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Poema Farsante de Flor Alba Uribe



¡Oh, deseado!
Cuánto amor profanado para hallarte,
cuánta fábula escrita sobre ruinas,
y el dolor clausurado en roca viva
para sellar tu fuga innumerable.

Pero fuiste
huella en el viento,
mediodía de tinieblas,
en el centro de la hoguera lodo y ceniza,
en la súplica del agua prólogo de fuego,
a la hora del dolor
medianoche de lobos.

Hasta que fui anulando tus escapes,
tus pasos hacia atrás,
tus negaciones,
levantando piedra a piedra la mazmorra
donde amurar la obsesión de tu vigilia.

Y ahora que,
total ya mi albedrío,
deshaces tu falacia de imposibles,
farsante de la hora qué poca cosa entregas:
desolación y hastío bajo ensayada máscara.
Tendrás que regresar a la nada, cuando eras
apenas bella fábula
y enigma de algún sueño.



Poema Deseo de Flor Alba Uribe



La noche
traficante de eróticas consignas.
Los amantes transcurren hacia el éxtasis.
Un almizcle ritual de miel salobre
impregna el aire y su fervor me ubica
en el puntual laberinto del deseo.

Servidumbre
de labios suplicantes,
obstinada ambición que discrimina
todo gesto vital que no aproxime
la hoguera de otra piel, y el denso musgo.

Qué mercenario puñal,
qué ultrasonido,
qué atroz felicidad, qué fiera subterránea
podrá desvertebrar esta codicia,
este monstruo de sedas y pezuñas,
lengua en acecho, famélica pantera
que desoye la hora del que sufre,
el paso de la furia y sus escombros,
la complicidad
del aire en los violines,
y absorta en mi delirio sólo imploro
un cuerpo de varón, elemental, desnudo
que exorcice mis lúbricos fantasmas
mientras preso en mi vientre muere y vive.



Poema Amantes de Flor Alba Uribe



Ascendente marea creciendo en lenta fiebre
los amantes se buscan y enlazan dulcemente,
como árboles que avanzan,
cumpliendo su destino de incendiada epidermis.
De pie son dos espadas que luchan tercamente
por distraer la muerte,
tendidos son dos ríos fluyendo hacia el instante
que anula la sellada consigna del olvido.

Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre,
su vida recobrada en húmedas batallas
y las pequeñas muertes en cada despedida.



Poema Una Mujer, Un Hombre de Flor Alba Uribe



Una mujer,
desnuda ante el espejo,
acaricia dulcemente su cintura,
la vital insurgencia de sus pechos,
la encendida penumbra de su sexo,
baja al río enlunado de sus muslos
y actualiza el edén su aroma claro.
Se sabe
para el hombre destinada.

Un hombre
se mira ante el espejo,
desnudo como un ángel se acaricia
-imagen que se mima en su reflejo-,
sus manos obedientes van soñando
el lento florecer de su estatura,
asedio memorioso, móvil fuego
fluyendo de los pies hasta la frente.
Se sabe
para la mujer predestinado.

Pero antes,
cuántos arcos triunfales por el suelo,
cuánta piedra hecha polvo en el mortero.



Poema Suicidio Del Amor de Flor Alba Uribe



Se suicidó el amor esta mañana
porque a la libertad la encarcelaron.
Pierde el amor su escudo y su gardenia
cuando la libertad no es su legado.

Desanduvo esquelas y fragancias,
la breve sinrazón de los suspiros,
crepúsculos y citas clandestinas,
la oferta propicia de los lechos
donde el placer derrumba su cascada.

Al sur como visillos la nostalgia,
al norte hubo un degüello de palomas,
por oriente nevó el sol sobre los montes,
al occidente hizo guiños la tristeza.
La música su ritmo ha silenciado
y en la boca de todos los amantes
el beso deambuló desorientado.

¿Y qué haréis, ahora, enamorados,
si murió el arquitecto de los sueños,
para qué vuestras torres y castillos
en azules comarcas levantados?
¿Qué destino daréis a la sonrisa,
que fue para el amor puente y divisa
y en tiernas lides su mejor soldado?

Y la víscera roja del costado,
que llaman corazón, forja de ensueños,
¿detendrá su palpitar desamparado?

Ojos para el deseo iluminados,
desnudos cuerpos, sazonada fruta,
roja vendimia y deleitosa culpa,
perderán su irrevocable postulado?

Se suicidó el amor, jazmín y hoguera.



Poema Presencia De La Tristeza de Flor Alba Uribe



Nos toma sin un porqué,
sin hora señalada,
sin un tímido ademán sobre la espalda;
franquea el instante su presencia advenediza,
pálida huésped
con su viudez de fiesta.

Y se asila en silencio,
fibra a fibra
se instala en nuestro lecho y nuestra mesa,
trasgrede todo muro, toda puerta
donde el alma se defiende
en pro y en contra.

¡Ah, tristeza!
¡Tristeza!
Parásita insaciable,
necrófaga voraz,
te nutres de pretérito, revuelcas viejas ruinas.
Exhumas, siempre exhumas
las desoladas momias
que celan y vigilan batallas y naufragios,
soberbios esqueletos
de fracasadas fugas.
Engulles los despojos, cadáveres de sueños.
una pena extraviada, un rencor que no te atañe.
Entonces
lloramos la certeza
de un río subterráneo
que crece entre los huesos
y mucho más adentro.
Y el río se vuelve mar, y el mar se torna eco
que repite honda tras honda
idéntico lamento.



Poema Poema Desolado de Flor Alba Uribe



Ya se que existen otras penas
con más pavura y más complejidad,
pero este es mi dolor y a él me aferro,
no pregunten por qué.

Hace tanto que olvidé mi cédula de arraigo,
extravié mi equipaje,
el principio de lo que no pude ser.

Hoy vigilo este dolor de medio tiempo,
esta alegría de fiesta equivocada,
este lamento que engendró la mascarada.

Esta pena mía, tan estricta y honda,
se adiestra en lo nocturno y allí azuza
cabal remordimiento, hora perdida,
y alimenta la mítica alimaña de mis miedos.



Poema Paisaje Con Mar de Flor Alba Uribe



Pardo lecho de arena,
playa inerte,
plural surtidor de toda raza,
cauce donde lo vital fluye y palpita.
La luz
divide el mundo
en hemisferios:
separa un duro azul bruñido luz arriba,
abajo el otro agita sus líquidos metales.
Lentas palmeras en el sopor creciendo,
el viento en cada giro las despierta
y son penumbra
sobre
las pieles húmedas.

El sol,
sensual hermanfrodita,
husmea los cuerpos tan mansos e indolentes,
hornea la oscura cosecha entre los muslos,
penetra cada pliegue, lento asedio,
y los cuerpos se entreabren
como frutos.

El mar,
ensalmador de
sueños y de viajes,
va por la playa con la lengua de sus olas,
lame un vientre, un labio, un pezón de plácida
escarlata,
una barba de miel, la fina espada
y el sellado pubis
de un muchacho.

Múltiple
lengua de mar,
tibia saliva
que deja en largos besos salitrosos
lodo continental, residuos cósmicos,
itinerante resaca de los barcos,
la baba seminal de los mariscos
y el llanto liminar de
los ahogados.

Los cuerpos,
desalojados del ensueño,
van hacia el mar, patria de la nostalgia,
buscando su raíz de oscura ciencia,
cordón umbilical de la inocencia,
forma que vuelve al agua,
agua que la rescata.



Poema Nostalgia de Flor Alba Uribe



Regresa un viejo aroma y soy de nuevo
la niña solitaria y su paisaje:
los árboles,
riberas cenagosas,
y el río que traslada sus aguas sin premura.

La casa inagotable mimando aquel fantasma
materno, y nunca su presencia.
El ángel tutelar,
una canción antigua
cavando miel a miel en los futuros años.
Edad en transparencia, tiempo del fabulario
sazonando los frutos
de párvula cosecha,
el cielo se volcaba en la selva de noche
y convertía en hormigas las estrellas fugaces.

Un clima adolescente va trasegando el canto,
qué fácil la quimera,
la dicha qué improbable.
Crecer es ir rodando hasta el último acento
para cegar las lámparas
que encendió el fabulario.
Imperfecta costumbre de bordear el abismo
eludiendo el hechizo de su oscura llamada.



Poema Narciso de Flor Alba Uribe



¡Te dije que te amaba!
Mi grito pasional cubrió la tierra
y escaló galaxia tras galaxia
para trizar tu impavidez remota.
Pero tú, inalienable,
auscultabas el eco de tus pasos.

¡Te dije que sufría!
Oprobioso el dolor, mi fe precaria,
te mostré sin pudor mis ataduras,
mi crujiente avidez siempre burlada.
Pero tú, insobornable,
recreabas tu cuerpo en el verano.

¡Te dije que lloraba!
La salobre marea de mis lágrimas
fue sitiando implacable tu existencia
embargando tus diques y murallas.
pero tú, impenetrable,
perseguías tu sombra en los espejos.

¡Te dije que te odiaba!
Tu estéril vanidad y tu indolencia
lanzaron sus brigadas pordioseras
a mendigar lo que antes despreciabas.
Pero yo, inexorable,
desdeñé tus espléndidos escombros.



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