
no vio la destrucción de Medina Azahara,
ni el agudo estertor secreto de la peste,
ni las persecuciones que azuzó el fanatismo,
ni perdió en otro exilio injusto su pasado.



Poema El Alfanje Secreto (xxi) de Santos Domínguez Ramos



Con la pasión secreta y erosiva del agua,
el lirio se levanta sobre los albañales,
regala su lunar plenitud de blancura
a la alquimia secreta de los asperjadores
y anuncia la costumbre fluvial de otras mañanas
en los tibios jardines dulces del paraíso.



Poema El Alfanje Secreto (xviii) de Santos Domínguez Ramos



Con el arco tensado sobre los acueductos,
los caudillos del tiempo ostentan su vigilia,
defienden la clepsidra severa de los días,
el ábaco inflexible de la edad, el mosaico
tenaz, el vidrio frágil de las duras esfinges.



Poema El Alfanje Secreto (xvii) de Santos Domínguez Ramos



Por los hondos barrancos del dolor se resbala
a pozos del silencio, a la almazara oscura
donde se exprime el fruto agrio del desengaño.
El panorama mudo y herido de la nieve
y un cuchillo de luna, sin sangre, por las sierras.



Poema El Alfanje Secreto (xvi) de Santos Domínguez Ramos



Con frialdad mineral de reptil, el alfanje secreto
del tiempo hiere esquinas, higueras y perfiles,
orillas y alamedas y el otoño del bosque.
Traza curvas fluviales de sextante celeste;
deposita en su alcuza con terca indiferencia
la savia inconsistente del olvido o el sueño,
la sustancia frugal de las desolaciones,
el material inerte que destila la lenta
alquitara del mundo.



Poema El Alfanje Secreto (xix) de Santos Domínguez Ramos



Un hombre no es un hombre hasta que no ha sentido
en su pecho los negros lebreles del olvido,
la torva geografía del dolor riguroso,
la arquitectura aguda del ajimez desierto,
el alpechín amargo y turbio de la ausencia.



Poema El Alfanje Secreto (xiv) de Santos Domínguez Ramos



La luz de parasceve, la casa de David.
Con espadas de fuego, los ángeles del sueño
encienden luminarias detrás de la medina.
En las puertas de bronce los eunucos se duermen
escuchando los cuentos de los fabuladores.
Abu Imram les ofrece el pebetero antiguo
que vio arder una noche caliente en Tremecén.



Poema El Alfanje Secreto (xiii) de Santos Domínguez Ramos



Recostado en la arena,
el buen Abul Jaqam
te había prometido una noche de amor.
Tras la primera unión se ha quedado dormido
hasta el amanecer.
Y tú has tenido tiempo
de ver en él la imagen de las hogueras leves
del ocaso, la imagen
exacta, ausente y lenta de la muerte.



Poema El Alfanje Secreto (xii) de Santos Domínguez Ramos



Ya los músicos ciegos, con su salmodia oscura,
cruzan lentos la Puerta del Leproso. El estuco
dudoso de la tarde se enfría en las copas de oro
del salón del visir.
Y por los muladares que muerde un viento antiguo
la sombra extiende el velo balsámico del sueño.



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