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Poema Uno Se Cansa De Estar Solo de Miguel Angel Zapata



Uno se cansa de estar solo delirando
con su ventana en medio de la calle,
entre la nieve que arrastra
su blancor por los callejones olvidados.
Uno se cansa de salir a buscar la
misma mujer con el cabello
largo hasta los pies.

Tal vez en eso consista el arte de la soledad:
escribir repetidas veces la isla con su cielo lila
y la esbeltez del faro que derrama su luz sobre
nuestro cabello alborotado.
Tal vez sea sólo eso: una brújula sin memoria
para el tiempo que vendrá.



Poema La Vela Del Cuervo de Miguel Angel Zapata



Nadie sabe por qué la ciudad esconde el lenguaje
oscuro de las aves y los muertos.

El cuervo permanece callado, no quiere abrir la
bisagra y dejar salir su luz por la rendija de una
bocacalle.

Más allá del sueño de los cipreses está la sombra de
una manzana verde, la puerta que nos lleva a la
felicidad.

Dicen que la soledad nos llega con la lluvia, y que
la arena de las playas sube como un viejo reloj
hacia las torres derrumbadas.

El vino le habla al fuego, tu perro te mira escribir y
presiente las nubes que lo distraen en el jardín.

El sonido de una nube es como una campanada de
agua.

Nadie sabe por qué la puerta sigue cerrada, y los
pájaros no han vuelto a suceder.

Sólo hay una ventana, y desde ahí se ve a una mujer
con su deslumbrante cabellera trotando sobre un
caballo blanco.



Poema La Otra Ventana de Miguel Angel Zapata



Uno se cansa de estar solo delirando con su ventana en medio de la calle, entre la nieve que arrastra su blancor por los callejones olvidados. Uno se cansa de salir a buscar la misma mujer con el cabello largo hasta los pies.
Tal vez en eso consista el arte de la soledad: escribir repetidas veces la isla con su cielo lila, y la esbeltez del faro que derrama su luz sobre nuestro cabello alborotado.
Tal vez sea sólo eso: una brújula sin memoria para el tiempo que vendrá.
Y uno se cansa de estar solo delirando en una isla, abriendo la ventana de los árboles, rebuscando entre las hojas una palabra, una rosa en el jardín sin mar.





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