poemas vida obra elena soto garcia




Poema Eufemismo de Elena Soto García



Es tan terrible decir que te he olvidado
que digo que tengo algodón en la memoria,
para que creas al menos que tu recuerdo me es grato.
Pero nada hay que me lleve a evocarte,
ni el dolor, ni la dicha,
nada.
Rectifico,
me mueve el afán por encontrar un pretexto,
el afán por escribir sobre la palabra eufemismo.
Terrible paradoja
tener que recordarte
para decir amable
que sólo eres algodón en mi memoria.



Poema Siempre Vuelves de Elena Soto García



Naciste en el mes de las lluvias
en el mes en el que nacen las encantadoras de gusanos de seda
por eso hablas en secreto con la flor de los manzanos y tejes
mientras unes la savia del salmón y los rosales.

Naciste en el mes en que regresan las aves
en el mes en el que nacen los seres con las manos de pato
por eso cuando quieres buscarme te orientas en el cielo
te dejas llevar por vientos favorables
y vuelas.

Naciste en el mes en que se deshojan los destinos
en el mes en el que los salmones abandonan los mares,
por eso tiñes peces con pétalos de rosa.
Y emigras…
y siempre vuelves.



Poema Métrica Del Mar Cuando Se Adentra (mare Infunditur) de Elena Soto García



Amor, sé que me adentro,
y que nunca debiste quitarte las aristas.
Curvaste el alma,
te hiciste bahía,
ofrendaste la arena de tus playas.
Y el mar es cruel,
disuelve lo que toca,
golpea, brama,
devolviendo a la tierra lo que no le pertenece,
pero también es profundo y se adentra,
fundiendo a quien como tú no opone resistencia.
Amor nunca debiste quitarte las aristas.



Poema Métrica Del Encantamiento, La Predicción, El Conjuro (para Que Mis Pasos Y Tus Pasos…) de Elena Soto García



He recogido el polvo de tus pasos,
y lo he puesto en un cesto de mimbre sobre el agua,
lo he esparcido en el viento,
lo he arojado en la hoguera,
para que mis pasos y tus pasos se encuentren tras la lluvia,
y llames a mi puerta,
y busques el fuego de mi casa
cuando azote tu rostro el crudo viento del norte.



Poema Métrica De Un Naufragio Simbólico (el Naufragio De La Niña De Tu Ojo Derecho) de Elena Soto García



La niña de tu ojo derecho ha perdido la infancia,
y todas las imágenes que ha visto se sumergen en llanuras abisales,
el océano reclama a la niña de tu ojo derecho,
y la hunde en su seno,
diligente le quita las sandalias,
quiere el agua que las huellas dejadas en la arena sean leves,
que se borre de la tierra cualquier reflejo que hable de su paso.
Por eso la marea arrebata a la costa los restos de su sombra,
y entrega al horizonte los colores que ha visto.
Mezcla el océano olvido con arena,
y escupe en la niña de tu ojos derecho con la saliva sagrada de los náufragos.
Un blanco duelo de espuma la llama por su nombre de sombra,
por un instante le hierve la memoria,
sal, algas, horizonte y arena,
tu niña se pierde entre jirones,
el abismo le arrebata la infancia y las sandalias.



Poema Métrica De La Sumisión (a La Sombra De La Barba Del Patriarca) de Elena Soto García



La barba del patriarca se extiende hasta donde llegan tus cabellos,
no la ves,
porque es invisible a los ojos de las hembras,
ni las perras, ni las zorras ni tú mujer la veis.
La barba de patriarca da más sombra a tu sombra,
pero no te cobija en los días ardientes del verano,
y en la estación fría no deja que la luz derrita la escarcha de la noche.
La barba del patriarca te estrangula la voz,
te tatua en la espalda la cruz o el sello de Salomón
¿Nunca te explicaron los sabios por qué no puedes ser sabia?
Sólo te dicen que la sumisión es grata a los ojos del Padre,
y que el conocimiento envenena la sangre,
que ni hijos ni dulces son buenos cuando una mujer descubre los enigmas,
pues su estirpe procede de la astuta serpiente.
La barba del patriarca se extiende y da ritmo a tus ciclos,
ni las burras, ni las camellas ni tú mujer la veis.
Desterrada en tu cuerpo, blanqueadas tus dudas con la cal de los fariseos,
sólo sabes que parirás pronto y mal,
o tarde y a destiempo,
mientras el sol sigue su curso.

Conoces el desprecio, sabes que nunca serás ungida,
mira fijamente los ojos del cordero
y verás en ellos la sal a punto de ser agua,
la hoguera o el ara.
antaño cortejaste con la bestia,
y debes entregar a las barbas del patriarca la cabeza,
arrancar del corazón conocimiento y rebeldía,
parir vástagos, vestirlos con sudario
y abandonarlos en las puertas del reino de los cielos,
en las puertas del paraíso del profeta,
en las puertas de la tierra prometida,
en las puertas…
porque tú nunca cruzarás el umbral,
dicen que la sabiduría es invisible a los ojos de las hembras,
y ni la serpiente, ni la zorra ni tú mujer la veis.





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