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Poema Shenandoah de Ramón Cote Baraibar



Existe
en medio del bosque
un árbol elegido
que maduro de verano
da la señal.

Allí se inicia el otoño
de toda una nación,

un árbol alto
quizás un arce

o un roble
se revela del bosque
con toda su tripulación
alzando sus sables dorados.
Es un abordaje
desapercibido.

A su alrededor
todo sigue siendo verde,
salvo este árbol
erguido, agorero,
terminal.



Poema Retrato De Vallejo, En Voz Baja, Acompañado Por La Muerte de Ramón Cote Baraibar



casi para María Luisa

Una precisa amonestación de huesos
es la cara
y cierta
apurada solicitud; el aire o el polvo
del que se excusa.
Un afán metido, algo de aguacero
en otra parte de la ciudad,
el rumor de un nudo recién
desatado.

La entrega intacta de las cosas
como si hubiera pasado de largo por la vida.
La palabra desafiante
que lentamente se oculta
como un relámpago
envainado.

*

Hay una temporada para la apertura
de las enormes adormideras,
y por todas partes surge
esa porción de pájaro que nos pertenece.
La mano que se acerca a tocar
todo lo que se le ofrece
provoca su último y más lento
parpadeo.



Poema Informe Sobre El Estado De Los Trenes En La Antigua Estación De Delicias de Ramón Cote Baraibar



Se autoriza a Don Durao García Goncalves pintar
locomotoras en esta estación de Madrid-Delicias,
dentro de las horas de 9 a 14, exclusivamente.

El director del Museo.

Para evitar que todo esto se convierta en memoria,
en pura memoria, en adulterada memoria
de alta luz y tardes atentas
al falso reposo del hierro caliente,
para evitar que julio me persiga con sus abejas
casi premeditadas,
quiero entrar con ceniza fresca,
sin evocar nada, con una proximidad
de temeroso y con un látigo de ciego
en los trenes que arrinconó el cansancio
en la antigua estación de Delicias.



Poema Extranjeros de Ramón Cote Baraibar



Los extranjeros tienen una forma de alejarse
que muchas veces se parece al desprecio.
La timidez
de un vagón de la Western Pacific,
pintado a propósito para filmar
alguna película de vaqueros en el desierto de Almería,
o el verde de Carruagems Portugueses
que recuerda a un camaleón incómodo
descubierto de repente,
o el ruso, molesto de tener pintado
un caballo que responde
a la desvaída emoción del jinete
en una parada militar.
Más tarde formarán parte del inventario,
pero por ahora siguen conversando
ese extravío mudo
de las cosas olvidadas
el dolor guardado ?golondrinas? con que callan,
el anillo equivocado de las despedidas.





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