Poema Declaraciones Apócrifas (iii) de Raúl Orozco
Gozo de los sexos prometidos,
Tiernas ostras
Abiertas
Que goloso devoro.
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Gozo de los sexos prometidos,
Tiernas ostras
Abiertas
Que goloso devoro.
Nunca averigüé
Si fui ingenuo
o alguien con demasiado talento
como para poner los pies
sobre la tierra.
Que la muerte me tome por asalto.
Pero yo no me rinda,
que me entregue,
que baje la guardia…
Jamás de los jamases.
Que la muerte me tome por asalto
Y ni así será enteramente mi dueña.
Yo no soy siempre el mismo,
ni el de mañana ni el de ayer,
de mi existencia antigua me separa un abismo.
La emoción que ha pasado, ya nunca ha de volver.
Mas a veces revivo en un día lejano
o otras presiento un punto la hora que vendrá.
En este frágil cuerpo humano
han muerto muchas almas ya.
Veo un sol rabioso devorado por un saltamontes
en la colina
que sólo la pluma fuente de la noche consigue
aplacar con los negros trazos de la tormenta.
Un sol loco y espumante corriendo en la colina
tras de mi ojo izquierdo, saltado y de negro
sombrero de copa,
Donde una estrella almidonada por el cuello
sirve el rubio champaña de la madrugada.
Pero hay quien prefiere un mar, un mar de violetas,
un mar de vino,
extendiéndose ante la mirada de los grises
mercaderes de la cordura.
Ah el mar de vino, mi querida visión del mar de vino
que aplaca la antigua nostalgia de la fiesta,
finalmente me abandona a la huracanada boquilla
de mis pensamientos.
Mi mensaje a bordo de una botella de náufrago.
Ni la quemadura de la llama
aplaca mi sed.
Ni la quemadura del sol.
¡Jugar con fuego! Mi corazón
es un galpón de gasolina
un polvorín de fuegos artificiales.
La llama es mi director
de orquesta.
El relámpago me persigue
a campo traviesa.
Zarza ardiente es todo
cuanto amo,
carbones encendidos,
camino sobre brasas,
baile en la fumarola
de un volcán en erupción.
Ay, mi pensamiento se consume
en la hoguera de la hermosura
del mundo.
El mundo afuera
es la hermosura
de una flor,
mi pensamiento
el interior
de la flor.
¿Me preguntas acaso
si morir
es caer
al interior de la flor
y florecer
a cambio de pensar?
El fuego hacía presa del marco tallado
de las nuevas amistades
que siempre caminan del brazo del primer
desconocido que pasa bajo un paraguas.
Los últimos días de abril tenían la dureza
de la reja de arado.
Manos enviadas por telégrafo, besos con empaque
dentífrico, encuentros en el rellano
de la escalera. La cara o sello de la moneda que
duraba en el aire de la tarde cortante
como una hoja de afeitar.
A la luz de una vela amenazada por la mañana
no se sabía si esa muchacha
entraba o salía del baño.
La sombraluz en la celda de la prisión
¿Qué dice? ¿cuál sentido
que la palabra
no descifra por anticipado?
Ha acaecido el aguaviento.
Cambia la piel del tigre
cuando el hombre de niebla
apenas muda su rostro
a la sombra de la picota.
Que el jardinero persiga la cizaña
hasta el aposento de rey.
Al anochecer, vuelva la oveja al pastor.
El sordo teja la lana en la rueca.
Ni el agua apague el fuego
para que perdure sombraluz.
La espada deberá ceder
al ágape de los amantes.
¡Tres veces habrá de sonar la hora!
Durante el día duermo a orillas
del helado torrente de montaña.
Un enjambre de mariposas
revolotea en el jardín de mi barba.
Pero durante la noche, quedo a solas
con la embrujada
Dama de las sombras.
En el rincón de la casa de campo
veo dibujarse sus labios muy finos
y relucir la negra estrella de sus ojos
Mientras me llama a su paso
por el oscuro corredor
apartando los flecos de la niebla.