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Poema De Simone: de Rémy De Gourmont



La Iglesia

Simone, me parece bien. Los ruidos de la noche
son dulces cual un cántico cantado por niños;
la oscura iglesia semeja un viejo «manor»;
las rosas tienen un grave aroma de amor e incienso.

Me parece bien, iremos muy serios, lentamente
nos saludará la gente que regresa de los prados.
Abriré la valla a tu paso
y el perro nos seguirá un buen rato con sus ojos tristes

Mientras tú reces, yo soñaré en los hombres .
que construyeron estos muros, el campanario, la torre,
la pesada nave semejante a una bestia de carga,
cargada con el peso de nuestros pecados cotidianos.

Cuando regresemos, Simone, será noche cerrada;
semejaremos fantasmas bajo los abetos,
pensaremos en Dios, en nosotros, en muchas cosas;
en el perro que nos aguarda, en las rosas del jardín.

Versión de L. S.



Poema Margarita de Rémy De Gourmont



Antes carne amorosa, antes dulce comarca
de placer;
y luego polvo bajo las sandalias
de San Francisco;
Margarita salvada de la carne
por el espanto de una carne adorada;
Margarita, con su nombre de cuatro pétalos
al pie de una santa higuera
y por tres años suspirante
en el limbo de la tristeza
y por tres años golpeando
en la puerta de la Santidad;
Margarita en una mortaja de oración y silencio;
Margarita cuya confesión
espantó la penumbra de las catedrales.
Oh Margarita, loca de Dios, pecadora arrepentida,
con el rostro pegado al suelo de la penitencia:
Santa Margarita, dobla hacia la tierra
nuestro orgullo.

Versión de Eduardo Carranza



Poema Zita de Rémy De Gourmont



Ojos dulces bajo la cofia,
pasos quedos y diligentes,
zuecos humilde,
corazón oloroso a pan de trigo
en el alba,
Zita cuyo oratorio era una cocina,
y que tenía por cocineros vestidos de blanco
a los ángeles del cielo;
Zita, amable reina en su reino humeante;
Zita: buen corazón, buen fuego, buena sopa,
albergue tibio y limpio;
Zita de manos rojas florecidas
de menta y de tomillo.
Santa Zita:
pon la mesa en donde se sienta el Amor.

Versión de Eduardo Carranza



Poema María de Rémy De Gourmont



Dulzura y amargura de los besos
en las barcas del Nilo;
María de Egipto, túnica del sol
y velo azul que rozan los dedos de la noche,
los dedos de la brisa y el deseo,
viajera pobre, errando de un amor a otro amor
en la noche del Nilo enardecida
como una boca joven cuando besa;
María finalmente arrojada por el huracán
en la isla penitente,
María con los labios quemados
por el azufre del Jordán,
María por las arenas, María bajo las palmas,
María entre los leones;
María alimentada siete años
con un pan milagroso,
Santa María, quema nuestros corazones
en el fuego divino.

Versión de Eduardo Carranza





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