poemas vida obra italo lopez vallecillos




Poema Ars Vivendi de Italo López Vallecillos



I

Hay que destruirse. Incendiarse. Romper con los recuerdos.
Asaltar el crepúsculo. Robar la rosa extraña del jardín.
Vivir en la violencia y no en el gris. Convertir
el tiempo en pasión, hiedra sutil devoradora.
No huir jamás de la mujer ni de la poesía,
difíciles, pero reconfortantes.

II

Sea densa la palabra: piedra
sobre la que se puede edificar, no arena
para la flor inútil. Dócil muerte, al acecho.
Látigo sobre el silencio. Doncella infiel
en primavera. Vino para la noche ciega. Ventisca
y fuego en el hogar. Leve luz sobre la letra impresa.
Idea que penetra más allá del ojo, y se establece
en el aire y en la rima. Verso desnudo, dolido de soledad.

Sé ladrón de atardeceres. Guárdate las lluvias finas.
Y en ocasión, espléndido, regala tu ternura. Destrúyete.
Incéndiate. Vive la hora sin remordimiento.
Nada te turbe. Nada, digo, sino la hondura de vivir,
de amar, de estarse como cielo herido,
a la ventura y en la certeza de ser sólo
la llama ciega, el claro acierto del peligro,
la vida sin temor a la Nada.
Barco apenas desplegado en el mar.



Poema Y Voy Y Vengo Incierto de Italo López Vallecillos



Me pregunto si nada ha cambiado,
si no hubo antes pájaros,
estrellas,
vientos y lluvias, nieves que fueran
blanco preludio de la infancia.

Me pregunto si las estaciones y los hombres
han sido siempre iguales, mudables
como la llama del espejo, violentos
como el dulce amanecer.

Me pregunto si no hubo antes una inocencia
como la que he conocido ahora,
ahora que has sido mía, y se han roto los milagros
y está desnudo el ritmo. Y la canción volcó su propio acento.
Ahora que el instinto halló su propia brida
y no ha quedado camino sin descubrir.
Ahora que somos tú y yo, nada más. Los dos sin ayer,
presencia de hoy, casi mañana.
Me pregunto si todo ha sido siempre así.
Desde Adán, desde Eva. O desde antes que ellos cayeran
en ese abismo, sin principio ni fin.

Me pregunto y no encuentro respuesta.
Nadie sabe
qué es el pájaro, qué es la estrella
qué es el viento, qué es la lluvia. Qué es la nieve.
Las estaciones ¿Qué son?
¿Qué es el hombre? Tampoco nadie sabe.
Tal vez por eso pregunto y voy y vengo incierto.
Y ando de misterio en misterio,
de color en color, de símbolo en símbolo, de sombra en sombra.
Y todo es una extraña melodía en esta selva
en la que estoy definitivamente perdido.



Poema Tiempo De Recorrer Caminos de Italo López Vallecillos



I

Vamos, amor, a recorrer caminos,
el tiempo rompe afuera sus relojes.
Todo es propicio para iniciar el viaje.
Ven, no temas.
Tuyo es el día y mía es la noche.
Tenemos junto a nosotros a los hijos, la cosecha mayor.
Y mi corazón, jamás ha sentido como ahora este llamado.
Vamos, amor, sube hasta las escaleras del sueño.
Desciende luz primera sobre las flores del verano.
Camina sobre las antiguas palabras, esas que guardo
entre los libros, siempre a la espera del poema
que no logró terminar. Camina, amor, sobre nubes
y ciudades. Para nosotros no hay horizonte. Todo es cielo
o mar. El fuego que llevamos dentro.

II

Vamos. Nos espera la tarde y sus vientos amarillos.
Es nuestro el canto. Y en torno de las cosas, la luz se ha vuelto
pajarera. Todo es terso como hoja recién lavada por la lluvia.
Tengo en mis manos las llaves de la infancia.
Oigo al padre que viene por el largo corredor.
Los hermanos corren por el patio,
sueltos venados de una fábula casi perdida en la memoria.
Madre no está. Nunca estuvo, excepto aquella noche
en que tuve fiebre y caí en cama y llegó el médico del pueblo
y me devolvieron a la vida los rezos de un viejo pastor.
Esa vez si vi a madre entre los cristales de un sueño.
Nunca hablé de ello a nadie. Madre estuvo junto a mí
y se hizo el milagro de todos los días. Tomé a los pájaros,
a los árboles y a los ríos.
Basta de recordar. Aún es tiempo de recorrer caminos.

III

Vamos, amor. La vida es nuestra. Aprendamos un poco
de la hormiga. Sintamos la terquedad del viento.
Somos ala, corazón de la nieve, lluvia que lava
el ojo entristecido. Vamos, sandalia,
tuyos son los pasos. Camina. Deja tus huellas
en bosque, ciudades como viejos museos, trenes,
buses, hoteles, calles y bulevares. En todo sitio
siembra tu amor, roba privilegios al tiempo, destrúyete
en ti mismo. Has prevalecer tus lámparas de asombro.
Sueña, amor, sueña.
Y al vivir así, intensa, di al caminante
?aún es tiempo de recorrer caminos?.



Poema Puro Asombro de Italo López Vallecillos



Las mariposas rondan el espejo.
Tiembla el corazón, tan solitario.
En el jardín cercano
el perfume rompe distraídamente sus veleros.
El aire tiene perfiles raros. La sombra es casi aroma.
Y en toda la casa el silencio impone sus brevedades de oro.
Dentro de mí hay claridad, verano, puro asombro.
Y, claro, tiempo detenido: espuma
Que nadie puede aprisionar, gotas de un vivir vivido, irreparable.
Todo vibra: las casas, las paredes, las puertas,
las mesas, las sillas, las ventanas. Los libros tan habladores,
el techo y el piso tan francos, todo vibra.
En reposo estoy. Miro hacia la calle. Veo las nubes vagabundas.
Recorro el día. Y me paso a esperar la noche
con los anillos del enamorado. Pienso en ella
y pienso en el mar. Pienso en el mar y estoy, de pronto,
perdido en su espuma. ¡Oh soledad sin término!
pequeña isla de pensamiento. Día claro y quieto,
de puro asombro.



Poema Mientras Me Llevan Esposado de Italo López Vallecillos



I

Vino un hombre
y me llevó del brazo,
a la fuerza,
esposado.
Me enseñó una tarjeta,
un revólver
y su alma.
Me enseñó sus ojos
y me pidió disculpas.
Dijo que cumplía ?órdenes?.
Me habló de su mujer
y sus pequeños hijos.
En medio de la pena
pronunció estas palabras:
?perdone,
se tiene que vivir?.
Vi las últimas llamas de la tarde
y me metí en la noche,
con miedo.

II

Es fría la cárcel. Y dura
y cruel. Y pesa como una lágrima.

Surgen en ella de súbito los caminos,
los besos inconclusos,
la noche y el silencio.
Todo se agolpa en la memoria:
los geranios,
la madre, la esposa,
la lluvia,
los espejos, las corbatas,
los hijos a la puerta de la casa.
Todo se viene de golpe
a la memoria. Y hace falta
una caricia,
una almohada,
una palabra sencilla,
un poco de amor.
Una navaja
diminuta con que cortar
poco a poco los sentidos.
Esto es: no ser el ser que somos,
sino su potencia y su acción,
su llama y su protesta. Ser pájaro,
nube,
sueño, proyecto,
semilla y árbol.

III

La cárcel duele en el alma:
tiene como ella rincones dolorosos;
paredes manchadas,
sucias invocaciones.
En lo más alto y en lo más bajo
de su miseria,
cuando la ve se ha extraviado
y la paz se nos niega,
y el pan no tiene esa delicada presencia
del trigo y de los ángeles,
cuando volvemos a ser lo que hubimos deseado
ser siempre,
entonces, la cárcel se abre,
se rompen sus ataduras,
y ya no estamos solos, sino alegres
y puros, y claros, y abiertos.

IV

Uno tiene que encontrar su destino.
En alguna parte,
en algún mes,
en alguna noche,
en alguna palabra uno tiene que encontrar
su destino.
Yo hallé el mío,
el que me hace feliz, el que me hace bueno,
el que me quita de un golpe
todas las esquivaciones;
el que me aclara y declara,
el dulce, duro, claro y oscuro
destino.
Ahora lo sé. Lo siento mientras
escribo este poema
y dejo atrás la cárcel. Y dejo atrás
la lluvia,
y la Patria, y la noche,
que también se quedan atrás
mientras me llevan esposado,
amarrado, digo,
a cumplir mi amargo y universal
destino.



Poema Corazón, Te Pareces A Las Grandes Ciudades de Italo López Vallecillos



Corazón,
te pareces a las grandes ciudades.
En ti viven hombres soberbios y terribles.
Sobre tus altas torres de silencio
dejan su protesta.

Nada les detiene. A veces huyen a sus habitaciones
y se esconden de la noche.
Acaso tiemblan
su miedo, su hambre o su miseria.
Surgen violentos y desgarran el día.
Caminan por calles amplias
y se paran a ver las vitrinas. Compran
un anillo, una flor, un libro y lo llevan a la novia.

Esperan. Yo no sé qué esperan.
Van de casa en casa, de palabra en palabra.

Matan el tiempo. Les divierte
el cine y abrazan a la multitud cuando el ?the end?
pone sus puntos suspensivos.

Están ahí, lo saben. Van a la oficina,
miden su odio, pesan su amor, escriben su tedio
y esperan.

Sonríen, claro. Sonríen. A ratos
?hay que decirlo?
son felices: reciben una carta
y el amor les llega por correo.

Inventan una canción y la silban por la calle.
Cuando alguien les descubre, la guardan,
la esconden entre las camisas nuevas.

No lloran. Miran caer la lluvia y les basta.
Mueren un día. No importa,
han muerto muchas veces. Alguien va al entierro,
deposita unas flores.
Un amigo dice una oración como quien
echa tierra al viento:
?era bueno?, ?ayer le vi?, ?hacía versos?
y se murió de solo.



Poema Ciego Afán de Italo López Vallecillos



I

Adiós digo al vecino,
al hermano,
al dios que me empuja,
al aire, a la tormenta.
Adiós a la muchacha que se quedó
perdida en mis poemas y nadie pudo
borrar, ni el tiempo, ni los viajes,
ni las lluvias. Y está en mí
a pesar de la oración que nunca
dije. Adiós a las corbatas,
a los zapatos viejos, heridos por el tiempo.
Adiós al traje aquél tan mío,
compañero de bodas,
bautizos y entierros. Adiós.

II

Me voy
hacia los ríos, pez
en busca de la luz.
Navegaré la bruma.
Dormiré en los helechos
como la forma de antigua canción.
Alrededor mío, sólo el recuerdo.
Ni libros, ni palabras ni voces
que me llamen. El agua nada más rodeándome,
dejándome nadar hasta la orilla
de mis propios sueños,
de mis propias venturas.
El ojo abierto, y en mis alas
acaso la prisa de llegar, de ir,
de venir y volver.
Toda la aventura del ciego afán
de amar, de estar aquí,
sin poder estar allá.



Poema Cancioncilla de Italo López Vallecillos



Qué clara paz interior
qué dulce y grata
la sombra del naranjo,
sus amarillos y sus pájaros,
todo tiene un aire provinciano.
Recuerdo la infancia,
el rezo,
el ángelus
de mi alma. Estoy así, tan íntimo y tan pleno,
que soy uno más del pueblo,
de este pueblecito apartado del mundo
donde todos los días
el cura repica las campanas,
el cartero reparte las cartas atrasadas,
y los músicos vienen a tocar,
a falta de otra cosa,
una cancioncilla,
tan íntima y tan plena
como el agua.





Políticas de Privacidad