poemas vida obra x




Poema Xvii (de Diario Cómplice) de Luis García Montero



Nada más solitario que el dolor
porque también excluye a quien lo siente,
si con él se traiciona o se acompaña.
De mi propio vacío
siempre yo el excluido.
Tú,
tan desaparecida,
tragada por la tierra como lluvias de paso,
puedes estar debajo de las sombras
que comparten la noche con mi sombra,
en los bares abiertos igual que las heridas,
las hamburgueserías
que la ciudad habita y condecora
con la tristeza inmóvil que vende un cabaret,
donde las gentes pierden
el pudor de saberse atormentadas.

Junto a los coches muertos a un lado de la calle,
hay un lugar sin nadie que se convierte en lágrima.

Y yo
desesperadamente lo recorro,
porque también mis ojos
vagan por la ciudad buscando aparcamiento,
en las últimas horas de este lunes sin fin,
lejano y solo.



Poema Xv- Cimarrona Fruta Del Campo Y Del Día de Carmen Boullosa



Cimarrona fruta del campo y del día,
tu deseo es el aspa indomable
que un día cualquiera talló en ese sitio
lo que llevo yo por cuerpo.



Poema Xviii de Rubén Izaguirre Fiallos



Hace unos
años
no pude
ser comunista,
porque estaba
ocupado
tratando
de ser un niño.



Poema X Frances de Louis Aragon



Un nombre como sangre de trivial cortadura
sencillo por demás para ser retenido;
se dice sin pensarlo cual se bebe agua pura;
lo pudiera llevar cualquier desconocido.

Un nombre, corazón isócrono en que radie
la quietud de las horas si de pronto se altera;
un nombre que no haría volver el rostro a nadie:
como el que los soldados llevan en la pulsera.

Un nombre como tantos que destiñen los vientos
en las tablas, las tumbas y las actas civiles;
un nombre y apellido -punzantes y sangrientos
zuecos donde se estrujan unos pies infantiles.

Ayer como nosotros era un adolescente
aquel cuyos verdugos llegaron con el día;
decían las mujeres su nombre dulcemente
sin saber que al nombrarlo la gloria sonreía.

Ese nombre trivial como tierra sin amos,
con devoción ahora nuestra gente lo nombra:
sobre el asfalto, al pie de su escritura hay ramos
y damas de rodillas ataviadas de sombra.

Nombre bello, incoloro: como se dan en Francia
para cruzar la turba y morir sin reproche;
un nombre silencioso como la vigilancia;
nombre como las luces de una aldea en la noche.

Versión de: Carlos López Narváez



Poema Xxvi (de Diario Cómplice) de Luis García Montero



Bajo una lluvia fría de polígono,
con un cielo drogado de tormenta
y nubes de extrarradio.

Porque este amor de llaves prestadas nos envuelve
en una intimidad provisional,
paredes que no hacen compañía
y objetos como búhos en la sombra.

Son
las sábanas más tristes de la tierra.
Mira
cómo vive la gente.



Poema Xi (de Diario Cómplice) de Luis García Montero



Sospechan de nosotros. Ha pasado
el primer autobús, y nos sorprende
en el lugar del crimen,
desatados los cuellos y las manos
a punto de morir, abandonándose.

Nos da el alto la luz,
sentimos su revólver por la espalda,
demasiado indeciso,
su temblor en nosotros, encubierto
bajo el pequeño bosque de las sábanas.

¡Corre!
¡Coge el amor y corre cuerpo adentro!
Hay un desfiladero sin leyes en los labios,
un laberinto ardiendo de salidas.
Mira tu corazón o tu cintura,
ese castillo en alto
que mis muslos coronan como un lago de niebla.

¡Corre!
Atiende sólo al viento de la piel
pasando y regresando.
Y que suenen las ráfagas,
que suenen los disparos,
que las sirenas suenen a tu espalda.



Poema Xv (ii) de Kenny Rodríguez



Yo me subí a los trece años
y llegué a odiar los rieles
y el tren.

Soñé y soñé y seguí soñando
el descabezado de mi infancia;
no pude más jugar a las muñecas
que se les cae la cabeza, mamá,
y me da miedo.

Perdí a mi padre y
aunque no fui ejemplar
tampoco me drogué,
yo ni siquiera sabía,
y escribí, escribí
mi multitud de fantasmas
y me dolió el corazón
hasta que llegó la adolescencia.

Si reí entonces
no fue la sonrisa limpia
que nace de los ojos
yo creía vivir
y completaba cuadernos
y me imaginaba que un decapitado
era una coincidencia absurda
en mi paseo.

Pero escalé mi conciencia
y la encontré triste,
y reconstruí cada escena
grabada desde mi niñez,
cementerio negro y profundo,
muerte de cada piedra,
muerte de cada rincón,
muerte, muerte, muerte.

Yo no pude más
de brazos cruzados
ante la noche de mi pueblo,
yo no pude más
y me declaré combatiente de la vida,
forjadora de la esperanza
que nos arrebataste, Playón.

(1986)



Poema Xv (i) de Kenny Rodríguez



Hace siglos llovieron sonrisas
a mi solitario caracol
padecí tus fiebres
y alcancé tu pecho para anidar.

De vos, ni un solo gesto queda
tan sólo el pincel de tu recuerdo
que te dibuja en mi soledad,
ya no volveré a tus labios
ni a tu almohada piedra de volcán.

Sea por vos
que devoro inviernos con los ojos
y trenzada a tu muerte
mantengo mi munición de amor
para esparcirte en todas mis galaxias
en punto del disparo
con profundo amor
a mis compañeros
y el odio más temido
a la implacable ave de rapiña
enemiga del futor, del amor
y nuestra lucha.



Poema Xiii de Jose Garcia Nieto



A tu orilla he venido. Tengo un otoño, un pájaro
y una voz desusada. Tú me esperas: un río,
una pasión y un fruto. Y tiene nuestro encuentro
el vuelo, la corriente, seguros, proclamados.

He venido a tu orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca,
el barro donde el agua sujeta sus mensajes
y la cuna del cauce para mecer tu sueño.

Dime si estoy pendiente de mi diario trabajo,
si basta a tus oídos mi tristísimo verso
o si a mi sombra vive mejor mayo tu carne.

De tu orilla me iría si ahora me dijeras
que te amo solamente como los hombres aman
o que mi voz te suena como todas las voces.



Poema Xxxv de Jose Angel Valente



La aparición del pájaro que vuela
y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.



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