poemas vida obra jeannette lozano




Poema Sustancia Del Cáliz de Jeannette Lozano



Se rompe en tu regazo la nervadura del sueño,
la noche te cerca, se hunde,
te da, mujer, la tierra.

Hay una ausencia, un hilo gris,
se han borrado los azules,
las aves han partido y la lluvia
ha extraviado las ovejas.
A salvo queda una
(vi cómo se apartó del rebaño,
cómo fue asediada,
la miré desangrarse,
y me encontré en el surco de sus ojos).

Sauces, cirros, cántaros
para la luz de la inocencia.

*

En la visión de los primeros años
el vino se derrama,
la niña sujeta las flores,
ofrenda su canto: estrella
que al vacío es alimento,
rosa perdida en tierra,
abandonada,
casi quieta.

*

La voluntad
cierra sus puertas
y no hay quien diga
manos de tierra,
ojos de tierra
floreciendo.
Pupila,
este negror de mármol
es ave
internándose en la espesura.
Es otoño en tus manos, grieta.
Inclinada permaneces
donde las bestias bebieron.
Nada que cambiar.
Entero el germen sellará tu silueta
que desde los escombros asciende.

*

Como una sombra
en ruinas
te busco
mas te alejas
en un carro de fuego.
Si me acercara
al espejo
llegaría la tiniebla,
su monólogo
hiriente.

*

Vuelve,
dolor desnudo,
a mi desnudez.

Fondo de ancestrales auras,
la impronta de tu imagen
en esta habitación
no alcanzo,
todo huye al roce.

Adéntrame en el llanto:
que ruede como lenta lluvia descendida.

*

Tu rostro por velas alumbrado,
la bruma de tus labios
y el casi transparente cuerpo
al fondo
de raíces desgarradas.
*
Un último perfume
junto al árbol.

Por la mañana
el viento repite su viaje.

Arde en mí tu ausencia.

*

El peine, las horquillas, las fíbulas de marfil
en el armario.
Oh tristeza dulcísima.
Dulce variación en las distancias del alma.
Vago noche y día, te llamo
y no aconteces.

¿Dormirás ahora?

El rasgado cielo
deja caer sus agapantos.

¿Dormirás entera?

Muestra la tierra, la miel del viento,
el refulgente ojo que me aguarda.

*

Dame la miel humedecida,
desea mis palabras,
aduéñate, salmodia de la lluvia,

de mí.

*

Árbol
tu cuerpo
en el descenso

Quietud
es ola siempre.

Húmeda hierba
mi necesidad
cegará.

*

Flor abierta
en fino hielo,
la sustancia
del cáliz
en altares de niebla
es luz de faro sobre el risco,
entre ruinas asoma,
reabre
lo oscuro.



Poema Sobre La Fronda Y La Medida de Jeannette Lozano



Cada nombre encierra una discordia
en la raíz, sed
que hunde y alza nuestros pensamientos
hacia lo blanco de los nardos.

A veces nos preguntamos si el paisaje
entrega su fronda para resguardar
o para hacernos avanzar hacia el color
de la inmersión.
(Lo supo Monet, también Magritte.)

Espejeante como estrellas la verdad
es noche en la que nos hundimos
sin saber
si la podremos atravesar.

La luz es en sí misma ausencia de luz.

Y no hay camino que lleve sin tropiezo al punto.
Las palabras, como las notas, encierran
una cierta oscuridad: acomodos de un resplandor
buscando abrirse paso

junto al compás de amontonadas violetas.

(Poema inédito proporcionado por la autora)



Poema Signos de Jeannette Lozano



De las piedras profundas
un agua cristalina
refleja el oro y el bronce,
la cara del buey,
las puertas y los nardos
que tu partida
deshacía.

*

Quiero acariciar tus cabellos cansados,
agitar el légamo,
adentrarme en el germen
intocado de tu nostalgia
y ser casi muerta
en la agonía
desde siempre,
a la orilla del miedo,
de ti faltando
amor.

*

De noche
distante
te pierdes,

vertical y distante
te apagas,

te desvaneces.

*

Me alejé, recogí las cerezas, la miel,
la perdiz que guardo
para ti.
Para ti florece la blancura
sobre la colina de Ishtar.

Ven, quiero ver tu cuerpo
en la fosa fresca que besaré.
Los años, luz tenue de estanque,
son apenas duración.

Bésame, tu bendición
es destino poblado de pájaros.

*

Duele saber
que el astro
vuelve:
raíz
entre piedras,
hojas
desgajadas
del invierno.

*

Pero los pájaros ya estaban en tu cara
y un río de siete lenguas
era tu árbol florecido.
Por esta tierra desataste el sueño
y el alba dejó escapar
fulgor de lumbre.

Color de áurea intensidad
el cielo es.

*

No, no moriste del todo.
El pasado
con todos tus sentidos,
con todos sus escombros
es bajo la piedra
oscuridad que cubre tus manos yertas.

Amorosamente en el lento río,
morosamente en el mar del amor, muerta.

*

En el agua
te buscaré:
aquellos días
espejos
mi voz
derrama.

*

De las entrañas brotan
las aguas dulces,
las sombras vegetales,
la sustancia de amor

que los dioses aguardan.

*

El atardecer
derrama
su balbucear
en el bastón del ciego:
conduce
a lo sin rostro.

*

No había voz
ni brasa que me elevara,
mi seno al miedo cada noche,
al desamor mi sed.

Breve es el amor
y largo el camino
que lo cultiva.

*

Mis ojos aprendieron a ver fijamente las piedras,
la noche y la mirada de la madre,
sus palabras extrañas.
Aprendieron a ver sin mirar
en lo que permanece.

*

En la tarde de su descenso
los vados filtran las hojas,
la niebla se desparrama,
mi madre se deja asir.

*

El viento
sopla
piedad
por un último hálito.

*

Sino,
rastro,
la cauda
de su lamento
arde,
eleva
su densa permanencia.



Poema Signo de Jeannette Lozano



No más tu piel,
ni piedra de templo,
ni grano que germina.
Nunca mármol tallado,
ni lápida de héroe;
sólo mosca en el ojo del asno,
ojo del tiempo,
vida en el cielo trazada.



Poema Rota Espuma de Jeannette Lozano



Una tierra devota, madre,
un vientre para la miel de lo perdido,
tierra de todos
en el insbrik, cobre esbelto donde la espuma
multiplicaba tu rostro.
Busco la duración y no aparece.
Veo desplegarse la oscuridad
labrada
desde un brillo solitario.

Surgen en mi incertidumbre
muertas, un puñado de hojas grises.

Las formas ceden a lo inmóvil:
humo obstinado en engarzar
las perlas.

Sangra en el vidrio, astillada,
la claridad.

*

Por una brizna
aposté mi palabra.
Lanza fue
la imagen de su luz.

*

Ráfagas,
hojas

y el blanco templo
de muros que se esfuman.

La memoria de los sueños
son rosas que te salvan,
noticias que traen los pájaros cuando es preciso
despertar sobre la rota espuma,
mirándonos, como en una alegoría.

*

Se incendia la ciudad
día y noche,
es el sueño del creador.

Nacemos por otros ojos
en la cólera del invierno.

Se abren en el pecho
las vencidas crujías.

*

En medio de la tormenta
latidos
y esa nostalgia que al cauce de las aguas avanza.

De Akkad a Sumeria espíritus
de su esfera desprendida
llevan su sangre al río.

Entre el rumor de las sombras
miran
al ave de la lluvia

caer
sobre la lápida.

*

La melancolía es destino
diciéndonos lo que no somos:
un huerto tejido de sombras,
la cicatriz de la tarde,
el rostro que lucha por saber quién fue.

En el portal
los pájaros recuerdan
el viaje
-y sin embargo-

temo perder lo que de ti queda cuando te vas.

*

Borrar quiso los límites, el puente.
Luna de sangre
que el corazón escucha.

Bajo el agua
hundiéndose el linaje de su luz.

*

De melancolía
e invierno
redes vacías,
oscuridad que somos.

El viento deja de soplar
en esta noche de puerto.

*

La nieve o el halcón
entregan su silencio
a la rama desnuda.

*

Sobre el agua
destellos de flor,
y no estabas.
Nada es para sí.
Tus manos
en el marfil de Har
saben a estío.

*

Eras trigo al aire sosegado,
linterna que alumbraba mi cuerpo,
huella caudal de mis sentidos.

Tu palabra ave para mi sendero.

Mas ahora te desvaneces
y mi corazón sufre.

*

He de llorar
a mitad del río,
a mitad del puente
el fuego del amor.
Es la pregunta de la carne,
alas y caricias
de lumbre hasta los huesos, he
de llorar.

*

Nunca dicha es la llaga.



Poema Raíz de Jeannette Lozano



El viento
desmoronaba el barro,
vértigo, dolor era ese viento
en su descenso:
el encuentro
con la primera voz:
la muerte.

El muro de raíz sedienta
rasga cielos
de aquella hora.

De nuevo brotarán
salmos
palabras destejiendo
sobre el espejo.

*

Apenas el agua circundó la tierra
en su centro
se abrieron cavidades:
el viento devoró las copas de los cedros,
los nidos, el rostro de aquella voz.

Creer, crear la oración
que nombre su presencia,
el misterio
de su alma desprendida.

*

Todo era tiniebla
(de raíz),
arteria
dilatada
cuando el viento
derrumbó la cúpula.

En vano
la tierra hunde
su perpetuo nacer.

*

Cielo esta boca, hojas
la orilla,
el río congelado
y la tierra del recuerdo
evaporando
su fragmento de piel.

Mi ser,
mi ser errante,
mi ser,
miseria entrando,
mi ser
silueta.

Lo que no fui, siendo
afina su sombra.

Ceguera: ahí estarás.

*

Hay regiones que son sílabas de sombras.

*

Desde lo hondo
al viento
la dispersa ruina.

Morir, morir dentro
del árbol
al aire y lumbre
florecido.
*
Hija del hambre,
tus pasos segará
la pétrea luna.

*

Voces, voces distantes,
espejos,
palabras piedra:
Todo antes de la noche.

*

Descarnada belleza,
de ti
busco salvarme.

*

Hay una luz
en su aliento
de árbol,
pájaros
de aquella tarde
en fuego revestida
sobre los huertos.
Luz
el aliento del árbol.
Pájaros,
hombres,
en esa estancia herida.

*

Amar la luz
de aquella nube de ceniza,
los once túneles,
las huellas de las bestias,
caminos que entre las humaredas
caen del cielo.

Tierra dispersa de semilla,
guarda la salvación,
el silencio en la piedra,
la mirada del río en su sollozo.

Tierra dispersa de ceniza,
guarda la salvación,
ama la luz de aquella nube,
los límites,
el alba.

*

Bajo el manto de fuego
la luz emerge
de su cuerpo
-mundo, hora, hombre
casi muertos-
a la espera del comienzo.



Poema Mina 1004 de Jeannette Lozano



Arder, yo vi a mi abuela arder.
Agosto. Chihuahua, 1956. Ella ardió,
su fuera y su dentro, ardió en la calle Mina 1004.
Vi a mi padre envolverla en una sábana, el colchón ardía;
las cortinas, la alfombra, su vestido
ennegrecieron. Todo lo recogió.
?No hagan ruido, su madre está cansada?.
Lo vi salir de luto esa tarde de agosto con su corbata negra.
La recogió. Ceniza y llanto recogió.

El humo de la abuela en el zaguán, las tías
sorbiendo ásperos los grumos del café.

Había que borrar lo oscuro que dolía,
disolver la sal, el llanto,
abrazarse y sofocar el temblor del viaje.
Escuchar a Paul Anka y en la falta de pulso
rayar el disco de 45 revoluciones por minuto.

Por minutos vivía, por minutos ese
cansancio púrpura sobre las frondas de los álamos.
Pero luego, bajo el vidrio en el cedro
vi disolverse el rostro quemado bajo el humo.

Ella, mi madre, también ardió. En lágrimas su sonrisa apagada:
?Arréglame el pelo?, me dijo, ?déjame salir
a ver si ya está seca la ropa?.

Tuve miedo que sus pasos lentos no volvieran.
La tersura de la hoja la muerte carcomía,
el reseco peso de la hiedra se desprendía del muro,
y el florero en la cocina sin flores.

Encerrada en su cuarto, con su muerte, y yo
con el filtrarse el viento
que se llevaba el polvo de los sicomoros.

(Poema inédito proporcionado por la autora)



Poema Me Asomo A La Noche de Jeannette Lozano



I

Sombra muerta
el corazón del mar
entre giros de viento
hundiéndose al primer asomo. Muerta
la sombra.

II

Vacías barcazas, como si llevaran muertos,
se deslíen
borrosas. Las recuerdo
en las (transparentes) manos
que (aún) se buscan.

III

Brillo sobre ruinas
ignora el ojo
en el paisaje de blancas piedras.
Cosechamos
muerte
ante altares vacíos. Lamentamos después
la derramada ausencia, los pasos callados en la niebla o bosque
que vinimos a ser.

IV

Redondo el viento alza
algunas hojas, acicala
el pájaro su canto
en la (desgajada) rama, abandona la prisa
del álamo.

V

El nombre inventa la forma
y aún así no hay nada fijo. Transcurre
serena en su saber
el agua, arrastrada por sílabas dispersas:
música su silencio, desprendido.

VI

Contra el cielo las nubes se desangran.

VII

Y el pájaro
acicala su canto (ebrio)
en la desgajada rama,
la prisa lo abandona, entrega entero
el reflejo del olmo. Ya en la fuente
pregunta
si en el vuelo del canto
se alza
hacia un cielo mayor.

VIII

Cortado a la luz de la vela el diamante,
luz plana en el río,
desnudos nos deja.
Una es la huella,
húmeda semilla, te toco,
revientas en mí,
oh única indivisible mancha
que me impregnas.

IX
Caen (heridas) las hojas, su rojo
brillo
es la palabra
que mira la (naciente) cresta. Y más
que mirar
es el señalamiento (o dedo)
de Dios.

(Poemas inéditos proporcionados por la autora)



Poema Marzo 10, Ny de Jeannette Lozano



I

Silencio blanco, sin pájaros,
y los árboles al soplo (nubes)
del ritmo del paisaje.
Entre lo que surge y lo que se va,
nieve deslíe la roca. Y el sonido del viento:
voces inciertas que lejanas
hielan
nuestras dubitativas acciones.
Una leve señal (un disparo) involuntaria
se retira de la Idea.
Desliz hacia la nada en un desierto
(presiente ya el temblor).

II

Nuestras vidas se vuelven otras vidas,
inacabadas como brillo de cristal
inacabado, y recordamos
lo fresco del rocío,
ya hoja quebradiza.
¿Somos historia? No, la mancha
invisible de la historia somos, humo
de imposible transparencia,
pero también el agua entre los robles. Mientras
tanto
sorbemos de la taza el amargo café
en que nos detenemos, inclinados.

III

No historia, sino aliento en busca
de reverdecidas ramas.
Lloraste desleído el fulgor de esas ramas
y tuve miedo de en lo oscuro ver
con gélidos ojos de muñeca,
barca en lago sin agua, barca vacía.

De tus pupilas
vi nacer el mar, claridad inefable.
Años, túneles, torres electrificadas
recorrerías para encontrar mis manos.

IV

El miedo es encontrar, pues encontrar
es encontrar la propia semejanza.
Pero también dudar, alucinado,
no asimilar el sueño inexplicado.
Interpretar los sueños
todavía constituye nuestra peor pesadilla.
¿A quién representamos? ¿Qué parte del insecto encierra en sí el veneno?
Cada estación, como cada palabra,
trae su muerte –apenas alcanzada, remanso
de espaciadas violetas.
¿Y el logos, Heráclito, para qué quiero un logos?
Todo lo que busco es alojar la luz
en otra luz? Que juntas, justas, den Negro.

V

Difícil encontrar la otra parte del fuego.
No aguja en el pajar, ojo enhebrando.
De seda el hilo, suelto el hilván, entrar y salir
sin mancha
dejar
en la textura.
Fina Angelina se acercó cada día al temblor de la ceniza
extinguiéndose
en los pasillos de las altas mansiones.
Candiles sin brillo, mesa sin pan, deshilados manteles.
Costras de cera recordándonos…
Oigo los pasos de mi madre,
el miedo.

VI

Ciruelo reflejado en los cristales, otoño
cayendo, flacidez y deseo, contradicción
de la naturaleza a vendavales
volviendo a una primera imagen:
el chorro cayendo entre las piedras,
y el cachorro, su fuerte ternura, en la pradera
al borde de la floresta, la saliva
en la lengua de la leona, los círculos de fuego
en sus ojos. Ay, existir siempre a destiempo.

VII

Sílabas con aroma de jazmín, tiestos cansados
y gastados cimientos, sentimientos
que revivimos sin conseguir acomodar
en relación con qué casas deshabitadas.
A las cinco el silencio del sacrificio
y la luz sobre el gallo, campanadas
sobre el húmedo pasto, insectos en las hojas
y el grito de las urracas. Ecos
de Dios, ¿de Su palabra? Morimos
muy abajo del cielo, ancestral
distancia que nos hunde
en la primera y única raíz: amanecer, sonidos.
Cielo de espejo, tierra de sepulcro.
No hay conclusión, no hay final. Hilo
y textura,
la luz del fruto, fría, dentro de mí.

VIII

Mejor ceder al resplandor
del horizonte, irrefutable.
Sueño de Dios la vida, no en paz los dioses
que inventaron la guerra y la palabra, legado de los muertos.
El fuego nombra. Con él hablamos
acerca de la luz, hablamos, con él, luz.
El compartir engendra el primer rayo
de sol, como el que veo caer sobre el marrón plumaje
del gallo (negación).
Hablar de Dios, hundirse
en la incertidumbre.

IX

¿Medir nuestros sentires? ¿Cómo?
No hay medida para el miedo del alma.
Veces hay en invierno en que el secor aún arde.
Yo vi la luz en él, arreciando.
Frías sus manos
hablaban de lo irreversible.
El colibrí se nutre de la flor,
pero nosotros sólo de deseos.
En silencio miramos blanco el cielo
y ocasional un vuelo
dispersa lo violeta del paisaje,
para un sol que de golpe húndese
sin saber que ya antes ascendía.

X

De raíces nos habla esta luz
cuyo ser se pierde
en el frío corazón del agua.
Oigo y no oigo, entro sin entrar
a la serenidad
del mar tendido
hacia el silencio o risco de la noche.
Sombra la luna de agosto,
vuelo de un ave,
todo acercándose. Realidad que no alcanzan
nuestras vidas.

Nueva York, 2000

(Poemas inéditos proporcionados por la autora)



Poema Fruto Somos de Jeannette Lozano



Van los hombres y las cosas
hacia la estancia primera.
La travesía es la voz.
Del monzón de arenas
emerge lo olvidado,
el polvo se levanta
en pequeños círculos.
Van a la entrada
del silencio.
A lo largo
la quietud,
la sagrada quietud
del sueño que los sueña.

*

Los alminares ciegan de resplandor
pero Brueghel encuentra la puerta de Dios.
Almagre de guijarros, limo y olvido.
Entre la visión del Paraíso y el santuario
los leones azules buscan el agua en el lecho del amor.
En esa agua los cimientos,
en su manto de fuego
resonancias,
melodías de otra lengua.

*

Tú curas la ceguera
en aguas del Lagash
y el corazón
es noche
configurando el sueño.

Buscas perdón
y la palabra río
abre hasta el fondo la voz:

Aún escucho su inmensidad.

*

En tus ojos
la historia desgarrada,
las luchas, los animales fieros.
Busco salvarte:
No persevere el enemigo oculto,
no sea su sangre en tu vasija.
Rostro sin velo,
cuanto has temido
cada tarde
regresa
mientras das sorbos en la demitasse.

*

Una flecha en el barro con la inscripción ti
alumbra (?enliti? es palabra) a los elegidos
bajo el reinado del león.
Los dioses resguardan Tell Brak
cuando el oscuro jadeo del viento.

Mi cuerpo es ramas
y el cielo
insostenibles portones borrosos.

*

Penumbra en el alabastro,
montes de limo bajo las frondas,
maderos de cedro
y tú,
espejeante entre las dunas.

Ciega a tu destino
de la mano vas
hacia el abismo del conocimiento.

*

El oro de las nubes se desliza
en la espesura
de tu paso, paquidermo, por Siam.
Piedras preciosas ornan tu cabeza,
accedo al árbol de purpúreas hojas
que me hablan de aquella luna
sobre tu piel. En tu trompa
ramas
recién arrancadas
son cielos de plegaria.

La memoria es presencia,
fruto de lo vivido,
en equilibrio avanza, vidente,
hacia el verdor.

*

Más allá de tu piel, más
hondo que tus huesos,
el dolor, el dolor.

Boca de este canto,
espejo eres.



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