poemas vida obra maria eugenia brito




Poema Parque Central de María Eugenia Brito



Abandonada de ti
te llevo en mí
como la antigua Venus
su belleza en los brazos rotos
sabiendo que al final de mí
me esperas tú
para cortármelos.



Poema Señales de María Eugenia Brito



I

Caer en la locura como la blanca virgen
cegada en los altares.
Tocar la realidad:
los pies heridos grieta por grieta.
Ser desollada
en el límite exacto de la piel para evitar el desvarío
que su perfil obstinadamente diseña.

II

Inversión del rostro en esa conversa.
Cifra del nombre. Piedad de los espejismos
que la desdeñan.

La que sólo fuera la anónima la olvidada
fue el estupor fue lo perdido
la lujuria del calvario.

III

Ahora lucha por conquistar la realidad.
Nadie le cree.

IV

Ciegan tus párpados:
la luz ya no vendrá a reeditar el día
Bajar los párpados:
ser un depósito un remanente
un paria.

Conceder a la tierra el alarido.



Poema Muros de María Eugenia Brito



I

Solitaria
de tanto hablarme a mí misma me hice muro
muro de murmullos ininteligibles
me hice guarida me volví eco
terminé medio persona medio arista.

II

En mi cuarto
las paredes quieren ajusticiarme
pues soy su fragmento desprendido.

Sobrevivo sin duda a mis espaldas.

III

Diseñada para completar la tierra
esfera de tu propio nacimiento
esfera blanca
perfilando el duro rectángulo del cuarto
donde me exhiben
puro rectángulo del síntoma y la nada
Sólo mis manos permanecen abiertas.
Sé que las paredes me desean.



Poema Milagros de María Eugenia Brito



I

Te dieron Judas como nombre.
Fuiste tan desechado
como amado.
Te regalaron la corona de espinas
?el manto?
Porque la historia se hizo por y para ti
la humanidad lloró con tu desdicha.

Los árboles son desde entonces el cetro del suicida
boca abajo del cielo.

La muerte fue soñada por los hombres
como la gloria del justo como la libertad
porque la vacilación y el amor fueron tu destino.

Cristo hizo para ti toda la historia.
Tenías que morir después de él a voluntad y solo.
Quien no ha muerto de amor no vivió nunca
y el abismo sí tiene hermosos ojos.

II

Aun sus mejores lágrimas
fueron para ti.
No para mí
ni para otras.
Ni para la eternidad que al fin y al cabo
era sólo una vertiente de su amplio deseo

?Hija de Dios?
?Espejo de Dios?

No contentada con ser ángel
Sino mujer:
Mujer martirizada.

III

Por ti,
la historia pudo ser oída.
Ya nunca más el árbol pudo ser sagrado
la luz se rompe entre sus ramas quebradas.

Tú fuiste el más amado de los discípulos:
se te dio el placer del sacrificio
y el horror del milagro.

Nunca pudiste verle el rostro,
hacer tuya esa mirada
fue tu acto de denuncia

No sabías que ése era también tu innombrable rostro
volcado para siempre a la eternidad.

Yo era sólo una de ellas.
Como tú conocí el placer del sacrificio
el horror del milagro.
Era sólo una de ellas
Ahora soy todas.
Tú me diste el bálsamo.
Él me llamó María Magdalena.
Y mis lágrimas pudieron limpiar su llanto
Caricias fueron.
Mis lágrimas pudieron lavar su llanto
doblándolo en mi cara
como el llanto de todas mis hermanas.

Y por ese bautismo tuve que cruzar todas las aguas.

IV

Tu roja boca fue mi bálsamo
también mi sepultura.
Pues para siempre mis ojos fueron lágrimas
y mi carne lecho:
lecho de tierra
lecho desterrado.

Volcaste la eternidad en mi regazo
Por eso ahora soy una errabunda:

Bien sabes el placer que da la muerte
La dulzura de su abrazo
el fin de la memoria
y su tristeza
Tu sola mirada me trocó los sueños
Como tú,
producto
convertida en nostalgia.
De esta manera
me abrí a las posibilidades germinales
no pude ser sino un error huyendo de sí mismo
no pude ser sino camino
entre una ausencia y otra ausencia
entre una nada y otra nada
brotaron los nombres de tu sombra
brotó el calvario de tu sombra
brotó mi quebrado nombre
y las palabras.

V

Si vieran la sorpresa del ángel al verme
Casi violeta
Atravesada por el murmullo intermitente de las aguas.

De bajada
exánime de tanto escribir palabras y palabras
para los innombrados
siempre vestidos de luto.
Cruzando las calles con mi transparente gasa
y mi sudor de mujer
recién parida.
Rodeando todos los cercos del cielo

VI

(El legado)

Tus clavos y tu sangre fueron
estrellas
en el firmamento profundamente angosto
de tu mano
cupo el dolor del mundo
y en tus piernas dios se estremeció.

Conseguiste al fin ser oída
ante los pies de tu madre
vieja
como tus heridas y tus brazos cortados.

Por eso
tus clavos y tu sangre fueron
estrellas
Del mismo modo
que los azules ataúdes con que nos clava el universo
son nuestra raíz angosta
desterrada
siempre y al fin sujeta por la tierra.
Nuestro cuerpo?un desdén?
?una gloria?
Tu cruz?nuestra nostalgia?
como cuando se mira un madero de leños ardiendo
sabiendo que afuera no nos espera nadie.



Poema Historia de María Eugenia Brito



Bajo los verdes árboles planté mi cabellera
Y los hice girar
Cada una de sus hojas eran mis pelos
Y mis brazos ya no subían al cielo
se quedaban quietos.
Sólo otros brazos hacían brillar sus hojas.
Como la luz del día
me fui llenando de grietas
mis piernas conocieron infinitas historias
también fui cortada

Y así, cortada,
desmesuradamente abierta,
el agua me penetró y
me penetró la luz

de las escuálidas ranuras
de esas fatigadas ranuras
perseguidas

de los muertos que buscándose
me buscaban.

Deseaban mi negra cabellera.
Yo hice girar mi cabellera
como una lisa bandera verde por la tierra
y fui raíz.
Sus brazos ciegos
me cortaron la boca
y fui su voz
por la que hablaron
los que un día colmándose
me colmaron.
Parí entonces las suaves colinas de Santiago
que quisieron ser árboles del cielo.

Parí a la insolente
la sorprendida
erótica
nieve de los Andes.

Esa es una voz nunca encontrada.



Poema Fotografías: Hogar De Ancianos de María Eugenia Brito



Como una fotografía de los años mozos
que inventara el presente de este ya
pasado
haciéndonos dudar dónde y cuándo
y en qué sitio
se manifiesta la realidad,
las habitaciones reposan repletas de palabras
suplantadoras fieles de los cuerpos,

del perfume, del tacto,
los amores, los cantos.

Las plantas estiran sus hojas a la luz
Como nosotros
intentando abrazar los parques
donde fuimos santos una vez.

Metáforas del tiempo
que pasa
pasa
pasa
y nos arroja lejos
nos llena de pequeños acontecimientos
nos hace pasado
Pasado de moda.

Todo un festín para los pájaros.



Poema Filiaciones (i) de María Eugenia Brito



La llaga de tu memoria, amor, escurre en mi boca el texto
cómo no ha de sangrar entero este rasgado

El prado te lloró el huerto te ha negado
mi sombra te borró

tu anhelo de morir me traspasa los dedos

Nostalgia tu pasión
heredero tu beso
curva dura la espina de tus velos

como un hacha la grieta que te espera

el primer corte es sueño; el segundo aún me transpira
la fatigada mano

Inhóspita la tierra que heredaras.



Poema Exilio de María Eugenia Brito



I

Ayer te llamé
y mi propia sombra
respondió en el teléfono.

II

Adiós te dije dulcemente
y la calle creció creció
como la noche.

III

Tu cuerpo lucha en la pared.
Mi cuarto
no puede dejarte ir
sin herirme.

IV

Fantasma trasnochado del amanecer
Cantando tu propio tango
De pie llorando
Ante el balcón de una mujer
También fantasma.





Políticas de Privacidad