Domingo, Junio 29th, 2003
VIII
Mi entraña mereció, panal mestizo,
la incorruptible ley de tu voluta.
En cada nervio de clavel o fruta
un embozado arroyo de granizo.
La abeja por mi sangre se deshizo.
Vi las raÃces de tu isla enjuta,
y el atisbo tenaz de la cicuta
mezcló a tu piel su aroma fronterizo.
Tiendo la mano para recogerla
y el lento cáliz de una llaga frÃa
estanca el iris de tu simple perla.
Me ciño a su enlutada melodÃa
quemándome sin fin por retenerla
en el doble rumor de mi agonÃa.
X
El verano se agota en el racimo.
Ni avena, ni cigarra, ni amapola.
Ni el alga haciendo venas en la ola,
ni las tÃmidas ranas en el limo.
Ni la corteza que hasta el llanto oprimo
entre la tierna muchedumbre, sola,
hecha de sangre y labios la aureola
donde me corroboro y me lastimo.
Ni la centella que la liebre rubia
mueve entre los primores del rocÃo,
ni la humilde fragancia de la alubia.
Ni el caballo de sal que adiestra el rÃo;
ni la múltiple espada de la lluvia,
dirán tu arisca huella, idioma frÃo.
Domingo, Junio 29th, 2003
Te supe un condenado otoño
al ras de las cortezas
en el sinuoso curso de meandros
Choque brutal de pupilas perplejas
vorágine apretando estupro con el cielo
acunándonos el vértigo Iniciados babilonios
te supe a media voz Con un deseo mágico
rozándonos tobillos los secretos más
profundos del pecado
SabÃa que existÃas
que te extendÃas grave en severos firmamentos
que conjugabas hechizos y serpientes
Que mecÃas tu cuerpo entre sombras ajenas y neblina
que tu gula era salvaje
que te enviaba Belili el infernal
Me convenció tu juego irreverente
tu descarnada afrenta Tu azul arcano
tu ser de sorpresiva ráfaga encantador heraldo
Y pregunté mil cosas esa noche
Era otoño Contestabas de perfil
repasando obrajes de tu lengua por mis labios
Desbaratamos trágicas hipótesis empanadas ordalÃas
amable triunfó la rosa de los vientos
y mi mano fue a tu mano
Sentimos nos unÃa la lÃnea el tiempo el color
Robando el paraÃso lo trepamos entre estelas jeroglÃficas
colmamos tabernáculos de Ishtar con corderos y un buey blanco
Ondulando recÃprocos por una ciencia infusa
por una rara geometrÃa acortando distancias de mortales
ufanos entre sables curvos propicia luna vino en cráteras
Tu calor era regresando del exilio
Incontenidas pasiones estallaban las arterias
Isotérmicos derruimos prologales muros del temor o la vergüenza
Aquella noche la primera Era otoño
Estación para gente de «savoir vivre» de «savoir faire»
Nosotros
Aquella vez se perdieron tus ojos en los mÃos
y yo sin detener el alma
logré despedazar a tu tristeza
Domingo, Junio 29th, 2003
Se abrasó la paloma en su blancura.
Murió la corza entre la hierba frÃa.
Murió la flor sin nombre todavÃa
y el fino lobo de inocencia oscura.
Murió el ojo del pez en la onda dura.
Murió el agua acosada por el dÃa.
Murió la perla en su lujosa umbrÃa.
Cayó el olivo y la manzana pura.
De azúcares de ala y blancas piedras
suben los arrecifes cegadores
en invasión de lujuriosas hiedras.
Cementerio de angélicos desiertos:
guarda entre tus dormidos pobladores
sitio también para mis ojos muertos.
Sábado, Junio 28th, 2003
Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraÃdo verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,
lenta rueda comida por agrias amapolas.
Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
RÃo de mariposas naciendo en mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el viento que venÃa con máscara de uvas.
Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenÃas, fresca mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me atravesaste como a un mar distraÃdo.
Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraÃso cortado, esfera de mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara…
sólo ahora mis ojos desheredados se abren.
Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego corazón perdido en la manzana.
Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que sin cesar devoran sus raicillas heladas.
Y te cruzo despierto, fiero túnel de ortigas,
remolino de espadas, vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que vuela con ciudades quemadas en el vientre.
Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un rÃo de pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,
seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.
Sábado, Junio 28th, 2003
Yo te sentÃ, paloma, en las mejillas
recién salidas del manzano alerta.
Tu cauto pico me encontró despierta
deletreando arenales y gramillas.
Jugaba un aire enano en mis rodillas
cuando tu anunciación pasó mi puerta.
Liviano amanecer, mi frente abierta
sufrió la voluntad de las semillas.
Turbada transparencia me dejaste.
Porque tu blanca miel labró mis huesos
y en limo y hojarasca me encerraste.
Vuélveme por los cármenes ilesos
a la escasez de lengua en que me hallaste,
en un grano de azahar los labios presos.
Sábado, Junio 28th, 2003
Tu aire esculpe el otoño en mi garganta.
La lumbre de las uvas montaraces
mis arriscadas vértebras levanta.
Dividio entre lágrimas rapaces
cruzo tus laberintos transparentes
empañados de perros y torcaces.
Palpo en tu rostro mis cenizas, claras,
mis pies vislumbro en tus cerradas fuentes.
Todo me nombra en cláusulas ardientes
y tú de toda puerta me separas.
En ti soy, de ti vengo, a ti me inclino.
Columnas son mis huesos de tu hoguera.
SÃlaba de tu canto es mi camino.
Pero mi triste boca es extranjera
oh, duro reino, en tu solar divino.