poemas vida obra alfredo buxan




Poema Para Dormir En Paz de Alfredo Buxán



No temo el arraigo de la soledad
en el derrumbadero de las tardes,
ni el desvalimiento de la cólera
que destruye a traición nuestra esperanza,
ni el agudo entrechocar de la erosión
en la conciencia alerta de mis huesos,
sino tu eterna ausencia repentina,
más grave y más amarga que la muerte.



Poema Elogio De La Quietud de Alfredo Buxán



Nada tienes que decir, después
de tantos años de inútiles esfuerzos
por nombrar lo indeciso.
Te ayudan a saberlo un puñado
de libros, la atroz benevolencia
que adiestra tu mirada,
los continuos achaques, la soledad
y los amigos.
Tu corazón pervive
como aguardan las piedras
en la orilla del río.
Son hermosas y limpias como tardes de otoño.
La suave tolerancia que propicia la edad
te permite mirarlas con un resto
de emoción, te induce
a compartir su invisible desgaste
con indiferencia.



Poema El Resentido de Alfredo Buxán



¿Qué bien echas en falta si respiras,
si cuelga en tu mirada la memoria
de aquel fuego?
No todos tuvieron
en las manos la dádiva del gozo
que dejaste escapar, torpe mortal,
a sabiendas de que una vez tan sólo
apoya su tibieza en nuestra puerta.

¿Qué desgracia te aturde si viviste?



Poema Sobre La Edad de Alfredo Buxán



A Paco Solano

Un tercio de siglo, si somos razonables,
apenas es un soplo. Sentado en una piedra,
pienso que soy un viejo y no siento
temor: miro a las nubes, solas, en lo alto
y el alma, según gime, se serena.
Otros dirán: se sume en el olvido.



Poema Sábado de Alfredo Buxán



A Florentino González

Me he sentado frente al silencio
del atardecer -donde no llega
el graznido de la modernidad-
a indagar en el sentido de la vida,
a contemplar la belleza
de las piernas que pasan, distraídas,
por mi puerta, ajenas al alboroto que levantan.
Como si fueran pájaros que emigran.



Poema Presentimiento de Alfredo Buxán



Alguien supo desde el primer momento
que sólo soy un muerto que ha venido
a aprender ese estupor,
un pobre muerto que no puede dormir,
un muerto
que ausculta con paciencia
la rumia de vivir.
Vana ambición,
sin duda, cuando la ejerce un muerto.



Poema Ofrenda de Alfredo Buxán



Toma el cuerpo que se entrega a tu cuerpo
como si eterna fuera la pasión que esgrime.
Holla su carne hasta el abismo del clamor
porque nunca sabrás en qué grieta del bosque
culminará su tránsito, se hundirá tu pisada.



Poema Nunca Aprendemos de Alfredo Buxán



Porque el instante es todo, el beso
que se da es un lento disturbio,
un fantasma de ceniza:
si supiera durar sería fuego.

Anega en un frescor inesperado
la pasión de los amantes,
su ciega soledad.
Se disuelve sin más
y se nos muere
contra la fría losa de los labios.



Poema Música De Silencio de Alfredo Buxán



Solamente es posible envejecer
lo mismo que la música, acorde
tras acorde hasta la nada, el éxtasis,
la cumbre. Queda la música
prendida en la conciencia
como lapa tenaz, como alfiler
de sombra, y nuestra cima
es el silencio, el inmóvil paisaje
de la muerte. La vida, en cambio,
espuma diluida
en la breve tarea de latir.



Poema Melancolía de Alfredo Buxán



En el borde de una tarde poco propicia
al escándalo de la mentira,
cuando nadie vigila los síntomas del tedio
que te cerca, entregado a la rumia
de una melancolía espesa y sin origen,
tu cuerpo se desvanece en el incierto placer
de deshojar el tiempo transcurrido.
Abres tu corazón al reconocimiento del fracaso,
absorbes su enigmática dulzura,
dejas el hueso al aire
mientras hilvanas, hechizado,
un cigarro tras otro frente al papel en blanco
de las horas venideras, las más ruines.
Ni siquiera te concedes
la añagaza de la misericordia.
Insistes, con la solemnidad venial de la costumbre,
en la vieja manía adquirida en la infancia:
agregar el fulgor de lo sublime
a la rutina de los días,
hacer veraces las palabras
que han perdido prestigio entre los hombres.

Cede la tarde como el lento parpadeo del faro
en los veranos de tu memoria.
Te fascina
el vigor de su penumbra.
Todo cobra sentido bajo el manto que la niebla
derrama sobre el mundo. Sólo te resta
una humilde derrota que administrar en paz,
una vida sin brillo, un tranquilo vagar
hacia el edén del silencio
y un rescoldo de emoción,
casi una brasa: elegir
entre dos sueños paralelos,
dos aludes, dos fuegos apagados,
dos cuerpos de mujer en la aspereza de tu piel.
Como los dos labios muertos de la misma herida.



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