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Poema Una Señal de José Manuel Arango



Para Juan José Hoyos

Una señal una flecha tosca un pedazo de tabla clavada en un palo
Se encuentra al borde de la carretera veredal que se anuda al riñón de la montaña

Antes indicaba el camino
Ahora ?torcida? apunta al desfiladero

Yo que voy a pie que no tengo prisa
Debo acaso detenerme y enderezarla
Es asunto mío será útil a alguno
Tal vez



Poema Sonámbulos de José Manuel Arango



Te hablo y mis palabras
se rompen en el borde de tu sueño,
se entretejen con él,
se mudan.

Me das la mano
y no recibo tu mano en mi sueño,
porque allí no penetra tu mano
que se hace otra para ser mía.

Alguien dice algo según su sueño
y alguien otro lo oye desde el suyo.
Alguien entrega algo a algún otro
y este otro recibe otro algo.

Si me contaras tu secreto
no lo comprendería.
Paso mi palma delante de tus ojos
y no me reconoces.



Poema Regreso de José Manuel Arango



Para Gloria

1

Otra vez, esta noche,
sentados a la mesa,
a la larga y angosta mesa de pino
de la cocina.
En torno,
dos lugares vacíos.

Afuera, el viento
amontonó las hojas secas
contra el umbral.
Y otra vez,
hasta el corredor que da al campo,
llegó en la oscuridad el aroma
de las flores del limonero.

2

Mientras la sopa servida humea
y la conversación, un momento agotada,
no se reinicia,
mientras vuelvo a sentir en el tobillo
el hocico helado del perro,
me demoro en las lentas maneras del hermano
reconocido con sorpresa en un gesto.

3

Volver a la casa,
como el que vuelve, ya viejo, a una mujer.

4

También el rostro del hermano
es como el de quien vuelve de algún camino,
las hirsutas pestañas
blancas de polvo.

Ahora, en su tranquila madurez,
un ademán de pronto,
un matiz de la voz,
un treno de la risa
traicionan en él al padre.

5

Después es el temor de tenderse en el lecho
en el que aquella noche
vimos agonizar a nuestro padre,
el oscuro temor de calzar en la horma
de su muerte.



Poema Agua(jose Manuel Arango) de José Manuel Arango



Después pusieron al ahogado en la arena,
de espalda sobre la arena blanca,
de cara al cielo.

Apretaba el puño cerrado,
como si trajera del agua
algo: una concha, un hueso
de pez?

La boca comenzaba a desleírse
en una mueca
y tenía lodo en los dientes,
en el cabello endurecido.

Lodo en las uñas:
había manoteado en el lodo.





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