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Poema Viseu – Visión de Luis Canizal De La Fuente



I

Tú fuiste el que encontraba a Dios en los aromas
(pero no al diablo en los hedores), hasta el día
en que un dios descendió con su divina coima
a la Sé de Viseu, al sol del claustro
y a los olfatos de humildes oledores
que andaban por allí a lo que cayese,
o pedían a las bóvedas maná que contemplar,
o zurcían exasperados la tarde
o fregaban sus suelos cada hora:
a todos vino a visitar la celestial pareja
y para todos tuvo palabras de consuelo en forma olfativa.
Honraron los cuadros de santos con su sacra atención,
y un componente del perfume en cada uno
quedó:
a cáscara de plátano en la Visitación,
a cuello considerado en San Jerónimo
más una asturia complementaria en San Cosme y San Damián.
Cuando los visitantes quisieron gratificarse con un refrigerio de ambrosía,
todo el museo se preguntaba por lo que había visto,
por lo que había olido,
y subió al cielo de Viseu, en la placidez de la tarde,
un campaneo de lección mal aprendida por devotos torpes:
«¿A qué olía? Olía a gloria:
a cuero cabelludo,
a coelho cabeludo,
a cabelo coelhudo,
a loiro cabeçudo», y fue muy poco edificante
el cisma de dos feligresas a la greña
mientras el santo se les iba al cielo
y la santa a la tierra.

II

La ciudad tiene caminos para la tierra
y paraderos para estar en alto,
abstraído por el kifi o el enigma.
Tú prefieres mirar desde intramuros
cómo desciende la divina,
cada vez más menuda en la distancia:
va a confraternizar con las mujeres de los molineros
y con las artesanas de ribera,
y hasta a beberse un vino
en las ventas que quedan a la orilla del río.
Entretanto, el sagrado
gravita junto a ti sentado en el mismo crucero,
ciegos los ojos, como las estatuas,
a todo lo que no sea su divina esencia,
y puedes disociar sus ingredientes,
tranquilo de que el dios no se dará por ofendido:
el primer componente
quiere decirte que está aquí el otoño
y no podrás parar el triste aroma
a saliva seca
que cobrarán las hojas de los árboles.
El segundo, que perderéis este olor a papel que ahora os anima
y seréis todo lo más un desfilar de naipes con su hedor convincente
que golpea con los nudillos al pecho del olfato.
El tercero, que cantará en el puño
con voz de bajo toda mata de pelo
y habrá que conformarse si el pañuelo de seda
huele a casa de hidalgo abandonada.

III

Pero no te desconsueles: volverás a ver juntos
al hombre y la mujer divinaesencia,
juntos y sonrientes, gracejando
como fuente de vida que es el reír de los santos,
bravo de dentición, carente de márgenes,
embistiendo sin reservas el trapo del aire bueno:
te los encontrarás en los funiculares de Lisboa
(que bajan envueltos en celofán merced a sus ilusionados),
en los miracielos de Coimbra donde el río pasta tiempo,
en los disparos ocurrentes del paisaje alentejano,
y cada aparición querrá decir que dondequiera
que un olor y una luz amachambrados
den trapido al olfato,
contigo estarán ellos
haciéndote acertar
los hilos de la trenza de tu tiempo.



Poema Tocan El Clave Con El Carrick Puesto de Luis Canizal De La Fuente



Y parados en pie. Tocan el clave
como el que elige con sonrisa y manos entre
la vasta gama de la pesebrera.
Lo que escogen es prisma de anisados,
lascivo desperezo
de humo azul en pijama,
niebla constituida
y olor de lumbre abril.
Mientras tanto, ya el clave
rompe a trotar haciendo trenzas de agua,
remolinos minúsculos,
cantos ensimismados, como si no fueran
los hombres de Estremoz los que consiguen
que se ponga talar hasta las barbas,
a semejanza de ellos
y de ciertos envueltos de tabaco
para insistir revolcándose en los graves.
Salen transfigurados del café:
campaneando como cruz alzada
y embarrancados en la culpa, al tiempo
que redimidos de ella. No sé si me explico.
Todo por obra y gracia
de unas hidroterapias al clave bien tostado.
Salen al implacable frío de las placetonas
anegadas de niebla,
y no saben si han muerto en una de ésas
y andan vagando por el trascastillo
como por el alfoz helado de la muerte.
Todo por obra y gracia
de un café al autoclave tomado en Estremoz
un lunes de Pasión.
Segunda feira,
onze de abril de mil e novecentos
e setenta e seis.



Poema ‘…que Al Son De Nuno Júdice…’ de Luis Canizal De La Fuente



Los campos de la patria son una lección retórica de austria-hungría a caballo,
una baladronada de schumann cabalgando en un leño,
una sabihondez del abate liszt,
unos ojos exoftálmicos pidiendo limosna al cielo:
la consapevolezza
del mulo que sueña
con nubarrones desde la tibieza de su cuadra
mientras pasta ante la pesebrera.
Los campos de la patria
son tener cauce y no tener río al que asomarse
cuando se es árbol de la orilla.

…Como cae del cielo
la luz en lamparazos misericordiosos
medidos a zancadas por los postes y sus cables métricos.
Lamparazos de luz:
explosiones radiosas a lo lejos
que no acierta la vista a distinguir
si es aguacero jubiloso y repentino (como en el porvenir de nuestras vidas)
o al cauce abandonado cumplirle la promesa
de que volverá un día a transitar henchido,
con pinos en cantiles por orillas.

Los campos de la patria son
nube rampante en cielo de tormenta,
cañonazo estrellado en el costado mártir
del mapa en carnes vivas
sin nombres con los que arroparse.
Los campos de la patria son lo que resta de
un muro tembloroso de castillo
(como corazón de sandía enarbolado) en el aire de tormenta.
Los campos de la patria son un piano desmelenado cuando
empieza a llover a latigazos igual que exclamaciones
desatando el olor a pasto fresco en todas las conciencias.



Poema Pretérito Del Mar Indefinido de Luis Canizal De La Fuente



I

A la asomada primera tras la cumbre,
cuando bajaba el ballenato placentero
entretenido en curvas de merienda y uvas
y fortín soñoliento,
el gong del mar se pone en pie de un salto
dando con la cabeza en el pavés del cielo;
esparce de ceniza las recámaras,
vibran las entretelas, y hasta Alghero
no tendrá paz la tarde.

II
(Capo Falcone)

Hizo sus cálculos trigono-
métricos, cuadraron y es feliz, mientras aún suda
por las axilas la raíz cuadrada
un rocío radioso de reloj de sol.
Entretanto,
algunos farallones más dichosos
se enjugaban el porvenir aceitunado
en cortinas de sombra.



Poema Por La Noche de Luis Canizal De La Fuente



Por la noche, en el corral,
el grillo va levantando,
ladrillito a ladrillito,
el paredón de su canto.



Poema Periódico de Luis Canizal De La Fuente



No quiero ver más fotos de estropicios de guerra,
sino, a lo sumo, lo que les ha hecho el temporal
a los troncos de pino:
mandarlos crecer en bucle,
dejarlos astillados hasta media cepa
para que giman cautelosamente al acercarme
y pueda yo mecerme sobre tal cautela;
descuajarlos para que aromen a tierra humanitaria;
tronchar un fuste para que perfume
en forma de cabeza tonsurada,
un olor hemisférico a trasquileo humano.
En vez de ramas, sus sombras con que ceñir la carretera
para que vaya pulsando humanamente hacia lo lejos.
Contar la mitología metamórfica
del raigón de pino que era torso humano
y confundido fue por la divinidad
en escamosa grupa de marino monstruo
que ladraba a los pinos.

(Acabado el relato,
sueltan todos a una la leyenda
?dígase cabellera?
y me sellan el juicio largamente
con bufanda de ovas. Inefable.)



Poema Padre De Todas Las Crismas de Luis Canizal De La Fuente



(paisaje pasoliniano)

Se colmulga también en templos de la sordidez:
has de reconocerlos
por los ojos de arcadas aturdidos
que tienen en las plazas los patios de caballos
y, en sus puertas, montantes
con el cristal de medio real saltado
al modo guerra de la independencia
por turbas que convierten estaciones de tren abandonadas
en catedral del vómito en ayunas.
Entrado el sol en esos deambulatorios
todo lo hace el fervor,
la mano como garra piadosa sobre el pecho,
el rosario sonoro de las gotas pendientes,
la mirada ascendente,
la actitud recogida del cobarde,
la salida gloriosa del que huye por la puerta grande
a las afueras en que crece la hierba de la desconfianza,
anhelando a barrunto los trazados termómetro
y su camino alegre; y encontrarlo
cicatrizado por la violencia
en túmulos canela.
Desolación. Desnorte. Mirada circular,
y es sólo entonces cuando se despierta
el hedor del baldío de la tierra.



Poema Landre Coma [a] Landrú de Luis Canizal De La Fuente



Quién esconde palabras, quién escatima honra,
quién calla como losa la condición del leño;
y por culpa de todos hay mendigos de almendra,
hay bocados de adán que
piden misericordia de un ladrido
a las luces en forma de bombilla en bodega.

Mas por detrás del mundo hay otras veces
en que ingresan miradas inocentes como manos de pez,
desplazan en dos golpes de aleta dos nadas laterales,
lo ignoran todo generosamente
con el gesto fraterno del jabón,
y así se desgañitan en continuum.
Por el camino manso de naturalidad
protenden su natura de ladrillo;
si el reloj de ataúd da manchas de fatiga,
ostentan más y más que son de arcilla
y de curiosidad truncada a medio asombro.
Por fin, contentos, se
vuelven atrás de su propósito,
hacen el águila imperial a levante y poniente,
suben el abrigado cuello de la indiferencia
y profieren joviales sin desplegar los labios:
?Landre, coma, landrú.
Yo soy todo inocente. Mira si lo eres tú?.



Poema La Hora Todavía de Luis Canizal De La Fuente



La hora todavía
se dejaba tocar en la cabeza.
Qué descanso: estar vivo
era seguir durmiendo.



Poema En El Trasmundo Tiembla Una Bombilla de Luis Canizal De La Fuente



I

¡Valtellina aprendida de memoria
hace diez años, sobre los papeles,
en figura cambiante de lo que nunca fuiste!:
ni pergamino casi transparente,
ni ternilla de un blanco repulsivo
ni trémula cuajada para fauces.

II

Valtellina bufanda sin sombrero,
malhumor ascendente desde el amanecer,
humor agrio de sol entre las barbas,
minuto centelleante carretera abajo.

III

Y cuando nada importas a tirios ni a troyanos,
y trescientos deshielos han comido
la melena de piedra del león de tu historia,
y cuando ya tus hombres
no queman, ya no bregan
ni obedecen a Dios ni se sublevan
?a lo sumo, sestean
ante un vaso de blanco
y dicen en dialecto que regalan un gato
al español que pasa y curiosea?,
entonces encontrar el pecho de San Pablo
en tu valle zurrado de peleas,
ya sólo cicatrices recubiertas de hierba.

IV

Descubrirlo esta tarde, cuando nadie hace caso;
descubrirlo pulido
por la lluvia, entre el barro resbalado.
Y entonces abrazarse
contra el pecho de tabla de San Pablo
en figura de pueblo y desconcierto de animales mojados
entre establos cerrados
y bombilla penosa y apenada
en el marco febril de la ventana.



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