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Poema Para Vivir de Jordi Doce



La mano escribe para no morir.
O cuenta el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
el lento gotear de las estrellas
y su terco silencio impenetrable.

La mano escribe para no morir.
Semeja su hermana, la lengua,
envuelta en un temblor que no comprende,
ajena a la raíz que la redime.

La mano escribe para no morir.
O dice el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
quietud de lo que nunca vive o muere
pues nunca tuvo nombre.



Poema En Kelmscott Manor de Jordi Doce



Sobre el musgo peinado,
sobre la losa negra
que confirma tus pasos,
mira el tendón del agua,
el relieve fluyente
que tira de la orilla y de los juncos
palidecidos, donde el agua
huye de sí, en el umbral
del remanso, de su negrura
tibiamente limosa. Van
por el río tus ojos, por su piel ocelada,
entre motas de luz
que enmadejan el aire,
y su fluir revela
las formas de la calma, el molinillo
de plegarias del día, el hila que te hila
de la contemplación más pura,
cuando nada se espera,
cuando mirar es sólo
subida a otro mirar, ahora,
en un tiempo anterior a la mirada.



Poema El Esperado de Jordi Doce



El tiempo ayuda al mito de lo que no sucede.
Él vendrá o ha venido, no se sabe a fe cierta,
abundan los rumores mas no hay pruebas,
pudo ser aquel viejo de la capa raída
o el callado extranjero que no salió del cuarto
durante días, ¿quién podría asegurarlo?
Mejor no decir nada, mantener la vigilia,
dar órdenes precisas a guardias y aduaneros,
dibujar en el sueño el rostro de quien nunca
dio señales de vida ni declaró su nombre,
en la espera y deseo de que alguna mañana
se anuncie en una vuelta del camino,
incorpore su rostro a nuestro asombro
tan sólo por hallar a sus creadores,
por saber que fue cierta nuestra imaginación.



Poema Vuelo Antiguo de Jordi Doce



El vuelo de esta avispa
en el azul del aire, contra un fondo
de cipreses y falsas
columnas medievales, mientras Paula
desanuda con paso
azorado el jardín
y advierte fugazmente cada tronco,
la trama ensimismada
de setos y empedrados,
viene tal vez
de muy lejos, de un tiempo
anterior a los tiempos que recuerdo,
cuando el simple existir
de las cosas
se imprimía en los ojos
con limpieza, y el vuelo recto
y absorto de la avispa
era tan sólo acción y asombro,
humilde acontecer
como este fondo azul
que afirma a los cipreses
de repente crecidos,
igual que ahora Paula
con andar más tranquilo
se acerca hasta sus troncos
y levanta los brazos
(niña avispada)
respondiendo feliz a su saludo.



Poema Visita Del Grajo de Jordi Doce



El grajo que reposa en esta página
?el mismo que ha graznado en tantas otras,
profetizando noches, carencias, desengaños?
no tiene constancia de su rango:
el frío del norte enciende su instinto
al azar por los caminos del aire,
pendiente de los hitos del insecto y la semilla.
Es grajo sin saberlo. No conoce
las ropas que le cuelga mi superstición,
los temores y equívocos que su vuelo despierta
bajo la terca lividez del cielo.
Vive ajeno de sí,
absuelto por un clima sin clemencia:
yo lo contemplo desde la ventana
de mi vieja inquietud.

El pulso punitivo de mi ensueño
construye un nido en esta página.
No sé si el grajo viene o es su sombra
la que ahora mira sin mirar, plegadas las alas,
con ojos que me juzgan transparente,
este grajo que trazo con mis dedos
y en el frío de marzo grazna su indiferencia.
El negro de sus alas rima con la pizarra
cuando de pronto tuerce el cuello
buscando no sé qué, tal vez una salida.
Ignora que fabulo su reposo
a fin de que él encarne mis temores.



Poema Viejo Poeta de Jordi Doce



Quien extravió la vida al recrearla
con secreta pasión, al hilo de palabras
que forjaron, tal vez, su limpio emblema,
vuelve a mirarte desde su cansancio,
donde la luz evita esas pupilas
que un antiguo fulgor encaneció.

El premio es la ceguera, el abandono.
Creer tocar la luz y que calcine.
No la paz satisfecha
que pudo confundir en otro tiempo
con la sabiduría o su inminencia,
cuando saber es la palabra
que nombra la derrota del deseo,
el temblor de unas manos en el aire.



Poema Sylvia Plath de Jordi Doce



(McLean Hospital, 1953)

Puedo sentir el mar, o un fondo de campanas.
El ruido de gaviotas me reconforta, alivia
mis ataques. De vez en cuando una enfermera

ajusta la almohada o despliega las sábanas
hasta que siento un peso en mi barbilla
y no hay frío. Los gritos que escucho en la distancia

son eco y droga. Me visitan madres, parientes,
pero me canso pronto y ellos dudan. Los días
sisean como ancianas y un instinto de sol

agita las cortinas: es agrio como el alma,
y desmedido, y turbio. Hay una hoja al pairo
en mis venas, y cada noche se abre camino

hasta el nudo preciso de mi piel. Y si atiendo
siento el rumor del agua y de una quilla
partiendo el espinazo de la lengua.



Poema Segundo Diálogo En La Sombra de Jordi Doce



En la noche, tu mirada abolida
espía entre juncales de negrura:
no acepta de las sombras
su indiferencia, su aparente
estar ajeno a quien
las mira. Piensa
?como piensa el mirar, absorto
bajo los párpados?
si es nada lo que no ve, o si nada
son sus ojos porque no ven.

¿Hay diferencia?
Porque duda o no sabe
sigue buscando, y en la duda
una lumbre modesta se abre paso,
pone su cal
al fondo de los ojos.

Quien mira sabe
que algo le está mirando.

Porque la noche lo permite,
no buscas en su negrura siluetas
ni bultos para desmentir la nada,
buscas sus ojos que te están buscando
sobre un hilo que entonces se ilumina.



Poema Revés Del Asombro de Jordi Doce



No hay tiempo en el instante del asombro,
sino el cruce tal vez de muchos tiempos,
baraja ensimismada en un abismo
con fondo en el imán de lo indecible.
Hacia esa lumbre miran tus palabras.
Hacia esa tea que sostiene, alerta,
el ávido crupier de los sentidos.

Desenreda sus hilos el instante:
la ingrávida sorpresa, el resplandor,
la feliz aprensión con que una puerta
invita a completar nuestra existencia?
Ignoras que esa luz no te consiente.
Tiempo palpable en el umbral incierto,
tu afán es un enjambre de palabras
que esculpen en el aire su derrota.



Poema Reencuentro de Jordi Doce



Ojalá que la noche sea esto únicamente:
la pesada respiración del mar
como un animal torpe y hechizado,
un pañuelo de cuentas negras bajo tu frente,
la dulce sensación de estar a la deriva
contigo, de espaldas a la ciudad,
turbados por el pulso de un amor
que es siempre recomienzo.

Así me rindo a la evidencia:
lentamente, el reclamo de las aguas
con que el silencio nos acoge,
sencillo, hospitalario, se desplaza
para dar paso al frágil territorio del tacto
y remediar con él la insuficiencia
con que la soledad y la separación
nos obsequiaron tantos días.
Apenas hay sorpresa en nuestros ojos,
en nuestras bocas poco acostumbradas
al amor. Sólo tú, reencontrado,
recién llegado cuerpo,
podías franquear tan sin esfuerzo
la distancia que lleva a mis sentidos,
podías recibir la plenitud
que en este corazón cansado
dibuja la pasión, el instante más dulce.



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